Ilustra la Agenda Tlachinollan 2013 las luchas de mujeres y hombres por un mundo con justicia
Sergio Ferrer
Desde La Montaña felina donde se hunden las raíces de una rebeldía milenaria, los rostros de mujeres que con valentía buscan la justicia, pueblos defendiendo su territorio y los recursos naturales hasta los rituales, las ceremonias, las festividades en un encuentro con la memoria florida y rebelde presenta para 2013 la agenda Tlachinollan.
El Centro de Derechos Humanos de La Montaña asentado en Tlapa y con una oficina en Ayutla de los Libres, emite anualmente una agenda en la cual se imprimen ejercicios fotográficos de realidades que “contienen claves para un proceso de vida alternativo”, aseguró en entrevista su director Abel Barrera Hernández.
Incluye además textos que reseñan procesos de resistencia y lucha que han tenido pueblos como el de Cacahuatepec, pasando por distintos momentos de la vida comunitaria en La Montaña como el carnaval en la comunidad nahua de Xalpatláhuac, los festejos na savi a los muertos en Todos Santos en Metlatónoc o el beso felino durante la festividad a San Francisco en Olinalá.
Al tener la visión de los guerreros y guerreras de La Montaña que rememoran la tierra que arde: Tlachinollan, hijas e hijos del maíz nativo en la montaña indómita son felinos atrincherados defendiendo sus territorios.
También lo son quienes sobre el asfalto y las piedras fundamentales de los ríos anuncian el rechazo a la minera, la juventud guerrerense que rechaza la pedagogía del oprimido o bien la construcción de hidroeléctricas como La Parota la cual pretendía construir la CFE.
Mención importante tienen en la agenda; Tita, Inés, Valentina, Guadalupe, Margarita, Obtilia, Andrea, Eva, Victoria, Coral, Felicitas, Nestora, Asunción. Mujeres con historia y un presente de lucha diaria.
En la agenda, Barrera Hernández menciona que hay imágenes de rostros de mujeres que en estos años han logrado vencer a un sistema de justicia que las criminalizó, trivializó su forma de plantear las cosas, sus exigencias de justicia; mujeres sencillas, humildes, trabajadoras que han demostrado con temple de fuego su fe y pasión por la justicia en una lucha que no tiene descanso ni precio.
“El ver a Inés hablando al secretario de Gobernación, a pesar de que está a su lado y diciendo que él reconoce su responsabilidad, le dice en su cara que no cumple ni cumplirá; fue una palabra punzante directa y verdadera” porque el Estado mexicano no ha cumplido con las sentencias que la Corte Interamericana de Derechos Humanos dictaron en su contra.
Otro ejemplo de incumplimiento con la corte internacional es el de Tita Radilla, cuyo caso cumple tres años sin ser acatado, la agenda “es un puente de comunicación con los momentos históricos del reconocimiento de responsabilidad del estado con Inés, Valentina.
Para Barrera Hernández en el trabajo de la agenda hay claves culturales que en el ámbito urbano occidental se han ido borrando como parte de querer homogeneizar los comportamientos y modos de consumo en una sociedad donde se ha perdido el sentido profundo de lo que es la identidad de los pueblos.
Se explica por qué dentro de tanta adversidad, abandono y represión los pueblos tienen fortalezas que no se miden por las armas o fuerza física que en momento dado puede causar un desafío sino que es la fuerza espiritual que los nutre desde la raíz verdadera que contiene los principios de la claridad necesaria para entender la vida, saber que se deben a lo sagrado y a la naturaleza o también la comunidad.
Claves secretas, códigos de lo que significa asumir un proyecto de vida ante un proceso civilizatorio que ha pisoteado los procesos mesoamericanos, pero que no logra destruir proyectos sociales alternativos como ocurre con los indígenas de Bolivia y Colombia centrados en el buen vivir.
Una filosofía de la equidad, cultura del intercambio pero ante todo una manera diferente de construir la justicia pensando siempre en el poder distribuir los bienes entre las comunidades es la identidad indómita que logra una fuerza inquebrantable, probada a lo largo de los siglos, demostrado que los pueblos no han sido vencidos a pesar de tantos etnocidios.
