Pone a bailar Celso Piña con su cumbia a los asistentes al Sentimientos de la Nación
Rosendo Betancourt Radilla
Chilpancingo
El acordeón, la batería, los timbales, el bajo y la guitarra se apoderaron este viernes del auditorio Sentimientos de la Nación y unas mil personas bailaron al ritmo de la cumbia colombiana, la cumbia rebelde, la cumbia poder de Celso Piña.
La preparación tras bastidores del artista regiomontano para que su presentación llene de energía a los asistentes es simple: una charla de intercambio de albures con su grupo y unos tragos de tequila con algunas gotas de limón.
La preparación del equipo técnico la toma con más seriedad, dos horas antes del espectáculo hace pruebas de sonido y durante todo el concierto pide que suban o bajen el volumen de los instrumentos de acuerdo a lo que va improvisando en el escenario.
En el camerino ofrece una entrevista en la que dice que lo único que él, como artista, puede hacer para contrarrestar el clima de violencia es, recomendarles a los jóvenes que no se inmiscuyan con el crimen organizado.
Ante la pregunta dice que no votó porque andaba de gira, pero considera que Enrique Peña Nieto fue una buena opción ya que es quien cuenta con el triunfo por el mayor número de votos y “tenemos la confianza de que este chavo (Enrique Peña Nieto) este señor, haga algo, más que nada que haga algo por lo que estamos pasando todo México, tiene un compromiso con México, muy grande y muy fuerte, nosotros tenemos mucha fe en que lo arregle, porque esto no estaba así”.
El público de Chilpancingo resistió dos canciones aplaudiendo desde su lugar, cuando entonó la Cumbia sobre el río, reventó un grito al unísono y cual resortes todos asistentes se pararon de sus asientos y se pusieron a bailar.
A Celso Piña apenas se le veían los dedos por la velocidad con que tocaba el acordeón y con los ojos cerrados abría y cerraba el instrumento que hacía vibrar al auditorio mientras cantaba Suena y emociona, nuestra acordeón, a que se menea, a que se menea.
En el auditorio no se llenaba la parte preferencial, pero con la música y el baile las personas de las partes de arriba comenzaron a bajarse y se apropiaron de los pasillos y escalones, los que transformaron en pista de baile.
Celso Piña improvisó durante una hora 40 minutos que duró el concierto, se despojó de su camisa y la regaló a una pareja de bailadores, se albureó todo el tiempo con sus músicos y compartió con el público.
Luego de cuatro potentes cumbias en la que ya la gente sudaba y se subía al escenario con él, interpretó la canción Aunque no sea conmigo una balada que puso el tono romántico a la velada y provocó besos y más gritos de los asistentes.
Al final de la canción, como si todos estuvieran en trance gritaban al unísono el coro de la canción ante un complaciente Celso Piña quien repitió en varias ocasiones la estrofa Puedes jurar que al que te quiere lo bendigo, quiero que seas feliz, aunque no sea conmigo y silenció a los músicos para que se escucharan sólo las voces de los asistentes.
Para cuando tocó Cumbia Poder todos bailaban y sudaban, ya resentían la falta de líquidos porque no se permite entrar al lugar con alimentos ni bebidas.
Eso le dijeron a Celso Piña cuando los organizadores del Instituto Guerrerense de la Cultura (IGC) le llevaron una botella de mezcal, la destapó y se le pegó a la boca, dándole un trago “¡móchate, tenemos sed, saca las chelas!” le gritaban.
La canción de las mariposas amarillas, Macondo que es un homenaje del compositor Oscar Chávez al libro 100 Años de Soledad de Gabriel García Márquez estremeció al público, bailando y cantando se desconectaron de lo que afuera sucedía.
El regio tuvo que regresar en tres ocasiones al escenario ante la exigencia de su público
“Quería hacer algo con John Lennon, pero se la perdió”
En cuanto llegan los reporteros a su camerino Celso Piña les ofrece tequila o cerveza y se acomoda en un pequeño sillón, viste una camisa de seda con la estampa de un atardecer entre palmeras, donde un bote navega aguas tranquilas.
