Provocan cierta extrañeza los performances del artista finlandés Roi Vaara
Redacción
Anunciada como la presentación estelar del Festival Internacional de Performance Transmuted, el acto del finlandés Roi Vaara consistió en cinco breves y abstractos performances inéditos que no tenían hilación entre sí.
El primero fue así: vestido de negro, el artista europeo salió con una enorme rama de palmera, la paseó frente al público, se la puso en la cabeza, la giró y luego la depositó en el piso. Y ya, fue todo. Aunque el arte del performance requiere que el espectador construya su propia historia a partir de lo que le ofrecen en el escenario, hay ocasiones, como ésta, en que es mejor preguntarle al ejecutante qué es lo que trata de decir. Dijo que lo que quería era mostrar un balance. Se puede inferir que con la naturaleza, por el elemento que usó, pero eso sólo puede saberlo él.
Otra pieza fue esta: se tomó una rodilla, la levantó y estuvo parado en un solo pie. Luego cambió de pie, y se puso a dar brincos alrededor de una mesa, y así terminó el acto. Dijo que se trataba de equilibrio, aunque no dijo con qué.
Aunque para un artista como Roi Vaara, que ha dicho que no le importa la reacción de la gente hacia su trabajo, él lo hace y nada más, los pequeños actos cotidianos que presentó pueden tener significados importantes, para un público no especializado es difícil establecer en dónde está el arte en tomarse una cerveza e ir soplando la boquilla, haciendo diversos sonidos.
En otro performance que falló, sacó un cigarro y fue tomando encendedores de colores que tenía dentro de sus bolsillos, los intentaba prender y fallaban, y lo que pretendía Vaara era que ninguno funcionara y alguien del público lo interrumpiera para ofrecerle fuego, y si nadie le daba un encendedor que sirviera, simplemente tiraría el cigarro y se iría. El cuarto encendedor lanzó una llama como de cinco centímetros, el finlandés encendió su cigarro y sacó el resto de los encendedores y los tiró en el piso y se retiró. El escaso público aplaudió confuso. Entre las cerca de 30 personas estaban el equipo de producción y los otros artistas invitados.
En una charla posterior, Vaara dijo sobre su presentación que le hubiera gustado unir sus piezas con música o ruido rosa, formado por voces de personas semejando el mar, y consideró que el festival Transmuted es muy interesante porque se habían visto trabajos de gran nivel y muy diferentes entre sí, y “estaba muy curioso por ver lo que otras personas estaban haciendo”.
Respecto a por qué no había presentado piezas que ya tenía más armadas, como Apretones de mano con pintura fresca, dijo que la ocasión no se prestaba para hacerlo, ya que es un acto que hace en inauguraciones de exposiciones de otros artistas, y que además quería presentar algo nuevo, “no me gusta repetir”.