Los ataques han sido perpetrados a través de limpiezas étnicas, programas asistencialistas y de control poblacional, pero la dignidad de un pueblo que emerge desde las raíces que le han dado vida a los grandes árboles como las parotas o ahuehuetes quienes son los ancestros que aguardan la riqueza en su regazo, son génesis de historias míticas del arraigo de los pueblos a sus asentamientos milenarios.
“Así como se hunden en la tierra caprichosamente y se amarran a lo más profundo del territorio, así los pueblos anclados en su cultura, así se busca que este recorrido encuentre con la mirada la esencia de las cosas, es parte de un proyecto que busca la justicia”, afirma Barrera Hernández.
Los campesinos del CECOP, los jóvenes de Ayotzinapa son actores que sin pretenderlo han sido colocados en la primera línea del testimonio de la fuerza por exigir justicia anteponiendo la dignidad y el respeto a la vida, aunque en esa lucha esté en riesgo de perder la propia o bien ofrendarla a la humanidad como ocurrió con los dos estudiantes asesinados de la Normal Rural de Ayotzinapa el 12 de diciembre de 2011.
Del otro lado de la línea divisoria
En donde se encuentran los agresores, Barrera Hernández asegura que se habla de otro mundo, el otro en el que están las autoridades teniendo todo el poder, el aparato represivo y las leyes en su mano que en vez de utilizarlas para resarcir daños y reivindicar la lucha de la gente que ha sido agraviada, en su discurso la descalifican colocándola fuera de la legalidad violentando sus derechos humanos.
Se trata de un mensaje negativo por parte de los nuevos ciclos del poder que no se ha ido, del viejo PRI que vuelve a colocar en cargos relevantes a gente que ha cometido graves delitos como cuando ocurrieron los asesinatos de indígenas en Acteal o la represión de Atenco.
Es así que existe la posibilidad de que los grupos caciquiles vuelvan a sus fueros ya que se disputan los delegaciones federales, el reposicionamiento de una clase obsoleta que busca entrar en una segunda etapa de consolidación para que en México se tenga PRI por décadas en una situación de reciclamiento del poder.
Se puede prever una etapa de mayor hermetismo, autoritarismo y represión como se vio el primer día del gobierno de Enrique Peña Nieto que ya tiene presos políticos.
En contraste, el antropólogo resalta que en la región Montaña lo que como Tlachinollan han visto es cómo emerge un movimiento de esperanza tejido con todos los colores y sabores de lo que es el poder comunitario.
Se puede observar en la resistencia de pueblos como Olinalá, el incremento de policías comunitarias y ciudadanas como en Ayutla, Temalacatzingo, Huamuxtitlán y otras que están pensando incorporarse habla de todo un reservorio cultural que está generando una construcción alternativa que representa la nueva esperanza del cambio a partir de la organización.
La unidad comunitaria se refleja en las distintas radios comunitarias, pueblos en defensa del territorio contra las mineras, la revaloración por parte de los jóvenes de los saberes étnicos es decir la recuperación de la sabiduría milenaria por parte de estudiantes de escuelas como la UPN o la Unisur.
Sabiendo que es fundamental darle lugar adecuado a las mujeres, a las sabias que son las que tejen la resistencia de los pueblos, se presenta un panorama de la pluriculturalidad y el multilinguismo vestido e inmerso en la cultura del jaguar que alienta y da fuerza para conocer y convivir a la gente que está en el zurco, que sufre abandono pero tiene esa piel de jaguar y no está dispuesto a que se le siga mancillando, destaca el director del centro que tiene más de 17 años de existencia.
Es el tiempo de voltear a ver a los hombres y mujeres de la lluvia, del fuego, del maíz y mirar al horizonte del cambio, el resplandor de un nuevo amanecer desde donde se forjan las transformaciones que requiere el estado, que requiere Guerrero, el país y el mundo.
Una mirada a la raíz, a los pueblos que celebran, que resisten, que aman, que cuidan, escribiendo la historia propia tras el largo caminar del ser humano por la Tierra culminando e iniciando ciclos.




