Soy un santo al que deben rezarle para que se acaben los partidos políticos mexicanos: Vallejo
Silvia Isabel Gamez / Agencia Reforma
Ciudad de México
En el santoral de Fernando Vallejo existe un solo nombre: el filólogo colombiano Rufino José Cuervo. Para escribir su biografía, El cuervo blanco, revisó 7 mil 500 páginas de información. “No elaboré ningún plan, no clasifiqué ningún documento. Toda la información, inmensa, me la metí en la cabeza y escribí el libro de un tirón”.
Autodidacta, católico devoto, célibe, Cuervo es autor de una “gramática genial”, el Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana, que dejó inconcluso. Vallejo comparte con su personaje el amor por el idioma y el haber intentado igualmente una “empresa colosal”, en su caso, una vacuna esterilizante para perros y humanos.
“Él fracasó y yo también. ¡Qué importa! Detrás de lo que íbamos ambos era de verdaderos milagros. En vida no los hicimos. De muertos los vamos a hacer”.
El cuervo blanco (Alfaguara) es una biografía escrita en primera persona, al estilo vallejiano. Convertido en un hagiógrafo canonizador, Vallejo absuelve o condena a los familiares, amigos, políticos y editores que pasaron por la vida de Cuervo, “el mejor de los colombianos”. Las digresiones características de su obra, el humor negro, la irreverencia, todo está ahí; también el exceso y la erudición.
En esta entrevista vía correo electrónico, nadie escapa a su colérica pluma.
–En Años de indulgencia se declara usted santo. ¿Vale la pena rezarle? ¿Qué milagro nos puede conceder?
–Muchos: que se muera el Papa y que se acabe el PRI. Y el PAN y el PRD y el PT y el Partido Verde, y que metan a todos sus hampones a la cárcel, y que se pudran y se mueran y desaparezcan con su podrido recuerdo y que no haya más presidentes en este mundo, ni dictadores ni tiranos, ni democracia, ni religiones, ni mentira, ni charlatanería, ni impostura. O sea, que se acabe esto. Pídanme y verán. Pero con devoción y fe.
–¿Sigue promoviendo la caridad sexual, o después de escribir El cuervo blanco abogará por el celibato?
–Sí, la caridad sexual, una obra de misericordia que yo inventé y que practiqué de joven, y que recomiendo a los niños y jóvenes con los viejos, y a los bonitos con los feos. Total, niños o viejos, bonitos o feos, a todos nos van a comer los gusanos.
–¿Piensa que la muerte de su hermano Ángel fue el principal motivo para que Cuervo suspendiera la realización de su diccionario?
–La muerte de su hermano Ángel, por quien sentía un gran cariño, para él fue un golpe demoledor. A eso se sumó la Guerra de los Mil Días colombiana con la emisión incontrolada por parte del gobierno de papel moneda sin respaldo, que lo dejó un tiempo en la pobreza en París. ¡Qué sé yo! Tal vez fue el cansancio de la vida, aunque no se atreviera a confesárselo porque era muy buen cristiano. O sea ingenuo, engañado… De los que sacan la lengua para recibir al Cordero.
–Durante la época de Cuervo, había muchos políticos intelectuales, ¿eran más honorables que los de ahora, que firman como suyos libros que no escriben?
–Político honorable es un contrasentido, una imposibilidad ontológica. Un político es una alimaña.
–¿Recomendaría al Presidente electo, Enrique Peña Nieto, leer a Cuervo o mejor algo más ligero?
–No, no le recomiendo que lea, ya es muy tarde para él. Loro viejo no aprende a hablar. Si no leyó de niño o de muchacho, no leerá nunca. Que recoja platita, que la vida se está poniendo muy difícil y seis años pasan rápido y sigue el silencio y el olvido, el abandono del micrófono y el costal.
–Don Fernando, ya casi cumple usted 70 años, respetado y premiado por su obra. ¿No es eso una prueba de la bondad de Dios, de quien tanto recela?
–¡Claro, conmigo ha sido bondadosísimo! Las bellezas que me ha dado… Pero yo, por amor a Él, me he impuesto la más absoluta abstinencia. Lo más opuesto pues al padre Marcial Maciel, quien cuanto fruto, maduro o inmaduro, tuvo al alcance de su avorazada mano, se lo comió. Yo no. Soy abstinente por convicción.
–En La rambla paralela escribe: “Tras la muerte de Cuervo fue el acabóse. A la licencia en el idioma, siguió la de las costumbres.”. ¿Significa eso que primero se corrompe el habla y después lo demás?
–A mí no hay que tomarme muy en serio en los libros anteriores. El que cuenta es el último. Y si algo en los anteriores lo contradice, priva o prevalece lo que diga el último, como ocurre con el Corán. En los suras de este libro maravilloso, que está lleno de versículos contradictorios, el problema se resuelve dándole la razón al último en aparecer. ¿Dígame si Mahoma no era genial?
–En el documental La desazón suprema lo vemos rompiendo manuscritos. ¿Se ha propuesto que tras su muerte nadie descubra sus secretos?
–Ningún secreto. Yo soy más transparente que Octavio Paz.
–Por cierto, ¿ha pensado ya en su epitafio?
–Sí. “Por fin”.




