Jesús Mendoza Zaragoza
Desarrollo y democracia,
condiciones para la paz
Para la celebración del Día Internacional de la Paz, promovido por la ONU, ésta propuso un tema que ayude a entender y a asumir un aspecto fundamental de la paz: Una paz sostenible para un futuro sostenible. Hay que considerar que la celebración de esta jornada anual fue establecida en 1981 para que coincidiera con la sesión de apertura de la Asamblea General de la ONU, la que estableció el 21 de septiembre como fecha fija para su celebración. La ONU invita a todas las naciones y pueblos a que cumplan una cesación de hostilidades durante todo ese día y a que también lo celebren mediante la educación y la sensibilización de la población sobre todos los temas relacionados con la paz.
El tema propuesto por la ONU es tan oportuno por el hecho de que muchos conflictos y guerras se generan a partir de una indebida e injusta gestión de los recursos naturales como el agua, el petróleo, la madera y otros más. Esto tiene que ver con la noción de desarrollo que se impulsa en los pueblos y en las naciones, las más de las veces un desarrollo con efectos destructivos, tanto del medio ambiente como de las culturas seculares, los valores de los pueblos y la desigualdad social.
Cada región y cada país tienen el desafío de la paz a partir de sus propias condiciones y circunstancias. Para México, la paz es uno de los mayores desafíos, que ha de ser asumido con absoluta honestidad ya que de ello depende su restauración. Si a partir del planteamiento de que la paz es siempre un desafío en mayores o en menores proporciones, hoy por hoy nos toca afrontar el tema de la paz de una manera muy particular como no lo hemos hecho en épocas anteriores. En nuestra historia hemos tenido guerras y revueltas que se han ido resolviendo para dar lugar a periodos de estabilidad social. Sin embargo, la paz es siempre un desafío.
Hoy lamentamos mucho la situación de violencia y de inseguridad y de una respuesta gubernamental que en la práctica tiene características de una guerra, que se ha desplegado de manera inédita. El actor visible que genera esta violencia está camuflado, tiene mil cabezas y tiene una práctica impredecible. Esta es la gran amenaza para cientos de miles de familias en diversas regiones del país. Por eso decimos que hemos perdido la paz y que hay que recuperarla.
Pero si ponemos un poco de atención a este tema, podemos reconocer que la paz no la hemos perdido hoy puesto que algunas de las causas generadoras de la violencia son crónicas y estructurales. La paz la hemos perdido desde hace décadas solo que en este sexenio se dieron condiciones que han producido situaciones críticas de muy alto alcance.
A mi juicio, el tema de la paz está relacionado estructuralmente con los temas del desarrollo y de la democracia. En otras palabras, la violencia que soportamos tiene en sus raíces anomalías muy graves, como son una visión reduccionista del desarrollo y una experiencia muy errática de la democracia. Estas dos claves son, a mi juicio, fundamentales para entender la violencia tan atroz de hoy. Y si queremos la paz, hay que construir estrategias en clave de desarrollo y en clave de democracia. Todo lo demás, operativos, cámaras en las calles, certificación de policías, son cosas menores que han de quedar vinculadas al desarrollo y a la democracia.
Cuando la ONU habla de paz sostenible, se refiere a los planteamientos y estrategias para el desarrollo, de manera que se preserven los recursos naturales y éstos sean reconocidos, mediante las políticas públicas, como bienes públicos y no como meras mercancías. El planteamiento excluyente del desarrollo en México, en su concepción neoliberal no ha previsto jamás la distribución de la riqueza. Siempre plantea el crecimiento económico como el gran desafío y la economía se mide siempre en clave de crecimiento sin considerar que la economía tiene un necesario sentido social.
En la organización de la economía tenemos un factor fundamental del crimen organizado y tiene que ver con la pobreza y la desigualdad, con la insuficiencia de las reformas económicas, con el desempleo y subempleo, con la migración y el abandono del campo. La economía no está orientada a satisfacer las necesidades de la población sino a garantizar grandes negocios de las clases dominantes. Este modelo económico es generador de violencia porque viola los derechos humanos, como los económicos, sociales y ambientales y no genera condiciones de igualdad social. Para que la economía se convirtiera en un factor para la paz, serían necesarios cambios profundos que desactivarían las dinámicas que dan pie a las economías criminales que se construyen a partir del lavado de dinero y de la corrupción pública.
Y por el lado del avance democrático tenemos la experiencia del proceso electoral pasado, como muestra de las dificultades que tenemos para mantener una ruta democrática que supere la simulación. Formalmente tenemos una democracia pero en la práctica poco importan las personas, los ciudadanos y los pueblos. No es posible construir la democracia sin una cultura adecuada para ello. Aquí hablamos de democracia más como un estilo de vida incluyente, plural, participativo y tolerante. La democracia es una cosa cotidiana que se aprende y se practica en todas partes y en todos los espacios humanos e implica valores fundamentales como la libertad, la justicia, la paz y la verdad.
Las decisiones que tienen que ver con el destino del país, no las toma el pueblo sino una clase política que carece de representatividad. Ellos representan a los partidos, a los así llamados poderes fácticos, a las élites. La soberanía del pueblo es una simulación que guarda las formas pero carece de sustancia. Al pueblo se le imponen duras cargas y no se le reconocen derechos. Esta situación favorece la acumulación de inconformidades y de resentimientos sociales, el desprecio y el servilismo, la apatía y la irresponsabilidad social. La democracia no está ni en la cabeza ni en el corazón de los mexicanos y menos de las élites políticas. Con una democracia hecha de confrontaciones, de arrebatos, de revanchas, de venganzas, de insultos y de amenazas, ¿qué cosa buena puede salir? ¿Cómo va a contribuir a la paz una sociedad fragmentada que vive de manera inconforme y a merced de instituciones públicas que no le responden? ¿Y, cómo va a contribuir a la paz una clase política que vive protegida en una burbuja de privilegios?
Desarrollo y democracia son claves para la construcción de la paz. Sin ellas, no hay fundamentos reales para una estrategia integral para superar las múltiples violencias y para dar seguridad a los ciudadanos. Todas las acciones gubernamentales y sociales encaminadas a la paz han de suponer y sustentarse en estos dos grandes pilares. La participación organizada de los ciudadanos en las decisiones políticas y económicas es indispensable para la paz. Aquí puede darse el aprendizaje de la democracia y la incidencia en las decisiones económicas. La construcción de la paz tiene que darse en la plaza pública y en cada espacio ciudadano, de manera que se reordenen las instituciones públicas con un sentido social tan necesario como decisivo.
Las movilizaciones y manifestaciones públicas habidas, con motivo del Día Internacional de la Paz, el pasado día 21 de septiembre en Acapulco y en el país entero, han sido simbólicas, pues expresan la presencia de la utopía de la paz en un contexto que la niega y la restringe. Pero el trabajo por la paz ha de ser cotidiano y ha de involucrar a los ciudadanos para que se convierta en una conquista.




