Madre de niño discapacitado pide apoyo para operar a su hijo y evitarle un cáncer
Fernando Hernández
Jesús Rogelio de la Cruz cumplirá ocho años en diciembre. Desde su silla de ruedas “ve” a los demás niños y niñas jugar, pero solamente los escucha. Desde los siete meses vive con discapacidad motriz, ceguera y ahora a su tragedia se suma la posibilidad de que un padecimiento gástrico se convierta en cáncer.
Ayer Jesús Rogelio recorrió en su silla de ruedas la planta baja del Ayuntamiento –es prácticamente imposible que suba a la segunda, debido a su discapacidad–.
Hizo el recorrido en su transporte que desde hace casi ocho años opera su madre, Virginia Flores. En busca de apoyo, ayer caminó entre las diferentes dependencias de la planta baja, como lo ha hecho muchas veces.
La imagen de la mujer de alrededor de cuarenta y tantos años que empuja la silla en la que va sentado un niño de piel morena es una de las postales cotidianas del palacio municipal, son imágenes en movimiento de la pobreza, marginación y exclusión social que prevalecen en Iguala, mismas que contrastan con las el brillo de los lujosos automóviles de los altos funcionarios de la administración municipal y de quienes vistan el palacio municipal.
“Tengo una niña que también tiene estrabismo, va al jardín yo no puedo dejar a mi hijo en la casa, no puedo trabajar, muchas veces he pedido dinero para comprar las medicinas de mi hijo, no me da vergüenza una madre es capaz de todo por su hijo para que su hijo este bien”, explica a Virginia Flores a un grupo de reporteros y reporteras con su voz entrecortada que se mezcla con ese característico acento fonético de las periferia de Iguala en el que todavía se perciben rastros de su lengua madre.
Entonces contó su dolorosa historia, que ha contado miles de veces a cientos de personas para procurar algún apoyo para su hijo que está condenado a vivir en una silla de ruedas, y en un mundo de oscuridad en el que su único contacto con el exterior son los sonidos, las voces que entran por sus oídos.
Jesús Rogelio nació como un “niño normal” su vida fue como la cualquier otro niño hasta que cumplió siete meses.
“A los siete meses mi niño se me cayó” –cuenta la madre mientras fija su mirada en un punto fijo para evitar que fluyan sus lágrimas–, “se lastimó muy feo, y así se me comenzó a poner cada vez más mal”.
Agrega que por ese tiempo “su abuela le dio de tomar aceite para el cabello por accidente, mi niño broncoaspiró el aceite y no lo atendieron a tiempo, dejó de respirar por mucho tiempo –minutos–, lo que hizo que se le murieran la mitad de las neuronas de su cerebro”.
Conforme pasó el tiempo y le hicieron estudios de la vista “y me dijeron que mi niño no podía ver, los doctores en México me dijeron que después iba a recuperar la vista pero nunca pasó, mi niño no ve, no camina, no puede moverse por sí mismo, sólo oye”.
En algún momento de la entrevista parecía que Jesús Rogelio reaccionaba a las preguntas que los reporteros hacían a su madre, de su boca que por lo regular está abierta salían sonidos que podrían confundirse con quejidos de dolor o primitivos llamados a su madre…cómo los de un bebe de siete meses. Pero su madre dejó en claro que el niño no entendía en lo más mínimo las palabras, “nada más lo que hace es a veces reír”, puntualizó.
Virginia Flores mencionó que desde hace cuatro años los médicos en la Ciudad de México diagnosticaron a Jesús Rogelio un problema de “reflujo gástrico”. Aseguró que ese problema podría convertirse en poco tiempo en cáncer de estomago.
Los médicos que han visto a Jesús Rogelio le han dicho a su madre que el reflujo gástrico que sufre el niño se solucionarían con una operación que tiene un costo aproximado de 5 mil pesos en el Hospital del Niño Morelense, dónde está siendo atendido el niño.




