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Moisés Alcaraz Jiménez *

¿A dónde va la reforma laboral?

Este martes se aprobó en lo general en el Senado de la República la reforma laboral con cien votos a favor del PAN, PRI, PVEM y PANAL y 28 en contra del PRD, PT y Movimiento Ciudadano. Esa reforma a la Ley Federal del Trabajo, permitirá a patrones pagar por hora a sus trabajadores, subcontratar empleados, utilizar contratos temporales, facilitar el despido de trabajadores y no pagar más de 12 meses de salarios caídos. Como se ha confirmado hasta el cansancio, se trata de una reforma que sólo beneficia a los patrones y cancela conquistas históricas de los trabajadores.

Sin embargo, en lo particular, senadores del PAN en alianza con PRD, PT y Movimiento Ciudadano, modificaron ocho artículos de esa reforma referentes a democracia sindical que obliga a los dirigentes gremiales a transparentar su gestión, rendir cuentas del dinero que manejan e introduce la elección mediante el voto libre, secreto y directo de las directivas de los sindicatos.

De esa forma, la minuta fue devuelta al parecer el pasado jueves a la Cámara de Diputados, donde ahora no se sabe qué hacer con ella debido a las grandes lagunas y vacíos jurídicos que conlleva la llamada iniciativa presidencial bajo la modalidad de preferente.

Hay quienes afirman que con la devolución de la minuta a San Lázaro, la iniciativa de Felipe Calderón perdió el carácter de preferente. Otros legisladores opinan que, por el contrario, ese carácter no se pierde y más aún se debe publicar y hacer válida la reforma aprobada en lo general y dejar pendiente el asunto de la democracia sindical, particularmente la transparencia y la rendición de cuentas.

Es decir, hacer valer el proyecto del PRI de reformar la Ley Federal del Trabajo sólo en el rubro que asegura amplios beneficios a los patrones a la vez que permite a los dirigentes sindicales continuar viviendo en la antidemocracia, la corrupción y en la más absoluta impunidad al manejar a su antojo, sin informar a nadie sobre el destino de las cuotas sindicales y sobre el patrimonio gremial, cuotas que en algunos sindicatos llegan a constituir millones de pesos, sin que los trabajadores conozcan en qué se gastan.

Ante la falta de claridad jurídica de la llamada iniciativa preferente, se habla ya de la posibilidad de enviarla a la congeladora legislativa, lo cual parece imposible y más bien, dentro de la incertidumbre que prevalece, parece ser que el análisis de la iniciativa continuará quitándole el carácter preferencial con los plazos que tradicionalmente consumen las iniciativas regulares.

En los debates que vienen en San Lázaro sobre este tema, el PRI seguramente continuará presionando para alcanzar una iniciativa en los términos en que ya había sido aprobada por los diputados: favorecer al patrón y reducir al neoesclavismo a los trabajadores garantizando al empresario la máxima explotación obrera en un ambiente sindical de protección absoluta a dirigentes corruptos que se mueven en la impunidad que representa cobrar millonarias cuotas sin rendir cuentas a nadie y eternizarse en los cargos de dirección sin que haya poder humano que los pueda mover.

Ese sería el escenario ideal que busca el PRI y el peor para los trabajadores. El proyecto del PAN, además de ser completamente patronal y lesivo para los trabajadores, busca un equilibrio al proponer a cambio la democracia sindical. El PRD y aliados se quedarían con esto último sin más modificaciones a la ley.

A fin de cuentas la postura del PAN no es más que una “cortina de humo”, como se afirmó desde la izquierda, cuyos legisladores agregan que la reforma es lesiva para los trabajadores aunque incluya la democracia sindical (La Jornada, octubre 23, 2012, pag. 5).

En todo esto no deja de llamar la atención que la postura más retrógrada, antidemocrática y altamente dañina a los trabajadores, es la del PRI, que a la vez que envía a los trabajadores a un nuevo tipo de esclavitud, protege a las mafias sindicales que representan el signo más oprobioso que mantiene vivo al viejo régimen.

Meses atrás escribí en estas páginas que la nueva clase política priista era mucho más conservadora que su predecesora y cada día se confirma que, efectivamente, esa nueva clase de políticos tricolores están ideológicamente más ubicados a la derecha de la derecha y que no dudarán en los próximos días en lanzar una ultraconservadora ofensiva sobre lo que queda del patrimonio nacional para entregarlo al sector privado, además de reformar leyes hacendarias para que los trabajadores paguen más impuestos que los empresarios a quienes les asegurarán la vigencia o el mejoramiento del paraíso fiscal en que viven.

 

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Twitter: @MoissAlcarazJim

 

*El autor es director estatal de Gobernación

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