Tomás Tenorio Galindo
OTRO PAÍS
* Los 20 mil 851 desaparecidos de Calderón
Tomás Tenorio Galindo
De acuerdo con la información hecha pública el jueves pasado por la organización independiente Propuesta Cívica, el número de civiles desaparecidos durante el gobierno de Felipe Calderón asciende a 20 mil 851, una cifra bastante superior a la reportada de los sexenios juntos de Luis Echeverría y José López Portillo, los presidentes responsables de la guerra sucia de los años setenta, periodo que produjo en el país unos mil 350 desaparecidos y un número indeterminado de ejecuciones a manos del Ejército y otras corporaciones policiacas (la mitad de esos casos en Guerrero). Esa estadística es superior también al número de desaparecidos durante las dictaduras militares de Argentina y Chile, 9 mil 500 casos reconocidos y documentados institucionalmente en el primer país (pero 30 mil según organizaciones independientes) y mil 200 en el segundo.
El documento que contiene la lista de los desaparecidos del calderonismo fue integrado por la Procuraduría General de la República, de donde fue obtenida por periodistas extranjeros, entre ellos reporteros de The Washington Post y Los Angeles Times. La primera noticia de la existencia de esa lista la publicó el Washington Post el pasado 30 de noviembre, el último día del gobierno de Felipe Calderón, aunque el diario estadunidense reportó 25 mil desaparecidos, nota que fue glosada al día siguienteen la edición nacional de La Jornada. Con anterioridad, a partir de información incipiente, la revista Contralínea había publicado en mayo un reportaje sobre el tema, con una estimación de 13 mil desaparecidos.
Propuesta Cívica, que dirige el politólogo Sergio Aguayo, recibió la lista (“Base integrada de personas no localizadas”) de manos de un reportero de Los Angeles Times, y elaboró un informe para dar a conocer los datos, documento que puede ser consultado en el portal de la organización. El documento original de la PGR también puede ser examinado en el siguiente sitio de internet:http://desaparecidosenmexico.wordpress.com. El informe explica que los datos corresponden al periodo del 2 de agosto de 2006 al 29 de febrero de 2012, lo que significa que deja fuera los casos que hayan ocurrido en los últimos nueve meses de la administración de Calderón.
Los casos de desaparición forzada ocurridos durante el calderonismo son casi dos mil por ciento más que los registrados durante la guerra sucia de los gobiernos priístas,y aun cuando las circunstancias no son las mismas, es evidente que los gobiernos panistas hundieron al país en un profundo retroceso en materia de derechos humanos. De esa manera la alternancia política propiciada por la transición democrática dejó como herencia una nueva y más sangrienta guerra sucia, que el panismo intentó ocultar a la sociedad al negar oficialmente los datos sobre los muertos acumulados en la estrategia contra el narcotráfico (70 mil según el gobierno de Enrique Peña Nieto, y más de 90 mil según el Inegi) y las cifras de los desaparecidos. Debe hacerse notar que en lo que respecta al manejo de la información, no existe ninguna diferencia entre lo que solían hacer los gobiernos del PRI y lo que hizo el gobierno del PAN: ocultar y manipular los hechos. No se podrá olvidar la campaña desarrollada por Felipe Calderón en el último mes de su gestión, destinada a implantar una imagen benigna de su presidencia, en la que usó toda clase de argumentos falaces para justificar el elevado saldo de muertos causados por su imprudente política contra el crimen organizado. Por esa razón, uno o dos días antes del 30 de noviembre, el gobierno federal entregó a escondidas, a las agrupaciones México SOS, Alto al Secuestro y Fundación Camino a Casa –las tres afines al panismo–, el monumento erigido en el Campo Marte en memoria de las víctimas de la guerra contra el crimen, en el que Calderón se negó firmemente a incluir los nombres de las víctimas y que finalmente rechazó el Movimiento por la Paz con Justicia de Javier Sicilia, que fue el primero en proponer su construcción.
La aparición de la lista de desaparecidos, y la forma extraoficial en que apareció, derrumba la pretensión de Felipe Calderón de pasar a la historia como el presidente que sí se atrevió a enfrentar al narcotráfico, y lo pone en su lugar como un presidente al que no le importaron las desgracias que sus acciones sembraron a lo largo del país. Sobran las pruebas de su mezquindad, y una de ellas es el incumplimiento de su compromiso de instaurar un registro de personas desaparecidas (para buscarlas, se suponía). A ese comportamiento irresponsable lo condujo su deseo de impedir que adoptaran forma oficial los archivos sobre el desastre humano de sus políticas, como sucedió con el conteo oficial de los muertos, suspendido repentinamente y dejado al garete, como si semejante decisión frenara el registro público de los hechos.
Para significar la conducta de Felipe Calderón respecto a las víctimas de su demencial guerra –y para estar a tono con este día–, sirve recordar la parábola del buen samaritano, en la que Jesús alecciona sobre la compasión y la solidaridad con el prójimo moribundo. Calderón, sin duda, es el sacerdote del poder que pasó de largo junto al agraviado. Con la agravante de que antes había sido el origen de las heridas sufridas por aquel hombre.