Esa tranquilidad contrasta con la energía que le aflora al músico de 59 años de edad que recién regresó a México luego de una gira por Europa en donde se dio cuenta de que “todos los públicos son iguales, todos se prenden, pero allá son más güeritas las muchachas, más güeritos los muchachos, pero es lo mismo”.
No conoce Guerrero, ni siquiera el puerto de Acapulco, recuerda que en una ocasión lo invitaron a la entidad y empacó traje de baño, bloqueador solar, unas chanclas y aceites para broncearse la piel, pero no se le hizo conocer las playas del puerto.
La invitación era en un punto de la sierra de Guerrero de cuyo nombre no quiere acordarse, sólo relata que no soportaba el frío con la ropa tropical que traía puesta, pero igual tocó.
Y es que está dispuesto a tocar su música en donde y con quien se le invite, esa es la clave del éxito resuelve, “soy un músico que se presta a lo que le pongan, yo no le tengo miedo a nada, digo bueno vámonos, todo eso me gusta, que me hablen de aquí, de allá, hicimos algo con Panteón Rococo, en Monterrey con bastante raza de por allá y también los invito yo a mis grabaciones, todo padre, en armonía siempre”.
Recuerda que lleva 30 años tocando el acordeón “al principio la gene que me tenía como el cumbiambero, el ballenatero mayor y mi público como que me quiso dar la espalda cuando empecé con las fusiones porque no entendían, les dije que escucharan bien el disco, pasó el tiempo y después se manifestaron muy bien, ‘oye, ahora con quien vas a hacer otra fusión’, me dicen y ahorita en realidad ya no hay ningún temor de hacer fusión con nadie porque como que impones a la gente a hacer algo y esperan siempre tu disco, hasta dicen, ‘oye por qué no haces un dueto, estaría a toda madre, con aquel vato, con esta morra o así’ andamos en esto y tarde que temprano cualquier cosa se te puede presentar”.
“Yo soñaba con hacer algo con Alex Lora, ya lo hice, con Natalia Lafourcade, con Lila Downs, ahorita lo que si ya no se va a poder hacer, aunque lo quiera es hacer algo con John Lennon pero se la perdió, ya no anda por aquí”, relata mientras mueve sus manos como si tocara un acordeón invisible.
La piratería dice que no lo ha afectado y que es el Internet el que ha afectado sus finanzas porque ya se pueden descargar los discos sin comprarlos, pero eso también lo ha ayudado porque su música se escucha en todo el mundo sin las restricciones de disqueras y aduanas.
“Ponle que si compren mi disco pero antes vendía 100, ahorita vendo 30, pero viéndolo de otra parte, dices bueno, ya te bajaron el disco, no los vas a matar por eso, por otra parte también te miran en muchas partes del mundo y te llevan pa’llá por eso desde el año pasado estamos yendo a Europa, y la primera vez le dimos la vuelta a Francia, la segunda vez fuimos a Dinamarca, Bélgica, Polonia, y estuvimos en 11 países, entonces, por una parte te afecta, pero por la otra te aliviana ¿no?”.
Se le pregunta ¿qué sientes al tocar el acordeón? Y relajado responde con una broma y mientras se toca la espalda dice “a veces un dolor por acá”, lo que provoca las carcajadas de quienes están en el camerino.
Luego junta sus manos, apoya la barbilla en sus dedos pulgares y con los dedos índices se toca la nariz, dos segundos después repone “siento muy padre, porque al principio estaba equivocado, empecé con la guitarra, con la trompeta, con el órgano, con el piano, el bajo, y no se me daba, ¿qué no hay ningún instrumento que me llene o qué? me preguntaba y luego empiezo a escuchar música de Colombia como Alfredo Gutiérrez, Aniceto Molina, Aníbal Velázquez, Alejandro Durán, y oía el acordeón, fue ahí donde me nación la idea de agarrar el acordeón y ya tengo más de 30 años con él. Ese fue mi instrumento, me siento muy padre, para hacerle frente hasta a los doberman”.




