Moisés Alcaraz Jiménez *
PRI, a la derecha de la derecha
Tema de gran interés para la ciencia política, la sociología o la sicología social debería ser: por qué los pueblos votan por quien los mantiene sometidos con el pie en la yugular y los ha reducido a niveles de esclavitud, lo cual, por cierto, no es privativo de las naciones subdesarrolladas de esta parte del planeta, sino que también ocurre en países, digamos entre comillas, más civilizados y con mejores democracias que los nuestros, como es el caso de Grecia, donde la derecha que llevó a la ruina a aquél país fue ratificada en el poder en la pasada contienda electoral.
Así ha ocurrido también en Italia y más recientemente y cercano a nosotros, en Chile, donde gobiernos conservadores han construido “casi el paraíso” para los capitales privados y han mandado a vivir en el infierno a los asalariados.
Al triunfo del PRI en los pasados comicios de julio escribí en estas páginas de El Sur que el nuevo gobierno de la República estaría constituido por un sector de la clase política mexicana ubicado ideológicamente más allá de la derecha del gobierno saliente: el PRI a la derecha del PAN, fenómeno político poco analizado en su justa dimensión y en sus graves consecuencias para el bienestar social del país.
Mencioné también que el nuevo grupo en el poder avanzaría de manera más profunda en el modelo neoliberal y que el conservadurismo de ese grupo no representa ninguna alternativa al desastre social y económico al que ese modelo nos ha conducido, que sería más de lo mismo y que significaba avanzar por la misma ruta hacia niveles más altos de pobreza y descomposición social.
Inclusive lo anterior se confirma antes de que Enrique Peña Nieto asuma el mando. La nueva ley laboral iniciada por Felipe Calderón, altamente lesiva a los trabajadores, fue impulsada con mayor vehemencia por Peña Nieto en San Lázaro y defendida a ultranza por la bancada tricolor, mucho más que el PAN ¿Dónde quedaría aquel viejo PRI emanado de la Revolución Mexicana? Ni en los países donde nació el neoliberalismo se les pudo haber ocurrido una norma más retrógrada que la aprobada en México por el PRI y el PAN.
También antes de asumir el poder el nuevo grupo gobernante anuncia en voz del segundo de a bordo, Luis Videgaray, que el gobierno que llega tiene todo listo para empezar a privatizar Pemex y el mismo día, magnates del sector privado anuncian también que antes de irse, Felipe Calderón dará otro duro golpe a los bienes de la nación al abrir una buena parte de las telecomunicaciones a la inversión extranjera (La Jornada, octubre 5, 2012, pág. 2 y 3), lo cual seguramente retomará el PRI con mucho más empeño.
Comentaba en aquella ocasión que no se necesita tener una bola de cristal para saber por dónde caminará el nuevo gobierno: privatizar lo poco que aún queda de los bienes públicos, abaratar la mano de obra eliminando los escasos derechos sociales que aún conservan los trabajadores y hacer todavía más confortable el paraíso fiscal para los grandes capitales, donde los ricos paguen todavía menos impuestos y los pobres más.
Por esa ruta a nadie debe extrañar que en unos meses la derecha gobernante reforme la ley del IVA para culminar la obra maestra que la oligarquía que manda en México le ha dejado de tarea a su siempre fiel y servicial (¿o servil?) clase política.
Pero el proyecto conservador va más allá: está pendiente un muy jugoso negocio que los empresarios criollos y del extranjero ven con extrema voracidad y codicia: el sector eléctrico, el cual para entregarlo al sector privado legisladores del PRI y PAN deben estar reactivando ya anteriores iniciativas que hasta ahora no han prosperado pero que con su nueva mayoría legislativa, la derecha podrá entregar la CFE al capital privado envuelta para regalo.
La élite en el poder: empresarios y políticos afines a ellos, podrán ahora impulsar más afondo el modelo neoliberal. Ya encarrerados nada los detendrá, podrán lanzar su ofensiva conservadora inclusive contra la educación pública y el sector salud, para ello la mayoría de mexicanos votó por ellos ¿Habrá sido un voto reflexionado donde Televisa y TV Azteca nada tuvieron que ver? Este es otro interesante tema de investigación y análisis para los expertos.
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*El autor es director estatal de Gobernación




