Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Julio Moguel

DOSCIENTOS AÑOS

* Las batallas de Morelos*

Morelos en Oaxaca

Hoy, hace doscientos años, José María Morelos y Pavón ya era la cabeza mayor de la lucha por la independencia. Recordemos que el 25 de noviembre de 1812 había logrado tomar la importantísima plaza de Oaxaca, en un descomunal esfuerzo de él y muchos miles de guerreros que siguiendo su mandato se habían posesionado ya de un extenso territorio nacional. Y mandaban, por ello, desde las tierras calientes del sur de Valladolid (ahora Michoacán), pasando por lo que hoy es el estado de Guerrero y una parte no menor de lo que actualmente se dibuja en el mapa del país como el Estado de México y las entidades de Puebla, Morelos, Veracruz. (Agregando, como saldo favorable, el hecho de que entonces Rayón campeaba sus dominios por el lado de Zitácuaro).
Es decir: con la toma de Oaxaca, hace doscientos años y unos cuantos días, Morelos podía considerar –acaso por primera vez, desde que en octubre de 1810 tomó el acuerdo con el cura Hidalgo de “ir a el sur”– que lo que tenía en las manos era mucho más que un avance militar relativamente ventajoso frente a los dictatoriales poderes del Imperio. Por ello es que en ese punto específico de su recorrido en el uso de las armas redobló su esfuerzo de reformas, pensando sin dudarlo que el México naciente desde el tronco independentista requería ganarle al enemigo con la espada pero también con transformaciones de fondo de calado constitucional.
Falta aún un buen tiempo, desde ese diciembre del 1812 en el que estamos, para que Morelos llegue al importantísimo momento en que un amplio núcleo de patriotas signe, en Chilpancingo, el primer cuerpo de reformas de nivel constitucional (recordemos que el Congreso de Chilpancingo se reúne en septiembre de 1813). Pero los hilos que trenzan la posibilidad de ese encuentro decisivo se tejen en el “aquí y ahora” de cada victoria militar. Por ello es que el 29 de enero de 1813 expedirá el Generalísimo desde la plaza de Oaxaca un bando con disposiciones reivindicativas de prosapia social, al tiempo en que, en constante carteo con Rayón y otros insurgentes, prepara fórmulas y términos para dar cuerpo a la ya mencionada apuesta constitucional. (Es en este espacio-tiempo en el que, por ejemplo, Morelos se ocupa, con denuedo crítico singular, de revisar los Elementos constitucionales que le envía Rayón desde Zitácuaro).
El momento de la estancia insurgente en la plaza de Oaxaca (que se inicia, como veíamos, el 25 de noviembre de 1812, y que se extiende, con la presencia física del generalísimo Morelos hasta el 9 de febrero de 1813) se convertirá entonces en el gran parteaguas de la guerra insurreccional. Podría decirse, para entonces, que Morelos ya era fuerza militar consolidada pero también mando político con capacidades sociales de transformación. Y el territorio de esa forma dominado, por su parte, podía considerarse ya como una especie de “país” o “subpaís”, poder territorial en el que sobre la marcha vertiginosa de los hechos empezaba a dibujarse la figura posible de un México libre y soberano, democrático, popular.
No deberá sorprender a nadie, por consecuencia, que en su estancia oaxaqueña Morelos también se dé tiempo para pensar y proceder “en grande” con respecto al futuro nacional. Y es ello, quizá, lo que determinará el rumbo de sus nuevos pasos, a saber: el regreso al puerto de Acapulco para hacerse del fuerte de San Diego, plaza que tiene bajo asedio desde noviembre de 1810 (bajo el mando del extraordinario patriota Juan de Ávila) pero que aún no lo ha logrado doblegar. De ahí el sentido de sus letras, en carta que envía al intendente Ayala desde Yanhuitlán:
Es indispensable […] que tengamos cuanto antes un puerto, pues de su posesión obtendremos inmensas ventajas… Ya estamos en predicamento firme; Oaxaca es el pie de la conquista del reino. Acapulco es una de sus puertas, que debemos adquirir y cuidar como segunda después de Veracruz, pues aunque la tercera es San Blas, pero adquiridas las dos primeras, ríase V. S. de la tercera.” Agregando a continuación: “El francés ya está en Cádiz, pero tan gastado que no se repone en dos años que nos faltan, y entonces ya lo esperaremos en Veracruz. El inglés me escribe como proponiéndome que ayudará, si nos obligamos a pagarle los millones que le deben los gachupines comerciantes de México, Veracruz y Cádiz. El anglo-americano me ha escrito a favor, pero me han interceptado los pliegos, y estoy al abrir comunicación con él y será puramente de comercio, a feria de grana y otros efectos por fusiles, pues no tenemos necesidad de obligar a la nación a pagar dependencias viejas, ilegítimamente contraídas y a favor de nuestros enemigos. Ya no estamos en aquel estado de aflicción, como cuando comisioné para los Estados Unidos al inglés David con Tavares, en cuyo apuro les cedía la provincia de Texas… (México a través de los siglos, T. III, p. 374).
Ya veremos en subsecuentes entregas si la decisión de José María Morelos de abrir una nueva campaña militar contra el fuerte de San Diego fue la correcta decisión en el plano militar. Porque acaso convenía ya en ese momento –como piensan, por ejemplo, los historiadores de México a través de los siglos– dirigir el mayor de sus esfuerzos a la toma de la ciudad de Puebla para desde allí avanzar finalmente hacia el asalto armado de la capital.
Quede por ahora subrayar que el Morelos que en febrero de 1813 sale de la ciudad de Oaxaca y se dirige a Acapulco ya es el líder indisputable del movimiento insurreccional. El correr de la guerra ha ido moldeando sobre la marcha dicha posibilidad. Y no sólo por las buenas nuevas en cuanto a las multiplicadas victorias militares del ejército comandado por Morelos, sino también por las malas noticias que entonces llegan desde lejos y, contado en meses, desde tiempo atrás. A saber: la dolorosa derrota militar que desde enero de 1812 había doblegado por mano de Calleja la plaza de Zitácuaro, en una cruentísima batalla en la que el señor López Rayón había mostrado con creces sus inhabilidades en materia militar.

* Esta columna aparecerá cada dos viernes y tiene el objetivo de acercar a los lectores de El Sur a episodios clave de la lucha independentista que encabezó el Generalísimo Morelos en el territorio de lo que ahora es Guerrero donde alcanzó varias de sus principales  conquistas militares y políticas y sentó las bases de la nueva nación. El autor es egresado de la Facultad de Econo-mía de la UNAM y doctor por la Universidad de Toulouse, Francia. Ha publicado diversos libros de historia, economía, política y literatura Es asesor para programas especiales de la UAG.

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