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Humberto Musacchio

Mancera, el comprador de conflictos

 

 

Todo político debería tener presente la máxima de Víctor Rico Galán, quien decía que los conflictos se dan gratis y que, por lo tanto, no hay que comprarlos. Sin embargo, hay políticos que por insensibilidad social, por un concepto reduccionista de la legalidad, por soberbia o ignorancia suelen adquirir grandes y muy costosos problemas. Miguel Ángel Mancera parece de esos.

Es sabido que en la duda lo mejor es abstenerse, y con los presos políticos del primero de diciembre no sólo abundan las dudas sobre su presunta culpabilidad, sino que existen muchas evidencias de que las autoridades carecen de pruebas para inculparlos, pero la Procuraduría “de Justicia” del Distrito Federal se enterca en mantenerlos en prisión y para eso halló a una juez a modo que desestimó las numerosas contradicciones e irregularidades en que incurrió el Ministerio Público.

En efecto, para la señora Carmen Patricia Mora Brito, titular del juzgado 47 de lo penal, importó muy poco que ninguno de los procesados –ninguno– fuera detenido en flagrancia, que los arrestos se realizaran muy lejos del lugar de los hechos y que la policía detuviera no a quienes la hicieron, sino a ciudadanos inocentes que debían pagar lo sucedido.

Para el Ministerio Público valió sorbete que los testigos del caso –policías todos ellos– incurrieran en contradicciones, inexactitudes y errores evidentes. Para la juez Mora Brito todo acusado es culpable mientras no demuestre lo contrario y por lo pronto los 14 detenidos se quedan un mes en la cárcel. De este modo, doña Carmen Patricia hace gala de una visión administrativa de la justicia, de un rutinarismo que la lleva a violar la ley que está obligada a cumplir.

Por otra parte, a nadie escapa que el señor Jesús Rodríguez Almeida, flamante titular de la PGJDF, llegó al cargo impulsado por su antiguo jefe, Miguel Ángel Mancera, de donde es válido deducir que el propio Mancera quiere mantener en prisión a los 14, pues de esa manera se muestra como un gobernante fuerte, de decisiones firmes, capaz de ofrecer seguridad, como un padre golpeador que ejerce la fuerza aunque la justicia resulte pisoteada.

Mancera tiene la oportunidad de revertir su antidemocrática y represiva manera de comenzar su gobierno. El Ministerio Público debe desistirse de las absurdas y canallescas acusaciones contra los 14 y ponerlos en libertad de manera inmediata. De otro modo, el gobernante de la capital mexicana cargará con esa mancha por el resto de su sexenio y, ojo, por el resto de su carrera política.

El Partido de la Revolución Democrática, lo que resta de él, debería adoptar una posición enérgica en torno al caso y no mantenerse en esa tibieza que lo convierte en cómplice de la represión y la injusticia. Pero es mucho pedir para un cártel que hace grandes negocios con la democracia.

Por encima de todo, el problema mayor es para el jefe de Gobierno, un hombre ajeno a la militancia política, a la visión social de la izquierda y los principios que alguna vez tuvo el PRD. Su único antecedente en el servicio público es en un cargo represor. No es un hombre que sepa del hambre y las necesidades extremas de la población ni que se identifique con sus anhelos libertarios. Mancera se propone cobrar hasta por el alumbrado público –como si no pagáramos impuestos para eso– y seguir con la instalación de parquímetros, negocito de particulares que alcanza para corromper líderes vecinales, pero que hasta ahora no ha liberado ni un solo carril a la circulación. En esa tesitura, hay que prepararse para resistir los abusos y las macanas.

 

 

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