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Provoca un irreverente DJ Silverio a los asistentes al cierre del festival de performance

Redacción

Sin el bigote y el corte de cabello estilo Los Bukis, pero con la misma actitud irreverente que lo ha caracterizado en su carrera, el Dj Silverio cerró las actividades del Festival Internacional de Performance Transmuted, con un concierto en la Gran Galería del Centro Cultural Acapulco.
El jefe del kitsch mexicano presentó temas de sus discos Nuevos ricos, Música para bombear y el más reciente, Esclavo. Un traje rojo con lentejuelas y camisa negra fue el vestuario.
Aunque prendió desde el principio de su presentación, uno de los momentos cumbres fue cuando tocó Yepa Yepa Yepa, canción que lo lanzó internacionalmente en la música electrónica.
Como parte de la intención de su acto es interactuar con la gente, al estilo de los Dj mexicanos de los años 80 y 90, estuvo metido en un juego constante de albures con las cerca de 100 personas que estuvieron la noche del sábado escuchando canciones como Superación personal y El iluminado.
“¡Aquí puros pinches exquisitos!”, gritó en una parte del concierto en referencia a los participantes del festival, lo que acicateó a los performanceros mexicanos Martín Rentería y Pancho López, así como al bielorruso Denis Romanovski, quienes se integraron a la fiesta de brincos.
El músico originario de “Chimpancingo”, Guerrero, bailaba a brincos, mientras de un lado y de otro volaban escupitajos, cerveza, mezcal y otros líquidos sin identificar. Para los “exquisitos”, es necesario llevar sombrero si van a una tocada de Silverio.
En el mismo tono de juego agresivo, exclamaba: “música moderna para gente pendeja”, y cuando sonaban los primeros beats de Todos lo sabemos, interrumpió la canción diciendo “esta pinche canción no me gusta”, por lo que mejor se arrancó con Fat trip, que tiene un ritmo más rockero y quedaba mejor con el ambiente que se vivía en el salón; para no perder el impulso, se siguió con Circunstración.
Cuando soltó El rey del hogar, el slam, como en tocada de rock, se prendió más, algo que es poco común en los conciertos de música electrónica, pero con la energía que desplegaba Silverio no hubo forma de que no sucediera.
Ya sin el saco, saltó hacia el público, y aunque le querían dar pamba, supo escabullirse para atrapar por la cintura a una delgada morena enfundada en vestido negro de noche; la tomó por la cintura e hizo vuelta olímpica por la Gran Galería, regresó a su pequeño altar, subió a la chica y la puso a bailar; cuando intentó cargarla, se le escapó de los brazos y cayó sobre sus sintetizadores.
El Dj estaba sin camisa cuando otra atractiva joven, fotógrafa oficial del festival, tuvo la valentía para acercarse al autonombrado Hijo pródigo de Chilpancingo. A pesar de su resistencia, Silverio la abrazó, con descaro olisqueó su busto y dijo en el micrófono “ésta sí se bañó”. Con cara de gran disgusto, la fotógrafa, como pudo, bajó del escenario.
Cayó la camisa negra, luego de un constante intercambio de escupitajos, como en los mejores tiempos de bandas legendarias del punk como los Sex Pistols o GG Allin and the Junkie Murderers.
El artista de performance polaco Arti Grabowski, con una pequeña cámara, grababa cómo bailaba el público. Silverio, en su apoteosis, escupió hacia uno de los cristales de la Gran Galería, tomó la cerveza que tenía, le dio un trago y lo escupió sobre el público. El líquido cayó en parte sobre Grabowski, quien inmediatamente se retiró. Esto llama la atención en un artista de performance, ya que causar reacciones en el público es una de las premisas de este arte-acción, e incluso Roi Vaara, otro de los participantes en el festival, tiene un acto en el que saluda de mano a la gente con la mano rebosante de pintura blanca. Tal vez Silverio es muy “naco” para tan altas aspiraciones artísticas.
Con Gorila, salió el pantalón. A petición popular, puso El dedo suizo en el equipo que llevó, que incluye una tabla digital con la que, a golpes, va poniendo efectos sobre la canción.
Completamente desinhibido, cuando uno de los asistentes, que reclamaba una y otra vez “enseña las nalgas”, Silverio mostró el par de rasurados testículos que ocultaba tras la trusa roja, diciendo: “tú eres de los mira-braguetas; no mames, tienes una mujer hermosa a tu lado”. Pero ante la insistencia, un par de canciones después cedió y arremangó la prenda íntima para mostrar el par de escuálidas nalgas en las que se sienta.
“Qué fiesta tan aguada”, gritaba al público. Uno de los asistentes respondió: “Regrésate a Chilpancingo”. El Dj, sin perder nunca la sonrisa, le contestó: “En Chilpancingo está peor que aquí, no mames”. Luego se sacó un botín, lo llenó de cerveza y bebió de él. El resto de la chela, como era de esperarse, cayó sobre el público.
Hizo que el ánimo cayera. “El detalle está en la elegancia”, dijo antes de ponerse los pantalones al revés. Enfundó el saco, y sin despedirse, con su sonrisa cínica, salió por una de las puertas laterales de la Gran Galería. Fue el mejor mejor acto de performance del festival, por su intensidad, su energía. por su comunicación por el público, y sobre todo, porque ninguno de los artistas europeos convocados logró un público tan numeroso.

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