Tomás Tenorio Galindo
OTRO PAÍS
*Peña Nieto y la sucesión en Guerrero
* Aguirre-Figueroa: priísmo y negocios
Tomás Tenorio Galindo
La amistad que mantiene con el presidente Enrique Peña Nieto no afecta la lealtad del gobernador Angel Aguirre Rivero al PRD, y eso se confirmará en la sucesión de 2015, según dijo el viernes Jesús Zambrano en Acapulco, donde estaba de vacaciones. Hasta pronosticó el triunfo de su partido en la contienda por la gubernatura: “ténganlo por seguro”.
Pero no es necesario esperar al futuro para confirmar si efectivamente la lealtad de Angel Aguirre a su militancia en el PRD es más consistente y firme que su amistad con Enrique Peña Nieto, pues acontecimientos políticos del pasado cercano muestran que lo único sólido en ese terreno es precisamente esa amistad tan atesorada por el gobernador. Para decirlo con precisión, la única lealtad que ha exhibido Aguirre Rivero es a Peña Nieto, y se puede apostar a que ahora tiene aún más motivos para hacerlo.
La recurrente amnesia que aqueja a los políticos hizo olvidar al presidente nacional del PRD que este mismo año Aguirre Rivero fue un activo promotor del candidato presidencial del PRI, lo que lo llevó a firmar un contrato de 330 millones de pesos con la empresa Soriana, la cadena de tiendas súbitamente beneficiada por numerosas compras de despensas realizadas por gobiernos priístas. Siete gobernadores (cinco priístas, Aguirre Rivero y otro del PRD) firmaron entre diciembre de 2011 y principio de este año, es decir en plena campaña por la Presidencia, esos contratos con Soriana hasta sumar 2 mil 294 millones de pesos. De esos extraños contratos no se sabría sino hasta después de las elecciones, cuando Andrés Manuel López Obrador denunció la intervención de Soriana en la estrategia del PRI para asaltar el poder. Mientras Aguirre Rivero efectuaba esas y otras maniobras encubiertas para ayudar a su amigo Enrique Peña Nieto, proclamaba a todo pulmón su compromiso con el candidato de la izquierda, a quien hipócritamente le organizó y acompañó a un acto político en Cruz Grande.
Con ese antecedente, no parece que para Aguirre Rivero represente un problema de conciencia acatar y aun ejecutar la directriz que en su visita de hace quince días le dictó Peña Nieto en el lenguaje y mediante los gestos característicos del PRI: que quiere ver en la gubernatura a Claudia Ruiz Massieu Salinas, sorpresiva secretaria de Turismo de su gobierno, hija de Francisco Ruiz Massieu y sobrina del ex presidente Carlos Salinas de Gortari. Colocado en la disyuntiva de ser leal al PRD o quedar bien con su amigo el presidente,¿acaso puede alguien tener dudas sobre el camino que elegirá Aguirre?
Aguirre ya está preparado para esa tarea, pues en los hechos ha asumido el control del PRI vía una alianza con Rubén Figueroa Alcocer, cuyo hijo no tuvo reservas para reconocer a Aguirre como el jefe del priísmo en el estado. El propósito inmediato de Aguirre-Figueroa es destruir a los grupos que encabezan Héctor Astudillo Flores y Manuel Añorve Baños, los únicos que oponen o pueden oponer resistencia a esa nueva hegemoníaen busca de la gubernatura.
Con un olfato sensibilizado por el regreso del PRI a la Presidencia, Aguirre es hoy tan priísta como siempre y un peñista de hueso colorado, y por otro lado tiene en sus manos al PRD. Peña Nieto sabe que Aguirre está a su servicio, y por eso lanzó el mensaje de sus preferencias para el 2015.
En el mismo contexto de estos hechos, el viernes 7 de diciembre Angel Aguirre se reunió en la ciudad de México con Figueroa Alcocer y René Juárez. Una fotografía de esa comida, en la que como apéndice también aparece Armando Ríos Piter, circuló profusamente días más tarde en una especie de mensaje de reconciliación entre los ex gobernadores y el gobernador “ex” priísta. Pero obviamente también era la prueba de la alianza entre Aguirre y Figueroa. Resulta de particular interés el tema de esta alianza porque, según indicios que después podrán demostrarse con la información oficial, incluye el acuerdo para que empresas de Figueroa surtan al gobierno del estado del fertilizante que se repartirá a los campesinos, lo que Figueroa hizo durante el gobierno de Zeferino Torreblanca. Algunas versiones estiman en 150 millones de pesos el contrato pactado entre Aguirre y Figueroa.
No deben sorprender las maniobras de Aguirre y Figueroa, y en otro plano también de René Juárez. La carrera política y en algunos tramos la vida de Angel Aguirre y Figueroa Alcocer está fuertemente entrelazada. Por eso, aun los pleitos más aparatosos entre ellos no son sino trances momentáneos entre familia. Uno de esos pleitos se produjo hace dos años al calor de la renuncia de Aguirre al PRI para ser candidato del PRD al gobierno, cuando intercambiaron fuertes calificativos que personas de principios no emplearían, o que si los usan es para marcar distancias definitivas. Pero desde luego, no hablamos de ese tipo de personas.
Que Figueroa y Aguirre se reencuentren y adopten objetivos políticos comunes, hagan negocios oscuros con el dinero público y traten de arrollar a sus adversarios internos y externos con tácticas de gran hostilidad, significa que en Guerrero la historia se repite en ciclos asfixiantes. Ambos fueron protagonistasdel pasado, un pasado impune, y lo son ahora, y ambos utilizan los principios, las ideologías y los partidos para limpiar la suciedad de sus acciones.
En esas circunstancias, hablar de lealtad como lo quiso hacer Zambrano es ridículo. Llegado el momento, con las manos en la cintura Aguirre echará al PRD del gobierno –en el que de todos modos no estuvo, por segunda vez– para satisfacer los deseos de Peña Nieto. Claro, el próximo domingo en su reunión con la dirigencia estatal del PRD proclamará su fe perredista y jurará fidelidad a la izquierda. Ténganlo por seguro.




