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Pide asesor colombiano de Peña legitimar la lucha anticrimen priorizando a las víctimas

Staff / Agencia Reforma

Ciudad de México

La política de seguridad en el próximo gobierno debería legitimarse no a partir de la lucha contra el delito sino a partir de la sensibilidad por las víctimas, afirmó el general colombiano Óscar Naranjo, en entrevista con el diario español El País.
“La seguridad no es un fin en sí mismo; es un camino para generar convivencia y asegurar derechos y libertades”, dijo Naranjo, asesor de Enrique Peña Nieto en temas de seguridad.
En la entrevista, el colombiano rechazó el empleo de la palabra “guerra” para describir los sucesos relacionados con la violencia del narcotráfico en el país.
“Instalar la palabra guerra en el marco de una política de seguridad pública es un error garrafal”, dijo Naranjo al rotativo ibérico.
“Por varias razones, la primera es que desconoce un principio elemental de un Estado de derecho donde el delincuente no es un enemigo a aniquilar; el delincuente es alguien al que el Estado debe someter a la ley y resocializar. Segundo, es un tema que polariza alrededor de la seguridad y la propia palabra no aparece como un valor, sino como un problema. Y tercero, es generar en la mentalidad criminal un estado de certidumbre: mientras me matan, yo mato”, explicó.
“Por tanto, la gran oportunidad que hay hoy, y lo he discutido con el presidente Peña, es que buena parte de la política de seguridad debería legitimarse no a partir de la lucha contra el delito sino a partir de la sensibilidad por las víctimas”, agregó.
“Es necesaria una nueva narrativa que signifique que más importante que combatir el delito, es proteger la vida, derechos y libertades de la gente. En términos prácticos, es imperativo tener estrategias diferenciadas contra el crimen, que no pueden ser simplemente un conjunto de acciones para vencer al narco”, abundó el ex jefe de la Policía Nacional colombiana.
Para Naranjo, en México aún no ser ha llegado a los niveles de violencia que se vivieron en Colombia con el terrorismo indiscriminado de Pablo Escobar.
“La dinámica de la delincuencia organizada se mueve como en tres o cuatro fases: la primera es una fase de irrupción en la sociedad en el marco de una zona de confort. Llega el narcotraficante, empieza a comprar propiedades, a generar incluso empleo, a repartir unas migajas de su opulencia económica y la sociedad se asombra un poco de la llegada de ese señor, pero lo tolera. Eso se vuelve tan atractivo que empiezan a participar otros actores criminales lo que les lleva a enfrentarse entre ellos. Tercera etapa: uno de esos actores tiene la fuerza para someter al resto y ya, como el Estado ha tenido que intervenir, ese señor transita a un terrorismo selectivo. Y lo primero que hace es tratar de aniquilar periodistas para silenciar esa realidad y luego mata a fiscales, policías y jueces. Y después, no conforme con eso, se lanza a un terrorismo indiscriminado, que es la etapa que vivió Colombia con Pablo Escobar”, explicó el oficial.
“Creo que en México estamos en una fase intermedia entre el enfrentamiento entre organizaciones y un afán de esas organizaciones por silenciar a sectores de la sociedad mexicana. Eso hubiese pasado con o sin intervención del Presidente Calderón. En Honduras y Guatemala no hubo nunca declaraciones de guerra contra el narcotráfico”, añadió.

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