Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Jorge Camacho Peñaloza

Acapulco no es Ayutla

La responsabilidad es aquello que me incumbe en forma exclusiva y que no puedo humanamente rechazar. Emmanuel Lévinas.

Cuando el Estado pierde el monopolio del uso de la fuerza para garantizar la seguridad pública, el patrimonio y la vida de los particulares, así como para coaccionar a quienes violan las leyes de una sociedad, se puede decir que las instituciones están fallando.
Que miembros de una sociedad usen la fuerza, la violencia, para someter a personas a extorsiones y secuestros, para dedicarse a delinquir con dominio territorial, se puede decir que estamos ante indicios de ingobernabilidad, pero que ciudadanos tomen las armas para asumir tareas que le competen al Estado, se puede decir que estamos ante un Estado fallido.
Los hechos recientes registrados en Ayutla de los Libres, en los que ciudadanos se dieron a la tarea de asumir su propia defensa de las agresiones por parte de la delincuencia y la seguridad pública con armas en la mano, habla de que en Guerrero como en todo el país estamos ante una grave falla de las instituciones, circunstancias de ingobernabilidad y de un Estado fallido.
Por Estado no hablo de gobierno, hablo del conjunto de instituciones y poderes públicos de una sociedad de personas, entre los que se encuentran los poderes como la misma legislatura de la que soy miembro, como Poder Legislativo de los guerrerenses, que tienen como imperativo garantizar la convivencia, la seguridad y la impartición de justicia entre sus miembros.
Este hecho, que se suma a otros registrados en Olinalá, Huamuxtitlán, Cualac, Atlamajalcingo, en La Montaña, y hace varios años en Zapotitlán Tablas, son indicadores de una realidad que no se puede soslayar, que no se puede minimizar; tenemos que admitir que el Estado le está fallando a la sociedad, sólo partiendo de este principio podemos ubicarnos en el camino correcto hacia la recuperación de la razón de Estado: la cohesión y permanencia de la sociedad como comunidad de individuos.
No podemos decir que las cosas van bien porque sería estar negando la realidad, o que la seguridad está mejorando, porque sería estar cerrando los ojos ante esta delicada situación; que aquí no pasa nada, porque seríamos cómplices de quienes quieren que las cosas no cambien y siga avanzando la inseguridad, la ingobernabilidad y la falla del Estado.
Tampoco podemos cruzarnos de brazos o hacer caso omiso al hecho de que los ciudadanos tomen las armas para defenderse ante la ineficacia del Estado, no podemos esperar que esta vía se ensanche y al rato cualquier persona tome las armas y quiera hacerse justicia por su propia mano.
No es plausible que los ciudadanos se armen y rebasen al Estado asumiendo su responsabilidad porque caen fuera de la ley, y no podemos permitir que la convivencia social o los arreglos entre los integrantes de la sociedad se salgan de la ley, en una sociedad democrática nadie puede estar por encima de la ley, empezando por quienes están al frente de las instituciones públicas, todos debemos estar sujetos y observar las leyes que nos damos.
Se entiende que ante las fallas del Estado y ante la inminente amenaza contra la integridad y seguridad de la sociedad los ciudadanos no tienen otro camino, y Ayutla debe ser visto como una seria señal de que las cosas no están funcionando, de que el Estado no está respondiendo. No podemos esperar a que la gente tome las armas para sustituir al Estado, nadie que tenga una responsabilidad pública en la seguridad pública, justicia y derechos humanos, puede decir que no tiene competencia en lo que está pasando en Ayutla.
No se puede gobernar a partir de las estadísticas turísticas de Acapulco ni de las cifras del Guerrero Seguro de lo que pasa en la Costera, pues Guerrero no es Acapulco, menos Ayutla. Qué valor tiene festinar la mejor temporada turística de Acapulco si a menos de dos horas la gente se está levantando en armas para autodefenderse ante la incapacidad del Estado; qué bueno que venga turismo a Acapulco, pero eso no es un indicador de buen gobierno o de que las cosas están socialmente bien en Guerrero.
Por esta razón, propongo que los responsables de la seguridad pública, justicia y derechos humanos de los poderes del Estado y de los tres órdenes de gobierno, y a la ciudadanía interesada a que haya una reunión ésta sí cumbre, a la que convoque el Ejecutivo del estado, para analizar la situación que guarda la administración y operación de la seguridad pública, la justicia y los derechos humanos en Guerrero, que permita delinear una verdadera política de Estado, que no estatal, sino de Estado, en la que se acuerden acciones integrales de seguridad, impartición de justicia y defensa de los derechos humanos, que devuelva a los guerrerenses la eficacia de su Estado, pero sobre todo de su seguridad pública, patrimonial y de su integridad física.
Vuela vuela palomita y ve y dile: a todos los que tenemos una responsabilidad al frente de las instituciones, que no esperemos a que la ciudadanía salga a las calles,  y como en Argentina nos griten ¡que se vayan todos!

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