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Presenta el cineasta David Lynch en París personal selección de fotografías

Mónica Delgado / Agencia Reforma

París

Bajo el título Paris Photo vu par David Lynch el cineasta estadunidense reúne en un libro 99 imágenes de diversos autores participantes en la reciente Paris Photo, la feria más importante del mundo dedicada a la fotografía.
David Lynch realizó esta selección entre todas las presentadas que reflejan su universo tan particular. Pero en la era de la comunicación, con tantos medios audiovisuales al alcance, cuando parece que hoy la cosa más fácil del mundo es hacer una fotografía, la selección de Lynch resulta también un aprendizaje sobre la manera de mirar una obra de arte.
En el libro, ninguna imagen tiene pie de foto ni cuenta con la referencia del autor, los nombres de los fotógrafos aparecen únicamente en el índice. A nivel de texto, el libro abre con un comentario sobre el universo de Lynch, de la curadora y crítica Kristine McKenna, además de algunas páginas con reflexiones generales del cineasta.
Para Lynch este relativo anonimato de la imagen es la primera condición para apreciarla; además, reprodujo en el libro la situación en la que él mismo se colocó para hacer su selección.
“Recibí mil fotografías por Internet. No sabía quién era el autor, sólo vi las imágenes. Hice la selección primero con el corazón, luego con la cabeza y después en una lista”, explicó en una conferencia durante Paris Photo.
Lynch precisó que no significa que no aprecie a los fotógrafos o no quiera conocerlos, sino que eso lo aparta del careo emocional que busca con la imagen.
“En cierta forma, conocer el nombre del fotógrafo es interesante como lo sería poder hablar con él. Pero no sentí esa necesidad, a mí me habla la fotografía misma”.
“Todos sabemos que en sí la obra es siempre la misma. Es el espectador el que aporta la diferencia, el que la ve diferente”, aseguró.
Lynch explicó que su interés por la imagen nació muy pronto, empezando por el dibujo cuando era niño, más tarde practicó la pintura y luego la fotografía antes de pasar al cine.
Para él esa sensación amorosa a la que todos aspiramos se resiente también, o quizá primero, a través del arte. Según cuenta, fue en 1966, al admirar un cuadro de Francis Bacon, cuando sintió por primera vez la excitación que provoca el arte y que corresponde a ese estremecimiento en la espina dorsal al que se refería el escritor ruso Vladimir Nabokov.
“Es como un sentimiento amoroso, es un viaje que se inspira de nosotros mismos, sentimientos que nos invaden a veces hasta llegar a una sensación de éxtasis”, comentó.
Para lograr esos sentimientos, el autor de Blue velvet explica que se necesita una concentración que no se puede lograr si la imagen cuenta con pie de foto, con el nombre del fotógrafo o cualquier otro texto que la acompañe.
“El proceso de selección es un proceso de concentración y una vez que se logra sucede entonces algo subjetivo. Si fuese científico bastaría un manual, pero es algo instintivo, que proviene del interior”, explicó.
“Donde existe atención, ahí hay vida. Las ideas, los sentimientos pueden llegar cuando la atención se centra en algo. Cuando se concentra uno en algo entonces existe algo que empieza a hablarnos”, señaló.
El cineasta destacó que por ello su selección es una lista muy subjetiva y al abrigo de influencias de fama o de modas.
“Cuando se ve una imagen y tenemos un nombre (de autor) dejamos de mirar. Si no lo sabemos, vemos la imagen de manera pura. Cuando conocemos el nombre nos sentimos hasta culpables de que nos guste o no nos guste tal o cual imagen”, dijo.
De esta forma, agrega, pueden apreciarse fotografías que, a priori, la mayoría de la gente rechaza o no considera desde el punto de vista estético como son las imágenes “orgánicas” de John Coplans, quien plasmó su propia mano en un tríptico gigante.
“Me gustan los fenómenos orgánicos, me gusta la carne, la piel. Es algo cautivante, incluso cuando se trata de heridas. Cuando se les ve simplemente así son algo extraordinario, pero cuando se nos dice que se trata de una herida entonces el punto de vista cambia y la imagen ya no resulta hermosa”, señaló.
Lynch también destaca cierta propensión por las imágenes que no llevan implícita toda la información y le permiten echar a andar su imaginación, aquellas en las que, dijo, parece que algo se prepara, como un escenario en espera de un evento por acontecer, como las de Susana Hesselberg o de Trent Parke.
Aunque señala que eligió cada imagen de manera independiente, la selección de Lynch parece hilarse como una sola historia y, como lo dice él mismo, podrían hacer una película por lo que al final Paris Photo vu par David Lynch resulta casi una introducción al cine del director estadunidense.
La participación del director angelino David Lynch en la más reciente edición de Paris Photo ha servido de enlace también con la ciudad de Los Ángeles, donde será expuesta la muestra del 25 al 28 de abril del 2013.

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