Silvestre Pacheco León
Kinal Antzetik
El nombre de la organización significa Lugar de Mujeres en lengua tzeltal aunque la integran amuzgas, ñuu savii y mestizas de la Costa Chica de Guerrero que viven en los municipios de Ometepec, Xochistlahuaca, Tlacoachistlahuaca y San Luis Acatlán.
Un grupo de esas indígenas ha sido convocado para participar en el taller sobre Mujeres y Relaciones de Poder, en Ometepec, en la fecha en la que se celebra el Día Mundial contra el Cáncer de Mama, enfermedad que provoca la muerte de miles de mujeres.
No esperaban que fuera un hombre quien se presentara como facilitador, pero tampoco las sorprendió el hecho, pues con diez años de participación organizada las mujeres han aprendido a relacionarse en otro nivel con los hombres, más allá de la cotidiana convivencia con los de sus familias.
Primero es la presentación de cada una de ellas asistidas por traductoras. Dicen su nombre, el lugar de procedencia, el tiempo que tardaron en su traslado y algo que les guste de su pueblo. También agregan lo que esperan del taller.
Las condiciones en las que se realiza el trabajo para las talleristas no es el óptimo porque al espacio abierto que diluye la voz, el calor sofocante que sólo puede ser superado con unos ventiladores que hacen un ruido infernal, debía agregarse el natural hablar quedo de las indígenas por la falta de un micrófono.
Pero se impuso el interés del tema porque las mujeres aportaron su parte esforzándose por aumentar el tono de su voz y por prestar más atención a cada palabra dicha.
Las mayoría de las participantes madrugó para llegar a tiempo al taller, aunque todas las que necesitaron transporte se quejaron de un atasco en el camino por las obras que se realizan. Algunas no pudieron faltar a la marcha convocada por quienes dirigen el programa de Oportunidades, de manera que el grupo reducido que vino al taller también favoreció el desarrollo del programa.
Fue curioso que la mayoría de las mujeres al hablar de su pueblo destacaran como atractivo sus calles pavimentadas, las escuelas y las carreteras donde pasan muchos carros. Lo destacable fue el grupo venido de Xochistlahuaca que presumió de sus campos y las bondades de la tierra. Agua abundante y mucho trabajo que tienen ahora con la cosecha del cacahuate y la Jamaica.
Una señora da el contraste, viene de Igualapa y dice que su pueblo es de pura gente rebelde, de muchos machos y de harto atraso.
Otra presume de la limpieza del suyo y de la laboriosidad de las mujeres que de tan limpio que tienen han desterrado los zancudos. Como chiste le digo que eso no lo divulgue porque mucha gente querrá irse a vivir allí para huir del dengue que ahora alcanza la cifra de 3 mil infectados en el estado sin que a nadie parezca importarle.
Aurelia es caso aparte porque ella habla de su pueblo, Cumbre de Barranca Honda, de clima fresco, bonitos paisajes y de su casa como logro común de la familia.
Después de la presentación hablamos del tema central del taller cuya definición abunda en interpretaciones. Me interesa saber del tema que más les atrae y lo que puede servirles a sus necesidades inmediatas.
Mientras unas identifican al poder con los programas de las dependencias porque dan atención puntual a sus problemas económicos, aunque no vayan a la raíz de los mismos, otras dicen que las relaciones de poder se refieren al trato que ellas pueden tener con los funcionarios del gobierno, en lo que les interesaría ser diestras para gestionar apoyos que requieran para sus familias y también para su organización.
Sólo algunas de ellas identifican las relaciones de poder como aquellas que en el convivio cotidiano, familiar y comunitario van reproduciendo las pautas de la dominación y el sometimiento que en realidad son el origen y raíz del atraso.
A partir de éste hecho hablamos sobre el marco legal de los derechos humanos, desde la Declaración Universal de los Derechos del Hombre hasta las leyes puntuales del Estado mexicano sobre los derechos e igualdad de mujeres y hombres, pasando por nuestra Constitución para ir de ahí a la realidad en la que ellas viven.
Si para algunas de ellas era novedad la existencia de tantas leyes que hablan del deber ser, la mayoría empezó a preguntarse cómo hacer para que esas leyes sean del dominio público, que se conozcan hasta en el más alejado de los parajes donde viven, a fin de que hombres y mujeres sepan que han vivido en la equivocación y que para aplicar la ley hay autoridades que se erigen con ése único propósito.
Otras mujeres insisten en que tampoco es suficiente la existencia de las leyes y su divulgación, ni de las autoridades responsables de aplicarlas, porque para cambiar la realidad de desigualdad entre hombres y mujeres se ocupa el valor, la decisión y también la independencia económica de las mujeres que ahora viven sometidas.
