Presenta el polaco Arti Grabowski el performance Everest en la Gran Galería
Redacción
El artista polaco Arti Grabowski presentó el martes la pieza de perfomance Everest en la Gran Galería del Centro Cultural Acapulco vestido con una camisa blanca, pantalón al estilo de los uniformes nazis, incluídas las botas hasta la rodilla.
La pieza formó parte de su actuación en el segundo día de actividades del Festival Internacional de Performance Transmuted.
El artista apareció en el escenario con una caja detrás de la cabeza, de donde tomó pétalos de rosa y servilletas de papel y las fue arrojando al piso.
Luego extrajo de uno de sus bolsillos un aerosol negro y se pintó una línea sobre los ojos que se extendió hasta su muñeca izquierda.
Frente a una tabla de madera acomodada en el piso, pintó otra línea negra, que extendió hasta una mesa acomodada a su izquierda. Luego sacó una licorera y le dio un trago pequeño y empezó a borrar partes de la línea que acababa de hacer, brincando en un pie, zapateando.
De fondo se escuchaban percusiones lejanas, mezcladas con gemidos, expresiones de dolor, eructos y una constante negación.
Luego puso la tabla sobre un pequeño banco cuadrado, acomodó encima cinco vasos de cristal, virtió porciones de vodka en ellos, y agarrando la tabla, como mesero, equilibrando los vasos, la llevó al piso y acomodó los vasos sobre la línea negra, como a un metro de distancia entre uno y otro.
Después clavó sus botas en la tabla y brincó, golpeándola con un hacha hasta que la partió en dos, asemejando un par de esquís de nieve en sus pies.
Inmediatamente comenzó a hacer poses de esquiador, luego se quitó uno y fijó una roca a la suela de su bota derecha, y en el otro mantuvo el pedazo de madera. Entonces se acostó sobre su espalda y levantó el pie que tenía la piedra sujetada con cinta industrial, lo equilibró para luego levantarse y ponerse enfrente de los vasos que llenó.
Entonces metió un dedo en el primer vaso con vodka y lo probó, avanzó hacia el segundo vaso y rompió el primero. Sacó un aerosol blanco y se pintó el índice de la mano izquierda, sacó de nuevo su licorera y le dió otro trago, que retuvo en la boca, tomó con los labios un pañuelo y lo mojó con el líquido que retuvo, para después escupirlo sobre el tercer vaso y romper el segundo con el pie que tiene la roca.
Luego metió un dedo por un hoyo de su camisa, en la axila izquierda, rompió la manga, la separó y la metió en el tercer vaso; mojada, se la metió completa en la boca, haciendo poses. Se sacó la manga de la boca y la volvió a poner en el brazo, pintando líneas negras, para después pintarse la cara con una mano encima, quedando la impresión de su mano sobre la cara, y entonces rompió el tercer vaso.
Inmediatamente después se quitó un cabello, lo metió en el cuarto vaso, lo sacó y lo introdujo en su boca, para luego romper el recipiente. Después se quitó la camisa, le arrancó un botón, lo pegó en su pecho y lo golpeó para hacerlo caer en el quinto vaso, bebió el vodka y se quedó con el botón en la boca y luego lo mostró al público en su lengua.
Finalmente puso el vaso encima de la mesa, se quitó las botas, la tabla y la piedra, se subió a la mesa y comenzó a golpearla con el hacha, hasta que casi le rompió una pata, y al tratar de quebrarla con el peso de su cuerpo, cayó al piso para terminar con el performance.
En la presentación de su portafolios, Arti Grabowski mostró una serie de videos de otros de sus performances, como uno llamado Juez corto, en el que interpreta a un réferi de una pelea de revolvedoras de cemento. Para ello, anudo los centros de las dos revolvedoras y les adaptó ruedas, las encendió y las máquinas comenzaron a jalar la cuerda, dando la apariencia de que peleaban.
Una de las piezas que más gustó al público fue October Fest, en donde se muestra con traje de etiqueta, en una mesa decorada de manera muy elegante y con varios platos de comida, dentro de una porqueriza. Llegan los cerdos y empiezan a comer y destrozar la decoración, y él los trata de manera cortés, al grado de besarlos en el hocico y acomodarse con ellos en el piso, bebiendo champaña.
En su explicación al público, afirmó que el performance muchas veces es un acto heroico, porque el artista llega a exponerse físicamente, como él lo hizo durante las casi 24 horas que estuvo parado, vestido de vaquero en pose de disparar, en un desierto de Polonia, en invierno. La ventisca aumentó terriblemente, y por seguridad, se tuvo que suspender, ya que habría muerto congelado si seguía.




