Comer en público, tema en el que sustenta su propuesta de performance artista mexicano
Redacción
Picnic formal fue parte del trabajo que el artista de performance Pancho López presentó en la Gran Galería del Centro Cultural Acapulco, en las actividades del Festival Internacional de Performance Transmuted.
El artista originario del Distrito Federal explicó su performance, que abarca de 1997 al 2001. Trata sobre el acto de comer en espacios públicos, “salí a la ciudad a diversos lugares en donde llegaba vestido de saco y corbata, con cubiertos y loza”, para sacar de contexto la acción, “ya sabemos que en México la gente hace como que no ve; incluso, en Chapultepec, donde comí huachinango en salsa de queso, una señora se me acercó para preguntarme si había perdido una apuesta o era una manda”, pero en general las personas que pasaban trataban de ignorarlo, sin éxito.
Estuvo en sitios emblemáticos de la ciudad de México, como la torre Latinoamericana, la Basílica de Guadalupe (conocida como La Villa), incluso en el metro, en donde comió paella valenciana.
Posteriormente trasladó este performance a Quebec, en la puerta de la ciudad, en donde tuvo un altercado con un judío que lo increpaba, en francés, por comer albóndigas en sábado, a lo que Pancho López, que no conocía el idioma, sólo contestaba mercy, gracias, lo que enojaba más al espectador.
En otra ciudad canadiense, Toronto, incluso una señora se le acercó a preguntarle si ya tenía postre, contestó que no, así que le regaló un pastelillo; otros más le decían “buen apetito”, lo que demuestra que en el performance las reacciones de la gente son parte importante de este arte-acción.
Luego fue a Nueva York, donde contactó a un mexicano que trabajaba en un restaurante, para que le ayudara a conseguir un chile relleno, que comió en la Quinta Avenida. En el lugar, otra señora se le acercó para preguntarle qué estaba comiendo, y cuando le explicó el proceso de elaboración del platillo mexicano, se dio por vencida, dado que se le hizo muy compleja la preparación. Otro de los sitios en donde comió fue en el metro de Times Square, en donde se le acercó un par de policías a pedirle que apagara la vela que adornaba la mesa en la que comía chilaquiles.
También relató la anécdota de cuando comió en el Aeropuerto Internacional de la ciudad de México, en donde fue arrestado. Recordó que los policías le preguntaron si tenía permiso para comer en ese lugar “¡hazme el favor, en México necesitamos permiso hasta para comer!”, pero como se trata de un espacio federal, fue remitido a la agencia del Ministerio Público.
Cuando esperaba su turno para pasar ante la juez, antes que él estaba una persona que había orinado en la calle, otro más que fue aprehendido por escandalizar, y justo el que estaba antes que Pancho López, había sido arrestado por comerse unas quesadillas sin pagar. “Me impactó que hubiera una persona que estaba detenida por tener hambre y yo, muy mono, con mi canastita, detenido por comer unas pechugas cordon-bleu en el aeropuerto. Me di cuenta que la vida rebasa al arte”.
Respecto a su presentación en el puerto, explicó que el acto de llenar peceras con líquidos ya lo había hecho, “pero como se trata de Acapulco, las llené de arena”. Una vez que las peceras rebosaron arena, las rompió con un palo de golf, “en otras ocasiones he usado un bate de beisbol, pero no siempre he podido llevar a cabo el acto, por ejemplo, en San Francisco, Estados Unidos, no me permitieron romper las peceras llenas de coca cola porque se mancharía el piso de madera del lugar”. El performance que presentó busca “generar un proceso mental mediante la metáfora de un rompimiento amoroso”.




