Pauline Piskac*
Arte urbano en Acapulco
Todos hemos tenido contacto con el arte urbano o arte callejero: muros de casas, vagones del metro y techos que son vueltos a la vida a través de pequeños o grandes dibujos, grafitis, palabras y frases. A veces sólo se pueden ver unas palabras de tipografía inventada llamados tags que usan grupos de jóvenes para etiquetar “su” territorio. En otras ocasiones la letra se convierte en frases significativas para mostrar el amor por alguien, criticar el sistema o simplemente regalar una sonrisa al lector. En su mayoría el arte urbano es una actividad ilegal.
Sin embargo hoy en día ya existe una gran cantidad de artistas callejeros, cuyas obras son reconocidas internacionalmente, como el neoyorquino Jean-Michel Basquiat, quién, aunque falleció en 1988 a los 27 años, fue uno de los artistas jóvenes más famosos. Aunque más conocido por sus pinturas, Basquiat comenzó su carrera dejando notas de grafiti en las calles del barrio Soho bajo el seudónimo SAMO ©. Mientras los inicios del artista afroamericano consisten básicamente en escritura, las manifestaciones del street art hoy en día muestran una variedad mucho más amplia. Aparte del grafiti, el uso de plantillas es común en el arte urbano. El artista callejero más conocido de dicha disciplina es el inglés Banksy, cuya identidad completa no se ha revelado hasta hoy. Su obra radica en una intervención en los procesos convencionales de la comunicación con imágenes sarcásticas o críticas que tienen como tema hechos sociales. Mientras la técnica de esténciles o plantillas existe desde la mitad de los años 60, el arte urbano es más moderno. El término street art nació en los años 90 del siglo pasado.
Acapulco ahora también tiene un espacio oficial para poder observar el arte callejero; con la clausura de una semana de trabajo se inauguró el viernes pasado el primer museo callejero en el barrio de Petaquillas. Debido a una amplia oferta de talleres para los habitantes jóvenes, el gestor cultural Alfonso Hernández Gómez dio un primer paso hacia el cambio de la fama del barrio por su peligro.
Mucho más trabajo les quedó por hacer a los artistas invitados a esta “invasión” creadora. Tanto artistas nacionales como acapulqueños vinieron a dejar su sello. Con permiso de los dueños de algunas viviendas los artistas le daban un nuevo aspecto colorido a las antiguas paredes de Petaquillas. El recorrido comienza con el mural Allí vienen los piratas pintado por David de León. La obra hecha con oleo y acrílico fascina por su estilo hiperrealista, los piratas parecen estar a punto de saltar de la imagen. Pasando por un grafiti gigante en tono gris uno encuentra en un callejón el único mosaico del museo hecho por los artistas Gerardo León Naranjo y Martín Carrillo. Con el deseo de dejar algo más durable, los artistas no sólo usaban trozos de cerámica comprada, sino que también involucraban pedazos de trastes que les entregaban los vecinos para la obra. Esta es un homenaje a Leobardo García, constructor de guitarras, quien vivió en Petaquillas. Su retrato está integrado en el mosaico de una guitarra de la que brinca una clave de sol.
Siguiendo el paseo, uno pasa por un muro mostrando las obras de jóvenes que participaron en el taller de Olmo, artista de Juárez quien contribuyó al museo con un pintoresco maquina-corazón que hace publicidad para la bebida tradicional, el chilate. Bajando unas escaleras se ve una niña en una caja por las dos paredes de una casita. La obra de grafiti hecha por Rafa aka X83 del Distrito Federal muestra una amplitud de referencias hacia el puerto: la caja como reminiscencia a los barcos que llegan a Acapulco con sus cargas y la niña con los rostros de la gente como ojos grandes, piel morena y labios anchos. También los artistas acapulqueños Jairo González y Juan Carlos Torres festejan uno de los trabajos más importantes del puerto. Su obra de grafiti muestra un joven pescador llegando del mar quien está a punto de abrazar a su amada. Los grafiteros jóvenes dedicaron en promedio ocho horas diarias a la creación, tiempo que quizá ni era suficiente para la pieza detallista de Abigail Medina. Su criatura (por un lado cabeza de dragón chino y por el otro Quetzalcóatl) que representa con mini-dibujos en su cuerpo de serpiente parte de la artesanía mexicana y guerrerense como las cajitas pintadas con sangre de jabalí hechas en Olinalá.
Tanto los vecinos de Petaquillas como los artistas quedaron contentos con los resultados y el deseo es que se generen más acciones parecidas en las colonias del puerto.
“Yo creo mucho en el arte, la educación y la cultura como armas para un cambio social importante.” destaca Gerardo Naranjo. Su opinión es compartida entre los artistas quienes con proyectos como este ayudan a crear un camino para sensibilizar a la gente y vincular a la comunidad. El proceso de crecimiento creativo está en marcha. Ahora está en los demás contribuir a cambiar la violencia por el arte y la cultura.
*Crítica berlinesa especializada en arte mexicano y colaboradora de revistas internacionales. Actualmente radica en Acapulco.




