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México necesita de nuevos paradigmas que emanen de la sociedad, dice Jaime Labastida

Alejandro Alvarado / Agencia Reforma

Guadalajara

México necesita un nuevo paradigma, y no es un trabajo que se promueva desde las oficinas de gobierno, sino desde las entrañas de la sociedad, expresa Jaime Labastida, director de la Academia Mexicana de la Lengua.
“Después de la Revolución, muchos escritores, muchos intelectuales, sintieron la obligación de servir al país, había un paradigma, un propósito, ideales, yo creo que a partir de finales de los 60, el paradigma se vino abajo, en el caso de México muchos dejaron de creer el paradigma de la Revolución Mexicana, empezamos a criticarla y dejamos de tener esa ilusión”, dice Labastida.
Con la lectura de su libro de poemas En el centro del año, Labastida abre hoy, a las 20 horas en el Museo de Arqueología de Occidente, la Cátedra de Literatura y Artes, Agustín Yáñez, un personaje de la historia de México que destacó como emblemático: por un lado fue uno de los mejores escritores del país, y por otro un buen funcionario.
“Deberíamos construir un nuevo paradigma. Una sociedad como la nuestra, que exalta más a un futbolista o una actricita de plástico que a una persona que se ha desvelado toda la vida estudiando, digamos ‘¿a dónde vamos?’”, expresa el poeta, quien se ha autodefinido como alguien sin esperanza.
“La gente a veces dice ‘¿por qué fulano de tal gana tanto con un libro?’, ‘se le paga  tanto por una conferencia’, ¿y lo que gana un cantante, un grupo de rock? ¿eso no les parece escandaloso?. La gente dice, ‘los libros son muy caros’, y aquella gente que lo dice, no tiene ningún reparo en pagar 8 mil ó 10 mil pesos para estar de pie durante horas oyendo a un grupo de rock que viene del extranjero”.
Altamirano marcó la ruta de las letras nacionales, eso fue un paradigma en el país, luego Justo Sierra la condujo a una forma más sólida, después Alfonso Reyes, luego Octavio Paz y desde entonces, México no ha tenido sucesor, expresa Labastida.
Carlos Fuentes tampoco, pero sí fue el embajador pues estuvo más tiempo en el extranjero que en el país, agrega el poeta, y dice desconocer a algún personaje contemporáneo que pueda dar seguimiento.
¿A quién le corresponde construir ese nuevo paradigma? A la sociedad, indica el también director de la editorial Siglo 21.
“A todos nosotros, pero con diferentes grados de responsabilidad. Yo no estoy conforme con que la gente crea que todo se le tiene que dar digerido, por ejemplo, yo critiqué a García Márquez cuando dijo en el Primer Congreso Internacional de la Lengua Española, que había que jubilar la ortografía y que nadie iba a confundir revólver con revolver, yo no estoy de acuerdo con eso”, expresa.
Rey de chocolate

El tema de la alternancia política del 2000 en México como paradigma, lo considera una broma.
“Fue una verdadera broma, un año después en la Feria del Libro de Guadalajara, un jalisciense ilustre, cuyo nombre no voy a decir, me dijo que estaba verdaderamente decepcionado de sí mismo porque había votado por Fox y Fox lo había decepcionado. Me ofreció una disculpa, ‘no tienes que ofrecerme una disculpa a mi, ofrécela al país’”, relata.
Alguna vez alguien le preguntó a Labastida “¿usted, como otros intelectuales está decepcionado del Presidente Fox?”
“Le dije no, yo siempre supe que era un estúpido, el paradigma no era ese, el paradigma estaba mejor de otro lado, por qué, de lo que se trata no es que una persona o partido cambie, sino de que hay verdaderos propósitos objetivamente formulados y que se lleven a cabo. Fox era un rey de chocolate”.
El libro En el centro del año es un poema complejo, extenso, dividido en cinco cantos, tres de ellos largos y dos breves, los cuales muestran el interés de su autor por conjugar la filosofía con la literatura.
“Me he definido en alguna ocasión como una persona que trata de ver la vida sin esperanza, le veo sin ilusiones, pero al mismo tiempo considero que es necesario vivirla. Me he considerado también una gente sin creencias mayores, descreo del alma, de Dios, de una esperanza futura y creo que lo que uno tiene que hacer, es en esta vida, que es lo único que existe”, dice.
“A pesar de todo yo digo que tengo una esperanza desesperanzada, ¿qué significa esta contradicción? Dentro de ciertos límites, hasta cierto punto uno tiene que luchar por algo y esto por lo que lucha es lo más importante, sin esperar nada a cambio”.

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