Federico Vite
Lecciones de hierro
Releo con cierto morbo historias de fracaso protagonizadas por narradores y poetas afamados; considero necesario exagerar las caídas de algunos héroes, porque entiendo optimistamente que lo bueno está por venir, que no hay motivos para tirar la toalla. Sobre las opacidades vitales, recordé una de Raymond Chandler, quien laboraba en una empresa petrolífera a sus 34 años de edad; lo despidieron porque no logró mantener a raya su alcoholismo. Después de ese hecho, Chandler se dedicó en cuerpo y alma a la literatura. Era 1932 y tardó cinco meses en reescribir su primer relato, Los chantajistas no matan; lo envió a la revista Black Mask. Ese texto apareció publicado en 1933. Los editores pagaron 180 dólares, un centavo por palabra. Durante cinco años, Chandler publicó en Blak Mask, en Dime Detective Magazin y algunas otras publicaciones baratas. ¿De qué vivía Chandler? Casi de milagro. Tenía empleos varios, pero muy poco dinero. Sus relatos le dieron algunos centavos, pero Raymond no hubiera tomado la decisión de lanzarse de lleno a la literatura si no lo corren.
Los chantajistas no matan, más otros 24 relatos, fueron reunidos enTodos los cuentos (RBA 2012), con prólogo del académico Lorenzo Silva, especialista en la novela negra. La edición muestra que Chandler adoptó el género negro para sublimarse. Hablaba muy bien el inglés británico, pero aprendió el norteamericano, como si se tratara de un idioma extranjero, según cuenta su biógrafo Frank MacShane (La vida de Raymond Chandler); sería como Hammett. “Pensaba que tal vez podría ir algo más lejos, ser un poco más humano, estar más interesado en la gente que en la muerte violenta” (La vida de Raymond Chandler). Y, sobre todo, tuvo claro que los relatos le servirían de aprendizaje para escribir novelas.
Años después, Chandler calificó de torpe a Los chantajistas no matan. Había suficiente acción para cinco relatos (La vida de Raymond Chandler)”, dijo. El primero con el que se sintió satisfecho es el tercero texto que publicó, El chivato(1934), en el que aparece ya el investigador privado Philip Marlowe. Politicastros corruptos, policías y una pelirroja letal. El tipo que contrata a Marlowe es asesinado y le tiende una trampa al melómano Philip.
Por estos relatos desfilan varios detectives privados, además de Marlowe, Mallory, John Dalmas, Ted Carmady, Pete Anglich o Sam Delaguerra. Todos son chicos duros e independientes. Poseen un código individual del honor, que no excluye la violencia. No les gusta la sociedad en que viven ni la hipocresía, ni la corrupción. Sus clientes son a menudo víctimas de chantajistas, damas en apuros, hombres que quieren que busquen a sus esposas. También les contratan como guardaespaldas y con cierta frecuencia les tienden trampas para que carguen con el muerto. Se mueven por un complicado mundo de matones y de quienes los contratan, de policías, malos y buenos, y de corruptos politiqueros. Casi todos viven en hoteles, todos beben mucho y algunos de ellos son amigos de periodistas con quienes intercambian información. De la mezcla de todos ellos surgió el Philip Marlowe.
En los relatos hay mucha violencia y muchos muertos, los personajes no están del todo construidos ni tienen la complejidad que muestran luego en las novelas. Pero aparecen ya las características que hicieron grande a Chandler: sus diálogos, sus descripciones, el cinismo y la ironía.
Marlowe era un detective atípico: tenía estudios universitarios, escuchaba música clásica y resolvía problemas de ajedrez. Bordeaba los 40 y sus ojos grises ya habían visto de todo, pero seguía confiando en el género humano a pesar de los amigos traidores, las mujeres infieles y los clientes mentirosos.
En 1940 aparece Adiós, muñeca y dos años después La ventana alta, considerada por el autor como la peor de sus novelas. Chandler remonta el vuelo en 1943 con la publicación de La dama del lago, a la que seguiría, en 1949, La hermana pequeña.
Su sexta novela, El largo adiós, fue su definitiva consagración como escritor, en 1953. Un año más tarde muere su esposa Pearl Cecily Hurlburt y Chandler entra en crisis. Años después conoce a Helga Greene, que se convertiría en su agente literaria y su pareja. En 1958 publicó su último libro, Playback. Chandler murió el 26 de marzo de 1959 en La Jolla, California, dejando una novela inconclusa, La historia de Poodle Springs, libro que culminó Robert B. Parker, escritor y especialista de Chandler.
Pensaba en Raymond, en ese día en que todo parece negro, cuando le dicen que está despedido y en realidad sale de esa empresa petrolífera sólo para seguir su vocación.




