Anituy Rebolledo Ayerdi
Diciembre me gustó pa’que te vayas…
Arde París
No hablaremos aquí de la ocupación nazi de París y la pregunta “¿Arde París?”, del propio Hitler. El afirmativo “Arde París” al que nos referimos es al nombre de la famosa bebida espirituosa. Aquí fue consumida con prodigalidad por el maestro Agustín Lara, teniendo como su Gani-medes en el hotel Papagayo al ometepecano Salvador Añorve. Chava fue el primer cantinero de Acapulco corriendo el año de 1947.
El autor de Acuérdate de Acapulco se aficionó a tal bebistrajo durante su estancia parisina, tan sencillo como hoy carísimo (la copa de coñac costaba en aquel entonces 50 centavos). Se vierte en una copa coñaquera un chorro generoso del mejor coñac y se acaba de llenar con champaña fría. Cuatro o cinco pociones de estas entre pecho y espalda daban valor al genio para llegar a su habitación. Ahí lo esperaba su dulce y adorable Machan-geles, quien recién había terminado su película Enamorada. Ambos presumían disfrutar aquí de una segunda luna de miel, aunque se trataba más bien de un quiebre definitivo. Y lo que sea de cada quien: la bella sonorense jamás se quejó de la potencia sexual del Flaco de Oro. Lo bota por prángana, supliéndolo enseguidita con el millonario francés Alex Bergere.
–¡Vaya con éste, el tipo: solo hace canciones cursis, no billetes! –solía quejarse la diva.
Martini
Un cantinero acapulqueño apellidado Martínez, sirviendo en un bar fronterizo, y uno similar italiano de apelativo Martini, se disputan la paternidad del coctel Martini. Sin duda, la bebida más solicitada durante la época dorada de Acapulco. Y vaya usted a saber si aquello tiene algo de veracidad. La tiene si el hecho de que la revoltura con base ginebrina se ha servido desde entonces y hoy mismo en todas las barras del mundo.
Un trago sencillísimo, este Martini, pero con medio centenar de variaciones para convertirlo en el “rey de los cocteles”. Los conocedores lo piden “seco” o “muy seco” y son sus ingredientes: ginebra, vermú dulce, vermú seco y jugo de aceitunas. El vodka Martini es hoy un fuerte y ventajoso competidor del tradicional con ginebra
(No están para saberlo los lectores pero la temporada invita a la confidencia. Fue con ginebra la peor borrachera en la vida de este escribano –de esas que al despertar uno pregunta “¿ on toy?”, tocándose el cuerpo por si alguna parte le faltara. La preparó en su Cabrito Jorge Galeana, con agua de coco y algo más que nunca ha querido revelar.
Margarita
Acapulco se disputa con otras ciudades planetarias el nacimiento del coctel Margarita, éste a base de tequila. Una leyenda urbana fecha su acta en 1948, llevando como protagonista a una dama de nombre Margarita Sames.
Margarita, seguramente guapa socialité, decide ofrecer en su residencia una fiesta en honor del playboy Nick Hilton, de visita en el puerto. ¿Cómo sorprender al heredero del imperio hotelero más grande del mundo?, se pregunta la Sames.
–¡ Ya sé!–, se contesta y corre a la barra de su residencia donde sus habilidades de alquimista han asombrado tantas veces a propios y extraños. Ensaya una bebida exótica y a la vez tumbadora.
Margarita tiene presente lo sensible del paladar de su invitado y por ello no le dará a beber el tequila con todo su capacidad de fuego. Se le ocurre entonces aligerarla. A dos copas del licor de agave, servidas en una coctelera con hielo, les añade una medida de Cointreau (licor francés elaborado a base de cáscaras de naranja) y media copa de jugo de limón. Lo sirve en copas escarchadas con sal. ¡Salucita, Nick!
–¡Sírveme más Margarita, por favor –y como el chorromillonario Hilton (doña Borola dixit) no tiene idea de la puntuación ortográfica, bautiza la bebida con el nombre de su anfitriona.
Los invitados de tan elegante tertulia terminaron a gatas, según versión de la servidumbre, no recogida por el cronista Arturo Escobar porque todavía no escribía sociales en Trópico. Nick , por su parte, agarró “un pedito de pupila fija”, según una clasificación elaborada más tarde por Carlos Iglesias Soto, abogado que se identificaba como “más cabrón que bonito”.
Medias de Seda
El coctel Medias de Seda nada tiene que ver con Acapulco, que no sea por la afición que a él tuvieron sus mujeres de la segunda mitad del siglo XX. Se servía con abundancia en las grandes fiestas del puerto, organizadas por los clubes Sirenas de Acapulco, Leones, Rotarios, Activo 20-30, Damas de Acapulco y más. La bebida era recomendada incluso por algunas mamás liberales cuando las hijas salían con el novio, equiparándola con un “ esquimo”, Otras –“pinches viejas persignadas”–, juramentaban a sus bebitas que sólo tomarían cocacola y eso sólo cuando la botella fuera abierta delante de ellas. Y es que circulaba entonces un afrodisíaco llamado “yombina”, de cuya efectividad nunca nadie dio razón.
