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Representa grupo teatral el ritual del corte de vientre japonés en el Parque Papagayo

Redacción

El grupo Laboratorio de Artes Escénicas (LAE) de Chilpancingo, presentó este miércoles la obra Seppuku, ritual del corte de vientre, en el auditorio el parque Papagayo, como parte de las actividades de la sexta edición de La Nao, Festival Internacional Acapulco 2012.
Sin grandes elementos sobre el escenario, sólo un teclado –cubierto con tela blanca–, un par de bongós, un violín y un xilófono, los miembros del Laboratorio de Artes Escénicas mostraron, utilizando la danza butho, originaria de Japón, el suicidio ritual que solían practicar los guerreros samurái cuando perdían el honor, aunque también era común en la época feudal de ese país oriental que los guerreros lo hicieran como acto de solidaridad con su amo.
Dos de los actores, Isaac Roalba y Gabriel García, con los cuerpos pintados de blanco y vestidos sólo con pantalones de algodón del mismo color, se arrastraron por las tablas para llegar, con movimientos suaves, hasta los instrumentos musicales, con los que crearon la atmósfera necesaria para la aparición del samurái, que fue interpretado por el actor Manuel Maciel.
Maciel—hijo del dramaturgo unirversitario Manuel Maciel Campos—, ataviado con un sencillo kimono, con maquillaje blanco y peinado al estilo de los guerreros de Japón, logró, mediante una serie de muecas y una buena expresión corporal, transmitir al público que se reunió en el parque Papagayo –integrado por familias y jóvenes– el dramatismo del suicidio ritual.
Todavía en el siglo XX, el escritor, actor y director de cine japonés Yukio Mishima, quien en sus trabajos cinematográficos y literarios ponderó el rescate de los valores tradicionales de su país, se suicidó de acuerdo con este ritual.
El momento más intenso de la obra fue cuando el samurái tomó una daga, y la enterró en su vientre, con un gran grito que sorprendió a la audiencia. Sin embargo, no se mostró el movimiento completo que hacían los samuráis, que consistía en enterrar la espada en el vientre y empujarla hacia un costado, para ocasionar un desentrañamiento, tras lo cual, para evitarle una agonía larga y asegurar la muerte del suicida, uno de sus acompañantes lo decapitaba, tal como lo practicó el mencionado escritor Yukio Mishima.
Luego del suicidio se escuchó en el sonido un poema que hablaba sobre la fragilidad de la vida y lo fácil que puede terminar, ya que, comentaron los protagonistas, era costumbre que quien se mataba escribiera un poema de despedida. Posteriormente, el samurái tomó el xilófono, y con sus compañeros en los bongós y el violín, ejecutó suaves melodías que crearon un ambiente de calma y reflexión.
Luego de su actuación, los miembros del Laboratorio de Artes Escénicas explicaron que la obra Seppuku, ritual del corte de vientre era para mostrar a un samurái “que acaba de librarse de la cárcel que es el cuerpo, la vida, la realidad”, y con su puesta en escena “queremos ofrecer nuestra libertad, nuestra imaginación, nuestra creatividad.”
También subrayaron que la danza butho es una expresión artística que nació en Japón después de los bombardeos contra las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, casi al final de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, y se creó para “traer las voces del más allá”, como una manera de conectarse con las miles de víctimas de las bombas atómicas arrojadas por Estados Unidos.

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