Marchan católicos por la avenida Costera para pedir que regrese la paz
Mariana Labastida
Miles de católicos marcharon en el puerto con la imagen de la Virgen de la Soledad, el Señor de Petatlán y el Del Perdón de Igualapa para la misa de consagración.
Ahí, el secretario general de Gobierno, Humberto Salgado Gómez, refrendó el respaldo del gobierno del estado a la iglesia y se congratuló de la unión en oración por la paz del municipio y el estado.
Por su parte el fundador de la Misión por el Amor de Dios en Todo el Mundo, John Rick Miller, llamó a orar si se quiere que “Acapulco sea un lugar de familia, bondad, santidad y seguridad”.
Los miles de católicos partieron de la nueva catedral, la parroquia de La Garita y la Base Naval al Centro de Convenciones, donde se realizó la consagración –entrega– de Acapulco a la Virgen María, así como al estado por violencia.
Las imágenes de la Virgen de la Soledad, el señor de Petatlán y Del Perdón fueron colocadas al frente donde se realizó la misa, mientras que el cuadro que fue donado a la Catedral, una réplica exacta de la Virgen de Guadalupe que se encuentra en el Tepeyac, fue recibida entre aplausos mientras el cantante Alexander Acha interpretaba La Guadalupana y posteriormente fue bendecida por el arzobispo Carlos Garfias Merlos.
“La recibimos con fe y esperanza, la recibimos en Acapulco para hacer más fuerte y viva la imagen de María con nosotros” dijo el arzobispo.
Antes de la celebración eucarística, el fundador de la Misión por el Amor de Dios, John Rick, se dirigió a los asistentes y les expuso que actualmente se adora a más dioses que en otros tiempo y la humanidad se deja llevar por lo material, que la “oscuridad” destruirá la gente de Dios “en esta ciudad, país, mundo”, por ello pidió que se unan en oración y proteger a todos.
Expuso, con ayuda de una traductora, que actualmente se viven “tiempos extraordinarios, en una guerra en todo el mundo, mal guerra espiritual, la cual comenzó por permanecer callados y apáticos, esperando que otros solucionen los problemas”.
Resaltó que la promesa de Dios es restaurar la nación: “todo lo que tenemos que hacer es aceptar nuestra identidad y dejar de ofender a Dios para que se recupere a Acapulco. Dios concederá todo lo que necesita para que vuelva a ser un lugar que llamen hogar”.
Por su parte, Humberto Salgado dijo estar “emocionado con la honrosa representación del gobernador en una actividad para convocar a unirse en oración y pedir por la paz de Acapulco y Guerrero”.
Resaltó que “en este tiempo de violencia es cuando más necesitamos nuestra fe”, que el problema de seguridad no es privativo del estado ni del país, que “quizá se da con mayor fuerza porque muchos hombres han extraviado lo más valioso del ser humano que es la fe”.
Agregó que se debe de tener un “ambiente propicio, con seguridad y confianza para desarrollar la vida de manera ordenada, equilibrada y plena”.
El funcionario celebró la consagración para que sea “la transformación en todos los contextos de la vida social que desea vivir en paz con dignidad y sin violencia”.
Mientras que el arzobispo explicó en la homilía, que la consagración se realizó para la conversión espiritual y oración desde el corazón, por lo que insistió en la oración por la paz y realizar actividades en los lugares donde se genera la violencia.
“La violencia e inseguridad que nos afecta se ha vuelto para todos más opaca y compleja, por eso necesitamos reconectar desde Cristo”, dijo y convocó a los participantes a trabajar en unidad, el amor y el corazón de Cristo.
En la celebración participaron el torero Manuel Capetillo y el actor Eduardo Verástegui quien hizo la primera lectura.
En la actividad donde se pedía orar por la paz se impidió a reporteros acercarse al templete que fue colocado para ser utilizado como atrio para la ceremonia religiosa en la que participaron integrantes de las diócesis de Altamirano, Tlapa y Chilpancingo.