En ésta parte las más activas en la participación son las amuzgas monolingües. Sus intervenciones giran en sus propias experiencias donde hombres y mujeres saben de esas leyes que proclaman la igualdad pero en sus relaciones mantiene el enorme peso de las tradiciones y de las costumbres, pues la resistencia para acceder a la igualdad no sólo proviene del interior de cada sexo, sino de la misma comunidad que ve mal tanto la liberación de la mujer cuando participa en la toma de decisiones familiares como la incorporación de los hombres a las tareas domésticas.
De toda esta discusión se desprende un caso insólito: las mujeres reconocen que ellas también son parte del problema y que tienen muchos recursos en sus manos para poderlo resolver. Paula lo dice con claridad, “Si seguimos educando a nuestros hijos con la vieja costumbre será cuento de nunca acabar la reproducción de los machos”. Ella expone su caso, dice que no fue fácil pero logró que su marido tomara parte en los quehaceres del hogar y a partir de esa realidad fue más fácil hacerlo con los hijos. “Un día estaba yo haciendo la comida y mi marido espera sentado en la mesa. Le pedí que me pasara su plato para servirle y me respondió que no había. Le dije fíjate en el lavadero –pero están sucios– tu verás si quieres que así te sirva, pero puedes lavarlo”.
La necesidad de cambiar esas relaciones de poder se fueron desgranando en el taller sin mucho esfuerzo porque todas las mujeres se pusieron en sintonía de que lo equivocado del mundo dominado por un sexo es lo que impide el desarrollo y también la felicidad.
El cambio no es fácil, pero se empieza por conocer sus retos. Las mujeres de Kinal cuentan que de los diez años que tienen organizadas son testigas de apenas 10 casos de familias que han accedido a la felicidad a través del respeto y la igualdad que han aprendido.
Todas las mujeres de la organización indígena saben las bondades que tiene la igualdad y han oído hablar de que hay instituciones que la promueven y apoyan, pero les falta valor y decisión para lograrlo. En el ejercicio que hicimos dicen que se impone todavía el miedo, que no saben cómo empezar a platicar con sus parejas y que la falta de seguridad para iniciar el cambio se debe a que no tienen independencia económica, porque sus maridos piensan que son ellos los únicos dueños del patrimonio familiar y que en esa creencia les ayudan las autoridades, “si uno se pone en plan de reclamar viene la amenaza de correr a una de la casa, y ¿de qué va a vivir”?
Cuando vimos en la pantalla del proyector la enorme diferencia entre las tareas que desarrollan diariamente las mujeres comparadas con las de los hombres pretendimos abonar en su optimismo con la idea de que siendo ellas quienes sostienen la institución del hogar, en realidad son depositarias de casi todo el poder, pues yéndose de la casa, el marido inútil será incapaz de mantenerse dos días.
Sin embargo y para no irnos al extremo dejamos claro que es tarea de hombre y mujer el cambio para la felicidad, que no se trata de excluir, sino de unir, pues tampoco el hombre es responsable único de todos los males aunque aparentemente sea beneficiario de la desigualdad que desde la familia enraíza para reproducirse a nivel social y ahora global.
Coincidimos en que ningún gobierno se interesa en preparar a la gente para cambiar y aprender los cambios que se van produciendo en el mundo, que todo debemos hacerlo por nuestra cuenta, como lo ha hecho su organización que no pidió permiso para constituirse.
Hicimos hincapié en que la crisis económica y la situación de pobreza no va a cambiar si nosotros nos mantenemos como estamos, que el aumento en los precios de los productos de primera necesidad seguirá su curso más rápido que antes y por eso urge aplicar desde nuestras familias el dicho popular “dos cabezas piensan más que una” en el caso de nuestras familias y que el desarrollo se alcanza cuando ponemos a las dos cabezas a resolver los problemas. En éste ejemplo aprovechamos para hablar del desarrollo que consiste en “la capacidad que tenemos de resolver nuestros problemas”. Dos cabezas que piensan diferente valen más que aquellas que piensan igual, a condición de que entre ellas exista el puente de la comunicación, ¿no?.
Si el nivel de discusión y los temas que se debaten para el cambio están siendo posibles en esa región marginada de donde es originario el gobernador del estado, mucho se debe a la ya legendaria Hermelinda Tiburcio quien no se conformó con el prestigio de ser Premio Nacional Indígena al Mérito Juvenil, sino que lo aprovechó para levantar esta organización de mujeres con un trabajo que no conoce tregua.




