Eduardo Pérez Haro
Política social y superación del atraso
Para Rosario Robles
México está entre los 15 países más ricos de mundo visto desde el punto de vista de su riqueza total generada. Sin embargo, cerca de la mitad de la población vive en pobreza, y el sector popular suma otro importante porcentaje. Existe una amplia brecha de desigualdad. Ciertamente existen dos Méxicos y construir uno menos desigual es el objetivo.
Una idea muy socorrida se cobija en la postura de que haya una mejor distribución del ingreso, y suena bien porque es correcto que del ingreso y de su distribución más equitativa se trata, pero en esta perspectiva se filtra la idea de que eso es posible con un buen gobierno y, en parte, eso es verdad, pero habrá que alejar la idea simple de que eso se logra con el reparto de la ayuda gubernamental. Créanme que lo digo no ante una idea ingenua del ciudadano de a pie sino ante la idea explícita de líderes sociales y políticos que así lo creen, pero esa idea debe de ajustarse.
El gobierno no genera riqueza con excepción de algunas empresas paraestatales como Pemex que no es menor pero que dista de ser muy importante en términos de la riqueza global, digamos que es especialmente importante en términos de la recaudación fiscal o sea del dinero del gobierno, pero ese es el tema que es necesario aclarar. El gobierno no tiene más dinero que repartir que el que recibe por vía de los impuestos, y no rebasa la quinta parte de la riqueza nacional, luego entonces aunque distribuyera todo lo que acopia no alcanzaría a desconcentrar la mayor parte de la riqueza generada en el país. Es decir, no resolvería ni la pobreza ni la desigualdad.
La mayor parte de la riqueza, por no decir toda, se genera en el ámbito privado, es la empresa grande o chica, rural o urbana, la que genera la riqueza y por tanto es ahí dónde se debe de encontrar el mecanismo o los mecanismos de la distribución, y en ello el primer mecanismo y más importante es el empleo y en segundo lugar la ganancia de los particulares, no sólo de los grandes que ya ganan y mucho, sino de los medianos y pequeños que ganan poco y a veces pierden, de lo que desprendemos que hay un asunto de la mayor importancia con la economía privada, sin que ello desestime la importancia del gobierno.
El Estado, esto es, el gobierno, es muy importante en las dos dimensiones del problema, el de la pobreza y el de la distribución del ingreso, primero porque puede echar mano de una parte importante del dinero que recauda para atender emergencias como las que están detrás de la pobreza, la que al ser tan amplia configura una emergencia grande; y por otro lado, usar la otra parte de su dinero para promover el desarrollo de las empresas privadas sobre todo en aquellos bienes públicos que por su tamaño y su beneficio indirecto no hacen parte de la inversión del empresario privado como la infraestructura de caminos y transportación, o la educación o la salud, por solo citar algunos ejemplos. Hay otro tercer tramo de recursos que deben usarse para la seguridad pública pero no vamos a ocuparnos de este por ahora.
Así las cosas, el gobierno crea una política de desarrollo para atender las expresiones del rezago empresarial y una política social para atender las consecuencias del rezago social, esto es la pobreza-social; entre más amplio es el rezago de las empresas más grande es el rezago social y más grande el costo que habrá de sufragarse para ello, en principio el social y seguidamente el empresarial. Este es sin duda el caso de México que a trecientos años de la independencia, a cien de la revolución y a treinta de haber liberalizado la economía para subirse a la globalización se encuentra con casi la mitad de su población en pobreza y un número ligeramente menor de un sector popular con muy bajos ingresos.
En otras palabras, no sólo hay un saldo histórico de desigualdad sino una estrategia de desarrollo equivocada pues queda claro que la empresa privada no se ha desarrollado en amplitud y profundidad en correspondencia con los progresos del mundo, particularmente de los países que sí lo han venido logrando y que partieron, hacia tal condición y objetivo, al mismo tiempo y en circunstancias semejantes. Sobre estas bases tendremos que atender la pobreza como consecuencia del rezago, pero también el rezago mismo.
La pobreza no puede desatenderse, tiene la condición de una emergencia y es responsabilidad del Estado, y por tanto, va por delante en la acción del gobierno. No hay duda, esa es la prioridad. Empero no es para después la superación del rezago. Es decir no se trata de brindar ayuda y así expiar culpas, pues si no hay desarrollo no hay enmienda en el problema de fondo. Y no cualquier desarrollo pues podríamos pasar del catorceavo lugar al noveno en la lista de los niveles de riqueza sin resarcir el rezago de amplitud y profundidad en el desarrollo de la empresa privada y por tanto el de rezago y pobreza en definitiva.
Ello dependerá de entender que en el concepto de profundidad y amplitud del desarrollo va implícita la vinculación con la avanzada tecnoproductiva de la era digital y la integración de la pequeña y mediana empresa en un patrón de producción y productividad amplio y diversificado en correspondencia con los mercados interior y exterior. Se dice fácil pero significa desmonopolizar y atraer (incorporar) a segmentos empresariales del sector productor de todos los tamaños con atención especial de los medianos y pequeños, a la vez que reubicar el papel del sector financiero para comprometerlo con la estrategia. En tanto que la política social no sólo habrá de ayudar a superar la pobreza alimentaria sino de capacidades y no a la manera de capital humano sino del capital social, entendido como sociedad organizada en un tejido local y supra, es decir subregional, estatal, regional y nacional incluso global. No es superlativo sino preminente.
Decirlo no está de más pues no se ha hecho así, nuestra generación de riqueza se ha hecho uncida a grupos privilegiados en muy pocas actividades que por lo demás lo han hecho no por estar ligados a la tecnología de punta y la competencia mundial sino por encontrar condiciones internas en el marco jurídico y político que les crean paraísos fiscales, financieros y de mercados cautivos. Mientras que la pobreza, en aras de evitar desvíos se somete a la individualización de apoyos bancarizados donde se pierden las relaciones sociales y políticas, con resultados de atomización contraria a una sociedad organizada como base de los compromisos políticos, pues este es el compromiso verdaderamente sólido y trascendente en la perspectiva del desarrollo muy por encima del que se hace con las cúpulas burocráticas de partidos políticos que queda circunscrita a la maniobrabilidad del Congreso pero lejos de la incidencia y liderazgo sobre la sociedad de base.




