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Jesús Mendoza Zaragoza

Ir a fondo con la basura

Uno de tantos puntos críticos en las administraciones municipales de Acapulco ha sido el manejo de los desechos. Gobiernos van y gobiernos vienes, priístas y perredistas y “se la van llevando” con los métodos tradicionales de recolección de basura. A esto hay que añadir la carencia de una cultura ambiental adecuada, tanto en autoridades como en la población, para reducir los índices de contaminación del suelo, de los entornos naturales y de la bahía. Pareciera que estamos condenados a lidiar con la basura como parte de los escenarios urbanos, pues para las autoridades no es un asunto que merezca la atención como para encontrar una solución de fondo.
Más allá de los aspectos técnicos, una solución de fondo implica, al menos, dos cosas. La primera tiene que ver con una visión ambientalista de los residuos como materiales o productos no deseados, cuya recolección, tratamiento y eliminación no se hace de manera mecánica. En este sentido, esta visión ambientalista pasa por la selección y la separación de los desechos, pues muchos de ellos pueden ser reciclados y reutilizados, proporcionando no sólo beneficios ambientales sino también económicos, pues pueden dar la oportunidad a nuevas fuentes de trabajo. Y, por otra parte, la separación de los desechos puede reducir a volúmenes muy bajos lo que haya que eliminar como basura. Es sabido que gobiernos municipales anteriores recibieron propuestas muy bien diseñadas pero no manifestaron interés. Prefirieron las soluciones fáciles pero fugaces.
La segunda está muy vinculada a la selección de desechos y tiene que ver con la educación. Se necesita un esfuerzo colectivo para convencer a toda la población sobre la bondad de la separación de los desechos. Hay que entender que no todos los desechos son basura y que nos conviene, por muchas razones, optar por este método. Ya en el sistema educativo se empiezan a hacer esfuerzos en torno a una educación ambientalista. Pero, en este caso, todos necesitamos ser reeducados para generar una cultura colectiva capaz de llegar a una solución al problema de la basura que nos aqueja. El municipio puede detonar un proyecto de educación ambiental vinculado al manejo de los desechos, con un impacto suficiente para cambiar conductas relacionadas con el manejo de la basura.
Gobiernos irresponsables y ciudadanos indolentes se entrecruzan para que el problema de la basura sea mayor hasta el punto de que pueda convertirse en una emergencia sanitaria. Inercias antiguas en el manejo de los desechos pueden ser cambiadas, sólo necesitamos que el nuevo gobierno municipal tenga un poco de inteligencia para que caiga en la cuenta de que mientras se desplace hacia el futuro una solución de fondo, lo que se haga no será más que nadar de muertito en el tema de la basura.
Por otra parte, Acapulco vive de su imagen, pues el turismo llega en la medida en que la imagen del puerto es atractiva. La belleza natural que hemos heredado necesita ser cuidada y cultivada. Tenemos que abrirnos a nuevos horizontes del turismo y no restringirnos al de “reventón” que tiene que ver con centros nocturnos y discotecas. Una bahía limpia es muy atractiva. Una ciudad limpia, también lo es. Los barrios históricos, debidamente limpios y con una decoración popular pueden ser sitios de visita. Además, tenemos en el entorno de Acapulco un gran potencial para el turismo ecológico. Pero todo esto es posible si resolvemos el problema de la basura a fondo.

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