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Ilustra joven artista underground la portada de la última novela de Fuentes

Silvia Isabel Gamez / Agencia Reforma

Ciudad de México

La portada de Federico en su balcón, la novela póstuma de Carlos Fuentes, fue un hallazgo inesperado. Ya se habían hecho como 15 intentos y la idea no cuajaba. El editor Ramón Córdoba conserva aún las imágenes descartadas: un bigote que cae como toldo sobre un balcón, un Nietzsche cruzado por rayitas…
Hasta que decidieron probar con un retrato de Fuentes. Una opción sobria, minimalista. “Es la primera portada homenaje en la historia de Alfaguara México”, asegura Córdoba. En Mérida, Jorge Pinto nunca imaginó que su ilustración, hecha con fines publicitarios, sería la portada de la novela que comenzará a circular la segunda semana de octubre.
“Me da miedo”, dice el joven de 28 años. “Es raro saber que la ilustración va a permanecer en miles de bibliotecas personales mucho tiempo después de que yo muera… Es mucha responsabilidad”.
Pinto proviene del underground. En diciembre de 2007 creó el webcomic Bunsen, del que acaba de publicar una antología en La Cifra Editorial, cien por ciento pirateable. “Hay cientos de artistas del webcomic. Creo que no trasciende mucho al mainstream, pero ya nos están llamando de arriba”.
Lo más cercano a su personalidad, dice, es la ilustración infantil; el retrato de Fuentes es una excepción en su obra. “Yo no trabajo con papel. Todo lo que hago es digital, pero busco ligarlo al mundo físico, por eso intenté que los trazos (de Fuentes) parecieran hechos con gis o con una brocha”.
Para que no fuera la ilustración de una fotografía, construyó los rasgos del escritor a partir de una serie de imágenes. Hubo como 30 variaciones hasta llegar a la versión final. “Fue un proceso complicadísimo. Uno lo ve y son simples líneas, pero abajo hay como mil líneas más que acabaron borradas”.
Federico en su balcón transcurre en el futuro. En el Hotel Metropol se encuentran al amanecer, asomados a su balcón, Nietzsche y el personaje de Leonardo Loredano. En el país ha ocurrido una revolución, y el poder debe ser asumido por uno de los líderes del movimiento. Esa disputa desatará un nuevo conflicto.
En la mesa de novedades, la competencia es feroz. Por eso una portada debe “golpear” al lector, afirma Córdoba, editor de Alfaguara. “Mis favoritas son las que tienen el poder de atraer y que no me exigen una interpretación”.
Una portada no tiene que ser una síntesis de la obra, dice, pero la imagen debe relacionarse con su contenido. “Lo que no se debe hacer es abigarrarla, pretender poner todo lo que ocurre en la novela: Nietzsche, caballos, militares, una guillotina, una mujer enigmática…”.
La directora editorial de Tusquets, Verónica Flores, es obsesiva. Puede pasar tres días consultando bancos de fotografías –Latinstock, Corbis, Getty Images, Shutterstock– hasta reunir 50 imágenes candidatas a una portada. “De ahí voy descartando, en diez ya me siento casi feliz. Mi objetivo es llegar a tres, de ahí mando a votación interna. Y la que gana es casi siempre la que dejo”.
Manuel Cañibe, quien diseña cubiertas con su hermano Christian para Tumbona Ediciones, apuesta a crear una interpretación gráfica del contenido. En la colección Versus recurren al juego tipográfico, basado en la estética del cartel de box antiguo, porque los autores de los 12 títulos combaten desde el amor hasta las buenas intenciones. “Muchas editoriales reproducen obras artísticas en sus portadas, y eso vuelve uniformes cada uno de los títulos. Nosotros buscamos lograr un sello distintivo”.
Leonel Sagahón es autor de más de 27 portadas de la obra de Carlos Fuentes. “En Punto de Lectura (bolsillo) el enfoque es fotográfico, busca construir metáforas visuales; en el formato trade es narrativo, y en la Biblioteca Carlos Fuentes es tipográfico y simbólico”, explica.
La portada dialoga con el lector en la mesa de novedades para llamar su atención –“la simpleza visual importa porque es un contacto de segundos”–, mientras lee el libro, y cuando lo vuelve a encontrar pasado el tiempo, afirma el diseñador. “Debe disparar nuevas preguntas, por eso creo que tienen que ser enigmáticas, inquietantes, plantear un reto inteligente”.
Se propuso como diseñador presentar la imagen de un Carlos Fuentes “renovado”, dirigido a los lectores del siglo XXI. Eso pasó por renovar la iconografía de la Revolución, ya desgastada. “Escribió todas esas novelas intentando responder a preguntas profundas sobre nuestra identidad, no eran frivolidades”. Por eso buscó en sus portadas huir de lugares comunes que prejuiciaran al lector.
“Yo no lo traté, mi relación fue con su obra. Fuentes quiso construir un mapa de quiénes somos, algo que no están haciendo los escritores”.

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