Arturo Solís Heredia
CANAL PRIVADO
* La importancia del paisaje
Con tantos y tan graves problemas que padecen nuestras ciudades –violencia, inseguridad, desempleo, transporte deficiente, desabasto de agua y poca lana–, ¿a qué alcalde le va a preocupar y ocupar la remodelación y embellecimiento de áreas verdes y jardines de plazas públicas y camellones?
Por lo visto por lo pronto, al de Chilpancingo.
Mario Moreno Arcos decidió arrancar su segundo periodo municipal, remodelando y embelleciendo las áreas verdes del zócalo y la alameda, y los jardines de camellones al sur de la ciudad.
Sé poco, o casi nada, acerca de motivos, razones y autorías de la propuesta, así como de la amplitud y metas del proyecto, porque poco o casi nada se ha informado y dicho al respecto… pero como chilpancingueño de a pie, lo aplaudo y lo agradezco.
Lo aplaudo, porque como dije al principio, los alcaldes parecen preocupados y ocupados en problemas más graves, agobiados y atareados en urgencias ineludibles y criticas que no les dejan tiempo, cabeza, ánimo y dinero para andar de jardineros paisajistas.
Los entiendo, no los culpo. Pero es justamente por eso que al alcalde de Chilpo lo aplaudo, porque los grandes desafíos ambientales, económicos y sociales en México están ligados al desarrollo sustentable de nuestras ciudades.
Como dice la presentación del Diplomado en diseño y gestión de áreas verdes sustentables, ofrecido el año pasado por la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Paisaje, de la Universidad Central de Santiago de Chile: “las áreas verdes son fundamentales para la sustentabilidad, debido a sus beneficios ambientales, sociales y económicos. La gestión y diseño de áreas verdes sustentables se plantea como una necesidad indispensable en el contexto actual de crecimiento, expansión y transformación de nuestras ciudades sobre el territorio, respondiendo no sólo a criterios estéticos y técnicos de jardinería tradicional, sino considerando a las áreas verdes como valiosos sistemas que deberán aportar a mejorar la calidad de nuestro hábitat en un sentido ambiental y también social”.
Por eso también lo agradezco, porque ningún problema, por grave que sea, me quita las ganas y la necesidad de vivir en una ciudad razonablemente bella y agradable.
La relevancia urbana del paisaje se planteó en el Convenio Europeo del Paisaje (suscrito en Florencia en el año 2000), en el cual se establece que “el paisaje desempeña un papel preponderante de interés general en los campos cultural, ecológico y social, y a la vez constituye un recurso favorable para la actividad económica.
“En el plano ambiental, constituye un elemento indisociable de la calidad de vida humana, tanto de los medio urbanos como los rurales, en las zonas degradadas así como los de gran calidad, en los espacios de reconocida belleza excepcional y en los más cotidianos”.
Pero no sólo los países desarrollados han avanzado en este tema. Al respecto, la Jurisprudencia Constitucional de Costa Rica ha manifestado que “desde un punto de vista psíquico e intelectual, el estado de ánimo depende también de la naturaleza, por lo que también al convertirse el paisaje en un espacio útil de descanso y tiempo libre es obligación su preservación y conservación.
“Dentro de la perspectiva social, contribuye a la formación de las culturas locales y es un componente fundamental del patrimonio natural y cultural, así como al bienestar de los seres humanos y a la consolidación de la identidad de los pueblos. En el plano económico el paisaje influye en el valor de la tierra y actualmente es presupuesto básico para las actividades relacionadas con el turismo sostenible, generadores de empleo y riqueza para las localidades que han sabido preservar un entorno valioso”.
En el caso costarricense, existen documentadas servidumbres ecológicas entre propietarios privados de tierras con el fin de “proteger las bellezas escénicas atractivas para el turismo, así como también el desarrollo de quintas y condominios ecológicos, en donde sus propietarios limitan recíprocamente sus propiedades con el fin de conservar el paisaje que las rodea, y con ello asegurarse un alto valor económico de sus inmuebles”.
Por todo eso, aplaudo y agradezco el arranque atípico del alcalde Mario Moreno.
Sin embargo, también por todo eso, espero que su decisión no sea sólo una ocurrencia temporal y que su intención vaya más allá de plazas y camellones, porque “es imprescindible que en estos ‘espacios libres’, la ‘masa verde’ alcance una proporción conveniente”.
En su Estudio de los Problemas Municipales de Paseos, Jardines y Parques Públicos, el investigador de la Universidad de Barcelona, Nicolás Mª Rubuí y Tudurí, señala que “nuestras ordenanzas municipales –como las de todo el mundo– exigen una proporción, fijada por la higiene, de patios, deslunados” (galería interior de un edificio, el patio de luces, el hueco que hay en los edificios por donde entra luz en las habitaciones que no dan a la fachada), “espacios abiertos en general, en el interior de las viviendas que se construyen”, para advertir que “un criterio higiénico parecido debe regir para la gran vivienda que es la gran ciudad. Y a la proporción de espacios libres debe unirse la exigencia de una masa vegetal, capaz de absorber los productos de las combustiones –animales e industriales– que en la población se producen, devolviendo al aire viciado la oxigenación necesaria”.
Más adelante, el investigador sostiene que “el problema de los espacios libres y zonas plantadas que proporcionen a los habitantes la ‘masa verde’ indispensable, debe pues resolverse anticipadamente y con planes dilatados y previsores”, y destaca que “en el desarrollo de estos planes hay que conceder la más alta importancia a la creación de lugares destinados exclusivamente a la infancia y a los juegos de la juventud”.
Por eso, para quienes han calificado de frívolos los empeños paisajistas del alcalde de Chilpancingo (nunca faltan los contreras), Nicolás Mª Rubuí concede que “no basta construir parques públicos y destinar en ellos alguna avenida y algunos bancos a los niños, como cosa accesoria: modernamente ha llegado a comprenderse que la acción social e higiénica encomendada a los jardines y espacios libres de las grandes ciudades logra su máximo efecto al ejercerse sobre la infancia y la juventud”.
Dependerá del Ayuntamiento de Mario Moreno darle la razón a sus críticos, o a quienes, por lo visto por lo pronto, le aplauden y le agradecen, como yo, sus arranques paisajistas.




