Tomás Tenorio Galindo
OTRO PAÍS
* Olinalá amenazado
La determinación de los habitantes de Olinalá, de enfrentar ellos mismos a la delincuencia organizada ante la incapacidad, indiferencia o complicidad de las autoridades municipales, estatales y federales, refleja el inquietante poderío del crimen organizado, que rebasa al gobierno y hace estragos en los municipios.
Hoy en Guerrero, los militares parecen tener una idea más precisa de la dimensión del crimen organizado, y no la ocultan. El general Benito Medina Herrera, comandante de la 27 Zona Militar de Acapulco, dijo que los nuevos caciques regionales son los narcotraficantes que se desempeñan como jefes de plaza en los municipios. Y el comandante de la Novena Región Militar, el general Guillermo Moreno Serrano, no tuvo más remedio el jueves pasado que avalar la autodefensa emprendida por los ciudadanos de Olinalá. Hasta subrayó que es una acción “loable” y “muy correcta”. (El Sur, 24 de octubre y 2 de noviembre de 2012).
El reconocimiento del general Medina Herrera del peso que han adquirido en los municipios los jefes de plaza de las bandas del narcotráfico quizás le brinde algún alivio al atribulado ex alcalde de Arcelia, Ernesto González Hernández, quien en junio pasado dijo con franqueza que los que mandan en los municipios de Guerrero son los narcos, y que incluso “hay que pedir permiso (al narco) para hacer política”. Después, preocupado por la gravedad de esa declaración, González Hernández intentó desdecirse, sin éxito. El comandante de la 27 Zona Militar debe disponer de más elementos que el ex alcalde de Arcelia para hacer ese diagnóstico tan alarmante, que por otra parte se confirma día tras día a pesar del complaciente discurso gubernamental.
El gobierno ya no sabe qué hacer frente a esa realidad, y la ciudadanía ha comprobado la negligencia oficial en esa materia. De ahí que los habitantes de Olinalá ni siquiera soliciten apoyo a las policías estatales sino directamente a la Marina. Al contrario de Huamuxtitlán, donde hace meses sucedió un levantamiento similar, en Olinalá las circunstancias adoptaron muy rápido un perfil explosivo que amenaza con convertirse en una tragedia si no se actúa con contundencia y oportunamente para proteger a la población.
La única opción es barrer con los grupos criminales y llevarlos a prisión. Si eso no sucede, entonces la población quedaría expuesta a una represalia de la delincuencia. Lo saben los mismos habitantes de Olinalá, que han hecho pública su angustia por la suerte de once jovencitas que aparentemente habían establecido vínculos personales con algunos integrantes de esas bandas y que fueron quienes aportaron la información para su persecución. No podrán el gobierno del estado ni las fuerzas armadas pretextar desconocimiento si llegara a ocurrirles algo a algunas de esas adolescentes.
Al menos hasta ayer, no se sabía que la Operación Guerrero Seguro hubiera extendido la protección que le fue solicitada a través del gobierno del estado. Al gobernador Ángel Aguirre no le corría prisa para brindar esa protección, pues con una parsimonia exasperante informó el sábado que propondría el requerimiento a los mandos de ese programa. Es posible y deseable que efectivos de la Marina o del Ejército a esta hora recorran las calles y vigilen las entradas a Olinalá, como lo hicieron hace quince días en Teloloapan. Si existían motivos para que los mandos de Guerrero Seguro en pleno acudieran a esta ciudad de la zona Norte a dar protección al alcalde Ignacio Valladares, con mayor razón los hay para que se apresure su instalación en Olinalá. Y después, en el siguiente municipio que manifieste los mismos síntomas…
La Roma figueroísta del trópico
El título de un libro de la novelista australiana Colleen McCullough inspiró al diputado local Rubén Figueroa Smutny la fórmula para proclamar la supremacía de su padre en el PRI guerrerense. En su faceta de articulista de La Jornada Guerrero –diario que el figueroísmo emplea como plataforma de propaganda en Acapulco–, Figueroa Smutny planteó el martes pasado que en el priísmo guerrerense solamente hay dos sopas: la de su papá Rubén Figueroa Alcocer y la de René Juárez. Pero más la de su papá, según se entiende por el título de su artículo: El primer hombre de Roma, que es el título del libro de Colleen McCullough. Los demás priístas, dice, pertenecen a “la plebe” igual que en el imperio romano. “Los ex gobernadores tienen un poder aglutinador implícito; los ex candidatos derrotados no lo tienen”, sentenció de forma inapelable. En alusión a su enfrentamiento con Héctor Astudillo, escribió que “rinde mejores resultados… hablar con la verdad”, pues “la política de la intriga palaciega en los pasillos del poder ha dado paso ahora a la nueva forma de hacer política, en un nuevo PRI con cambio de actitud, cambios de forma y de fondo”. Esas expresiones lo describen a él, como autor de la intriga y las mentiras implicadas en ese episodio, pero él pretende estar hablando de Astudillo. En esa fantasía de Figueroa Smutny la conclusión es que hay por lo tanto un segundo hombre en la Roma figueroísta: él (en el supuesto de que el primero sea su padre y no él mismo).