La onza de crema de leche –uno de los ingredientes de las medias de seda–, ocultaba efectivamente el sabor de la ginebra, en tanto que la granadina y la canela le daban el toque de inocencia requerido. En esta y en otras alquimias, el mesero solía recibir del novio una discreta señal que significaba cargarle de licor a “esquimo”. Algunos acudían a la usada en el circo romano pidiendo cuello para el cristiano.
Convengamos en que los cantineros del puerto no se distinguían entonces por su apego al sistema tradicional de las onzas. Crearon sus propios códigos basados más que nada en el pulso de la mano. Un chorro o golpe equivalía a una copa; un chorrito a la mitad de la misma y una pizca se medía por gotas. Los cuates del cantinero se aprovechaban cuando aquél andaba crudo y por tanto con el pulso de maraquero.
Acapulco de Noche
Hubo en tiempo lejano en que el tequila, proclamado como la bebida nacional, fue un producto destinado exclusivamente a “la prole”. Tanto que la única garganta decente que aparentaba consumirlo era el ídolo Pedro Infante, pues su abstinencia era total. Más tarde, el humilde jugo del agave invadirá las barras de la gente bonita e incluso traspasará las fronteras. La conquista será histórica para un producto Made in México, tanto que hoy las marcas Sauza o Viuda de Romero se cotizan en las bolsas gringa y europea. A partir de entonces a nadie avergonzará pedir a voz en cuello un tequila o algún brebaje que lo contenga. Uno muy solicitado será el enunciado, preparado así:
Dos medidas de tequila, una de ron blanco, tres de jugo de naranja y azúcar negra. Esta última para impregnar el borde de la copa en la que se sirve con hielo y decorada con una rodaja de naranja.
Coctel Acapulco
Es una variación del anterior pero este con medias copas de ron y de tequila. Todo mezclado con medios vasos de jugo de piña y de toronja. No se crea si le dicen que es dietético.
Acapulco Special
A cargo de la barra de La Pérgola del hotel Paraíso Radisson, el barman Reynaldo Silva Gatica servía el coctel Acapulco Special, de su creación. Ron claro (media onza), bourbon (tres cuartos de oz) e igual medida de brandy. Añadía onzas de jugos de piña, naranja y granadina, además de jugo de medio limón y hielo. Lo agitaba y servía con rodajas de piña y cereza.
Amalia Mendoza La Tariácuri cantando aquello de “diciembre me gustó p’a que te vayas”, ponía el resto.
Acapulco Gold
Nada que ver con la motita tronadora. Se trata de un coctel elaborado con partes iguales de ron blanco, ron oscuro, jugo de piña, crema de coco y Tía María. Tía María es el nombre de un licor jamaiquino cuya base es aguardiente de caña, granos de café, vainilla y azúcar. Su contenido alcohólico es de 31.5%. Una bicoca comparado con el rarísimo ron Bacardí 151 con 75.5% y con el austriaco Stroh, con 80%.
Acapulco Ponch
Aunque su nombre es demoledor, este coctel es más bien una agua fresca de tutti frutti. Lleva dos onzas de ron blanco, una de granadina, una de jugo de naranja, media de jugo de piña y el jugo de medio limón. Se licua todo con hielo frappé y se sirve en vaso alto.
Acapulco Zombie
Como en una pelea reciente: golpe de vodka, golpe de tequila y golpe de ron. Una pizca de crema de menta y jugos de naranja y uva. De seguro amanecerá como Pacquiao. Y como para ya no levantarse si el vodka es de la marca Devil Springs, con 80% de alcohol y el tequila es Sierra Silver, con una graduación de 75%.
Coctel navideño
Cuando laboró como barman del Acapulco Hilton, Manuel Galeana G. obsequió en esta temporada con este trago: onzas de brandy, vermut dulce, granadina, jugos de papaya y jamaica y dos trozos de piña. Se licua con hielo frappé.
Acapulco Español
Sencillísimo. Vaso alto enfriado con dos cubos de hielo. Se vierten 2.5 centilitros (¡?!) de tequila, la misma cantidad de ron y se acaba de llenar con jugo de piña. Decore con dos guindas (¡coño, habladme de onzas o chorros y de cerezas!).
Acapulco Salvaje
Como si fuera a preparar una ensalada de futas, parta rebanadas de papaya, manzana, plátano, pera y piña. Lícuelas con un poco de agua y sírvalas con hielo frappé en una copa bola o Tongolele. Y enseguida viene lo bueno: añada un chorrito de vodka y otro de crema de mandarina.
Nostalgia
Si llevado por la temporada o la nostalgia el lector de estas antiguallas se atreviera a pedir uno de estos bebistrajos, lo más seguro es que reciba del cantinero una mirada de conmiseración pero a la vez de desprecio.
–¡Orale!, ¿de qué galaxia cayó este pinche ruco?.
No se arriesgue y mejor pida champaña y bébala a pico de botella, como Pedrito Infante tomaba el tequila.
El “30-30”
El brebaje “30-30” era un invento acapulqueño que no aludía a la carabina revolucionaria. Se refería al precio unitario de sus ingredientes: 30 centavos de alcohol puro y los 30 centavos de una Yoli, creado por los teporochos alineados en la calle Xóchitl.
Pócima seguramente inspiradora de la bebida extranjera de nombre Everclear, poseedora del record Guiness como la de más alto contenido alcohólico: ¡95%!
¡Salucita y feliz año!




