Eduardo Pérez Haro
Límites y alcances de la política social en México
Para Eduardo Vega López
Hemos estado escribiendo de los límites y alcances de la política social. Límites, en la medida que ésta, la política social, es sólo parte de un entramado mayor que configura la política del Estado y la acción del gobierno. Alcance porque tiene el privilegio de la relación directa con la sociedad de base, sin duda, baluarte de la acción del Estado para la superación del atraso y el desarrollo
En el marco de sus limitaciones, la política social puede hacerse cargo de eliminar las puntas y los filos de la pobreza extrema, mas no así cargar a cuestas con la responsabilidad de superar la pobreza toda en México que, según la Coneval, sólo se exenta, de esta condición, la quinta parte de la población nacional. Efectivamente, en un país como el nuestro, a diferencia de un país desarrollado, la política social no está frente a las minorías marginales, sino ante la gran mayoría.
Por lo demás, todos sabemos que las causas de esta dimensión y peso de la pobreza responden a rezagos y exclusiones seculares, que tiene factores estructurales que la determinan como la centralización de la riqueza y los poderes fácticos que de suyo están prestos y celosos de pelear por la prevalencia de sus intereses, de tal forma que la superación de la pobreza, en sentido estricto, dependerá de plegar estos factores de orden estructural en la economía y la política, para llevarles a una concordancia que permita la articulación de fuerzas en la perspectiva superior del desarrollo.
Cambios, reformas y transformaciones. Secuencia de hechos que se precisan para acometer tal desafío, ello implica cambios en la política económica y en la política política, de parte del Estado y de las sociedades de base que van desde el empresariado medio y los profesionistas hasta los segmentos de menores recursos y los grupos vulnerables, en el campo y la ciudad, en el norte y el sur, en la mayoría mestiza y la población indígena, entre las mujeres y los hombres.
En este marco y orientación, y conscientes de sus límites, la política social es desde el gobierno uno de sus recursos más importantes, primero porque puede evitar el colapso como consecuencia del estancamiento en el que prácticamente se ha colocado el país en el balance de los últimos años pero además, puede apuntalar la disposición social para incorporarse a la tarea superior del empleo productivo no como concesión del Estado sino como aportación de la sociedad al proyecto superior del crecimiento y el desarrollo, y asimismo, colocar una fuerza política que le permita, gradualmente, elevar la calidad, amplitud y profundidad de los cambios.
La ayuda gubernamental es un vehículo de contacto y relación, y en los segmentos de extrema pobreza también es un fin en sí para evitar la tragedia, pero entre las poblaciones con ingresos bajos que no está en el extremo, el apoyo directo se convierte en un medio de ayuda a los fines de progreso que toda persona anida. El ensamble con esa posibilidad es el que dibuja los contenidos de aplicación con los que se puede motivar el aprendizaje y la organización, la movilización y la aplicación creativa en el trabajo productivo.
No puede haber movilización sin contenido ni hay contenido sin propósito explícito. Nadie se organiza en forma permanente a cambio de una ayuda efímera, ni hay cambios de fondo y largo alcance sin sociedad organizada. Sólo la sociedad organizada desdobla en fuerza cinética hacia el equilibrio socioinstitucional y sólo la sociedad capacitada conduce hacia el crecimiento económico.
Existen apoyos directos individualizados por padrón, programas federalizados con los estados y programas de aplicación nacional. En el primer caso sólo hay que hacerlo bien, bien, y en el segundo con especial seguimiento por tratarse del involucramiento de recursos federales de cuya responsabilidad de manejo no se exime el gobierno central por el hecho de aplicarse a través de los gobiernos estatales. El tema con mayores posibilidades está en los programas de aplicación nacional, pero ¿bajo qué criterios puede operarse? Sobre todo cuando atañen a la población toda con diferencias de edad, género, localización, etcétera y cuando los instrumentos específicos están en las dependencias de cada tema –educación, salud, mujeres, indígenas… Coordinarse, mezclar, coinvertir, son expresiones generosas pero que en la práctica no han mostrado su posibilidad.
Lo mejor de los programas federales es la especificidad de sus contenidos y operación, calidad ejecutiva y resultados. Habrá que evitar que las propias Reglas de Operación estrangulen el acceso y la oportunidad de la población objetivo, auxiliar el mecanismo y coadyuvar en la ejecución. Se dice fácil pero ahí está buena parte del asunto, la otra parte está en su sentido de convergencia con los objetivos generales en el crecimiento y el desarrollo, pues los pobres no pueden crear una suerte mejor al margen del entramado nacional pues compran y venden a los precios generales. El sistema capitalista no es un invento es un sistema, y se es pobre cuando no se es parte.
Puede asumirse desde una perspectiva crítica lo que incluso convoca a la innovación, pero sin perder de vista el terreno y las reglas del juego, la población de escasos recursos no puede aventurarse al margen del engranaje comercial. Todo lo que no provenga del mercado es una ayuda y nunca ésta podrá relevar el ingreso que provenga del mercado sea por la vía del salario o la ganancia.
Una de las vertientes que encierra el mayor alcance estratégico es la de incluir a los pobres en el proyecto de crecimiento económico sea porque los apoyos directos vía padrones posibiliten a la familia sortear la crianza y educación de los hijos, sea porque los jóvenes mayores y los adultos puedan integrarse al empleo o la ocupación productiva.
Tradicionalmente se ha dado por hecho que son las regiones por su vocación natural las que definen el ámbito de inversión de la política social pero eso sólo es una verdad a medias que no se corresponde con la demanda y por tanto el mercado no las premia con su retribución. Lo que hay que observar son las exigencias de la demanda nacional y externa, y apuntalar las condiciones para responder a ello. Lo cual evita la disgregación de actividades sin mercado que siempre mueren en el intento.
La balanza comercial de México ilustra el desfasamiento entre lo que producimos y lo que consumimos, entre lo que compramos y lo que nos compran, y también están a la vista las condiciones de calidad y precio de la competencia, frente a la cual se impone crear economías de escala pues las iniciativas locales, no todas pero sí en su gran mayoría, no alcanzan las condiciones necesarias pero sin duda las formas asociadas sí siempre y cuando se verticalicen, y de ello hay prueba en los países desarrollados tanto en el sector rural como en el urbano. El tema se traslada a los contenidos, la formación y la movilización organizada con proyectos de sentidos claramente definidos.




