Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Eduardo Pérez Haro

De la crisis a la oportunidad del campo

Para Arturo Lan

En Grecia aprueban el plan de austeridad para recibir apoyo financiero pero la sociedad protesta y sale a las calles. Siria escenifica formas y contenidos de una guerra interna. Etc., etc. Estamos en la comprensión de que el mundo en su circunstancia actual está envuelto por una crisis que afecta al plantea entero, que la crisis se origina en el sistema financiero norteamericano y se traslada a una quiebra técnica de las finanzas públicas en EU y la Unión Europea, que la crisis de la deuda soberana termina por afectar al sistema financiero universal y por ende disminuye la actividad económica, el empleo y el ingreso, en general, por tanto, que no es una crisis menor, y que dada su amplitud y profundidad, obliga a medidas de gran calado, que en consecuencia se llevará un tiempo que oscila entre dos y tres décadas.
Para responder a la crisis, y a instancias de las cúpulas del poder económico y político, se están implantando severos planes de reducción del gasto público y aumento de los impuestos, y bajo este esquema de ahorro, los países en “quiebra” presuponen obtener condiciones para cubrir los compromisos de deuda y gradualmente recuperar la capacidad de préstamo con lo cual reactivar la planta productiva y el empleo, y para no reincidir en las prácticas especulativas que dieron origen a esta crisis, el esquema de ahorro se acompaña de la mayor regulación del sistema financiero (Basilea), todo ello aparentemente lógico.
No obstante, la fórmula no termina de convencer, pues las sociedades de base no aprueban ser sacrificadas de esta manera, los financieros no quieren perder y los Estados quedan en medio con serias dificultades para ponerse de acuerdo debido a la inequidad de los costos y las aportaciones de cada quien. Así se percibe, al menos en el frente más abierto de esta crisis que, por ahora, se presenta entre los países de la eurozona.
Las medidas se retrasan generando nerviosismo e inestabilidad que se refleja en la volatilidad de los precios de los bienes y servicios. No obstante, el mayor riesgo no está en esta situación sino que al complicarse la determinación de las acciones se retrae el crédito y se presiona el mercado de dinero creando un ambiente propicio para una burbuja inflacionaria que podría estrangular los mercados y generar una recesión sistémica mundial.
La cuestión no termina ahí, pues esta enorme crisis financiera y económica se presenta en un momento en que las principales potencias del mundo se tensan por los recursos energéticos, minerales y naturales estratégicos, de tal forma que el alegato sobre la aritmética de los costos y sacrificios respecto de la crisis económica tan sólo configura el primer plano de una discusión que en otro nivel toma las formas de una disputa por predominios de largo plazo que amenaza con signos de violencia.
El Norte de África y Medio Oriente (Irán) configuran una zona crítica, por el agotamiento de los regímenes autoritarios, la sublevación social y la injerencia de las grandes potencias (EU, UE, China y Rusia), pero también hay inconformidad y desánimo en importantes segmentos de las sociedades de base de otras naciones europeas y de la Unión Americana.
Es momento de atender con la mayor seriedad y el más elevado sentido estratégico la discusión sobre cómo se habrá de inscribir nuestro país en este contexto, y las elecciones de este año deberían cultivar la mejor discusión para comprometer en contenidos muy claros al próximo gobierno.
México no debe  sustraerse a este proceso de restructuración mundial y debería perfilar una política exterior que le permitiera introducir criterios superiores a la negociación económica para entrar a la revisión del papel del Estado y de las sociedades de base en la reingeniería del desarrollo internacionales y para ello, más que recargar en un protagonismo discursivo recargar en el ejemplo propio.
La combinación inteligente de un Estado fuerte y la intervención social y del capital, bajo una estrategia productiva de bienes y servicios ofrece equilibrios políticos y económicos. La democracia es susceptible de admitir e instituir una nueva relación entre la sociedad de base, el gobierno y los dueños del capital, lo cual implica acordar y establecer nuevas reglas de participación de cada uno de estos sujetos colectivos con estricto respeto de sus derechos individuales. Nuevo marco regulatorio de derechos y obligaciones. Nuevo marco jurídico, en el trabajo y la seguridad social, en la salud y la educación, en la industria y en la agricultura, en el comercio y el sistema financiero, etc. Reformas estructurales.
Bajo estos términos, la presente crisis la reconocemos como periodo de cambios profundos.En principio tres ejes me parecen vertebrales, i)el ingreso-gasto del Estado, ii)el patrón de industrialización que con atención a la demanda (del mercado interno y externo) reúna, en una ecuación equitativa, potente y pertinente, a los factores de la producción (esto quiere decir, financiamiento competitivo, empleo bien remunerado, formación de capital –esto es, capacidad tecnoproductiva– acorde a la competencia internacional) y, iii) nueva institucionalidad que significa cambio en las relaciones entre los diferentes actores sociales bajo nuevas reglas formalmente establecidas.
Estos ámbitos de actuación, en un mayor desglose, contienen las reformas estructurales y representan ejes de cambio en el patrón de desarrollo, es decir un “golpe de timón” en la estrategia de desarrollo. Uno de esos cambios, es el que se refiere al campo mexicano, que en el horizonte de altos precios de los productos del campo, representa una base de apalancamiento financiero para el desarrollo de una industria de mejores cualidades para el mercado interior y la competencia internacional.
Los ejes-meta para la reforma del campo mexicano serían: 1) el reordenamiento regional de las plataformas de producción en contraposición a la elevada concentración de la actividad y de sus ganancias, que por lo demás es costosa para el erario público y frágil para la seguridad alimentaria; 2) nuevo patrón de explotación del suelo acorde a la nueva conformación de la demanda, bajo criterios de seguridad alimentaria y aprovechamiento de la demanda externa, y 3) nueva gestión agroindustrial con el mercado basada en la incorporación de los pequeños productores a la generación de economías de escala en asociación con el sector privado y fundada en formas organizativas encabezadas por los jóvenes rurales hombres y mujeres hijos de los dueños de la tierra.

[email protected]

468 ad