Arturo Solís Heredia
CANAL PRIVADO
* Círculos viciosos
Y el círculo vicioso cierra y abre de nuevo sus nefastos ciclos, esos que tanto joden a los guerrerenses cada vez que cambiamos de gobiernos y autoridades, particularmente desde que se inauguró la alternancia electoral.
“Acusan a ex edil de Guerrero de saquear el Ayuntamiento”; “el alcalde de Mochitlán acusa a su antecesor de haber dejado vacío el Ayuntamiento”; “el alcalde de Tixtla denunció que heredó una deuda de más de 21 millones de pesos”; “el ex síndico procurador de Mártir de Cuilapan pide a la Auditoría General del Estado una auditoría a la ex alcaldesa”; “vehículos y mobiliario dañado y faltante de armas encuentra el alcalde de Acapulco”; “recibe el alcalde de Chilpancingo con déficit de policías, deuda con la CFE y sin camiones para basura”; “destaca el nuevo alcalde el mal manejo de los ex alcaldes de Tlapa”; “recibe un Ayuntamiento endeudado, advierte el nuevo alcalde de Tecpan”.
Todo eso han dicho los nuevos alcaldes de esos municipios, en los primeros tres días de sus gobiernos.
No sé si es mucho o poco, más o menos que en tantas otras vueltas anteriores; sólo sé que parece demasiado.
Tampoco sé si sus dichos son verdades o mentiras, o cuántos ciertos y cuántos falsos; sólo sé que parecen mal intencionados.
No sé si los alcaldes nuevos presentarán denuncias formales, o si las auditorías probarán sus dichos, y menos si los alcaldes viejos serán castigados; lo único que sé, es que en los mismos días y espacios en que se difundieron esos dichos, la prensa también informaba de hechos que parecen mucho más graves: “solicita alcalde de Teloloapan seguridad para su familia”; “tienen Guerrero y Oaxaca los pueblos más pobres de América Latina”; “sin clases mil 800 niños en Acapulco: Educación de Guerrero”; “Guerrero ya supera a Chihuahua como el estado más violento del país”.
Pero no digo que si hay irregularidades, faltantes, negligencias o delitos probables de los antecesores, sus sucesores callen, oculten o toleren; menos digo que si se comprueban, no se denuncien ni se castiguen.
Sólo digo que parecen muy pocos tres días para andar asegurando cosas tan serias con todos los pelos en la mano y todas las aclaraciones, justificaciones y explicaciones necesarias sobre sus escritorios.
Tampoco digo que los alcaldes, nuevos y viejos, hayan enviciado el círculo de la alternancia con sus denuncias; sólo digo que luego de tantos ciclos similares, tantas denuncias parecen más ya una estrategia. Y menos digo que por eso sean culpables de nuestros peores males; sólo digo que esos ciclos en nada nos ayudan y de muy poco nos sirven para resolverlos.
Y lo digo, porque si esos ciclos no fueran parte de un círculo vicioso, a estas alturas habría ya varios, más que pocos, alcaldes presos, inhabilitados, multados o castigados… y no los hay, como tampoco creo que los habrá.
Por eso, también digo que cuando los círculos viciosos se repiten tanto, los ciclos se convierten en estrategia, una que los que saben de estas cosas llaman “victimismo”.
El victimismo es la tendencia a considerarse víctima o hacerse pasar por tal. El victimista se disfraza por tanto de víctima, consciente o inconscientemente, simulando una agresión o menoscabo inexistente; y/o responsabilizando erróneamente al entorno o a los demás, evadiendo culpa, autocrítica o responsabilidad ante eventuales fracasos.
O sea, nuestro círculo vicioso plantea dos escenarios posibles, tan malo uno como el otro: si las denuncias son verdad, muchos ex alcaldes son corruptos y negligentes; si son mentira, muchos alcaldes son victimistas.
Lo único que parece cierto, es que estamos muy lejos de la normalidad democrática, la única democracia verdadera y valedera para la sociedad.
Porque si viviéramos en la normalidad democrática, las denuncias se presentarían formalmente ante las autoridades correspondientes, de las que todos esperaríamos y confiaríamos sus veredictos, antes de engancharnos con dimes y diretes mediáticos.
Porque si viviéramos en la normalidad democrática, los alcaldes se preocuparían más en comenzar sus gobiernos explicando, convenciendo y convocando a sus electores con las virtudes de sus proyectos, en lugar de comenzarlos denunciando los vicios de sus antecesores.




