Carlos Toledo Manzur
Las luchas campesinas por la conservación ambiental
Preocupa mucho el tono que algunos han tomado para debatir en torno a la conservación ecológica en la región de La Montaña. Descalificaciones, calumnias, información inexacta y muchas veces falsa. Discurso violento y hasta irrespetuoso. Ese tono de discusión y las acciones violentas no conducirán a nada positivo para esa región. Por ello es necesario hacer un esfuerzo por que prevalezcan en esa discusión el intercambio de información completa, el diálogo y el debate real de argumentos.
Las reservas de la biosfera han sido en las últimas décadas uno de los principales instrumentos para la conservación de la biodiversidad en México. Actualmente, existen 41 reservas de este tipo en todo el país, las cuales ocupan 12.6 millones de hectáreas que representan el 6.4% del territorio nacional, la mitad de toda la superficie cubierta por algún tipo de Áreas Naturales Protegidas (ANP). En muchos sitios han sido fundamentales para preservar ecosistemas de gran valor. Por ejemplo en la región Lacandona, en donde hace varias décadas, cuando la reserva de Montes Azules se estableció, existían dentro y fuera de su territorio aun vastas superficies con selvas altas perennifolias, el ecosistema terrestre más diverso del mundo, mientras que ahora prácticamente prevalecen solo las áreas que se encuentran dentro de la reserva, ya que la ganadería extensiva y otras prácticas destructivas arrasaron con prácticamente toda la vegetación natural, menos la de la reserva.
O el caso de la Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca, que ha logrado en los últimos años disminuir sensiblemente el violento proceso de deforestación que amenaza al maravilloso proceso migratorio de este bello insecto. Y así, se pueden citar múltiples casos en los que estos instrumentos de conservación han logrado resultados importantes en la preservación de la extraordinariamente rica biodiversidad con que nuestro país cuenta.
El dato de 13% de superficie nacional cubierta con reservas ecológicas contrasta tristemente con el 0.1% de la superficie del estado de Guerrero que cuenta con algún tipo de ANP.
Lo anterior no significa que el establecimiento y operación de reservas no haya generado problemas y conflictos con las comunidades indígenas y campesinas que habitan esos territorios. En efecto en varios casos las ANP se han decretado sin considerar las opiniones e intereses de los campesinos e indígenas. La participación de las poblaciones locales en la operación y administración de las reservas, aunque se ha incrementado en los últimos tiempos, es aun limitada. Sin embargo, no es verdad que el establecimiento de ANP haya sido el vehículo para quitarle las tierras a los campesinos. En la gran mayoría de los casos el establecimiento de las reservas ha respetado por completo la propiedad de las comunidades. Solo en ciertas ocasiones, como fue por ejemplo el caso de la zona núcleo de la reserva de Los Tuxtlas en Veracruz, se llevó a cabo un proceso de expropiación, mayormente sobre medianos propietarios.
Las fricciones entre reservas y pobladores se ha generado en la mayoría de los casos por la presión de crecimiento de las comunidades que, ante la ausencia de alternativas de modernización de sus sistemas productivos, tienden a invadir las zonas que aun se conservan. Por ello se requiere de cambios en los patrones de producción y desarrollo agropecuario, hacia la intensificación sustentable, hacia el uso de las potencialidades que los recursos representan y que los modelos productivos prevalecientes no aprovechan.
Otra aseveración completamente falsa es la que vincula el proyecto de reserva de la Biosfera de la Montaña con los proyectos de introducción de empresas mineras a esa región. No existe ningún argumento ni dato o hecho que pueda fundamentar esa afirmación. Solo que en el marco de la negativa rotunda de recibir información y de escuchar argumentos, la repetición que hacen algunos actores de que la reserva está vinculada con las mineras ha tenido efectos en varios líderes comunitarios. Por el contrario, la existencia de una reserva de la biosfera, o de otra forma de ANP, constituye un elemento regulatorio que permitiría impedir proyectos que las comunidades no deseen o juzguen inconvenientes para la región.
Por lo anterior es que se habla de una reserva de nuevo tipo para La Montaña y en general para Guerrero, ya que nuestro estado posee esa doble característica de alta riqueza biológica y muchas comunidades campesinas marginadas. Aquí se requiere la conservación de la biodiversidad, pero con instrumentos que cuenten con un amplio consenso de las comunidades informadas, y en donde los pobladores tengan una amplia y definitoria participación. Las zonas indígenas son las que en la actualidad mantienen conservadas amplias zonas de alta biodiversidad. Es por eso que la conservación de esas zonas debe forzosamente pasar por el tema del incremento del bienestar de esas comunidades. Esa es la discusión de fondo y el reto. Cómo conservar y a la vez mejorar las condiciones de vida de la población que ahí habita.
Por lo pronto, el proyecto de Reserva de la Biosfera de La Montaña se encuentra suspendido y así seguirá mientras no cuente con el respaldo de las comunidades. Sin embargo, resulta fundamental abrir la discusión y profundizar la comunicación lo más ampliamente posible acerca de la urgente necesidad de preservar la riqueza biológica y buscar la transformación social que permita sacar efectivamente de la pobreza a esa región.




