El Cerro de la Estrella en Iztapalapa es escenario de diversos rituales por la noche
Luis Cruz, Daniel Pérez y Yáscara López / Agencia Reforma
Ciudad de México
Las 60 cuevas del Cerro de la Estrella son escenario de todo tipo de rituales. Curanderos realizan sus “trabajos”, adeptos a la santería hacen sus ritos, y algunos más, en broma o en serio, invocan al demonio, principalmente en la llamada Cueva del Diablo.
Ubicada en la parte alta del cerro, es objeto de fascinación porque la leyenda de los lugareños dice que quienes entran ya nunca salen, pero si alguien logra escapar, lo hará con un tesoro en sus manos.
“Hay satánicos que vienen en la noche para hacer sus brujerías, y también son santeros que tienen sus creencias y hacen sus rituales, ¿con qué sentido? No lo sé, para invocar al Diablo, quizá”, relata Darío Cocoletzi, residente de la zona desde hace 60 años.
Nadie sabe con certeza qué tan profundo es, aunque basta con lanzar una piedra y escuchar su larga caída para que los visitantes den unos pasos hacia atrás, previniendo una resbalón inesperado.
La reja que tiene no impide que las personas puedan entrar a la cueva, en donde aún se ven vasos vacíos y envases de cerveza.
Sobre la Cueva del Diablo hay otra leyenda que habla de un demonio que se aparece por la noche, y una más dice que se trata de un túnel que llega a un lugar imposible de acceder al norte de la ciudad.
“Son muchas las historias, dicen también que si logras sobrevivir llegas a un lugar en el norte, pero al final todas son leyendas, nadie ha regresado, muchos han entrado y nunca salieron”, dice Cocoletzi.
En otra cueva hay un camino delimitado por rocas y macetas que conducen a una cruz de bambú y adornada con flores, de unos 50 centímetros de alto por 35 de ancho, donde también había una representación de la Última Cena, otra imagen de Cristo y una de la Virgen de Juquila.
A unos 120 metros del sitio donde fueron hallados dos cuerpos, una cueva tiene un círculo de rocas de al menos 2 metros de diámetro con cenizas y carbón en el centro, y otros tres más pequeños una pizca de sal. Al fondo había tres velas encendidas y una vasija de barro, mientras que en las paredes se observaron al menos seis siluetas de manos elaboradas con pintura roja.
Dentro de otras cavernas hay más piedras colocadas en círculos, basura y cables quemados, cobijas y restos de al menos cuatro fogatas.
Los rituales, cualquiera que sea su objetivo, no tuvieron nada que ver en la muerte de las cinco personas atacadas por perros en el Cerro de la Estrella, de acuerdo con funcionarios de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF).
En ninguna de las averiguaciones previas se menciona que las víctimas de los homicidios hayan acudido al cerro para participar en los rituales.
Aunque un hombre identificado como Ricardo declaró ante el MP que alguna vez vio a Shunashi Elizabeth Mendoza acudir a rituales en el cerro, no pudo proporcionar datos específicos sobre los días o lugar donde la observó, y ni siquiera pudo dar la descripción física de la mujer, que murió atacada por perros junto con su bebé de 8 meses.
Las autoridades han capturado 54 canes en la zona, pero buscan al resto de la jauría en las cuevas, que podrían utilizar como guaridas.
Los vecinos dudan que los perros hayan causado la muerte de las cinco personas halladas en las últimas semanas.




