Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Carlos Pérez Aguirre

Defensa ciudadana contra la delincuencia ¿Y el Estado?

 

 

Una de las primeras obligaciones y responsabilidades del Estado, la fundamental y aquella por la cual la sociedad le concede el uso legítimo de la fuerza, corresponde a la tarea de proteger los bienes, los recursos y la vida de los integrantes de esta sociedad, de cada pueblo, ciudad e individuo.

Para realizar esta tarea, el Estado mexicano, y el gobierno de Guerrero cuentan con recursos financieros, materiales y humanos que se suponen suficientes; la tarea de salvaguardar la tranquilidad y paz públicas deben realizarse respetando los derechos humanos y las normas legales que están establecidas.

Pero esto en Guerrero no está pasando, diariamente nos enfrentamos a un panorama de violencia en donde se asalta, se desaparecen personas, se secuestra, se cobra por trabajar, se amenaza y se asesina; adicionalmente, ya sea por falta de preparación, desconocimiento o mala fe, se hostiga y detiene sin ningún respeto a los derechos humanos a personas trabajadoras y pacíficas. Por ello el ciudadano empezó a inconformarse y a protestar, exigiendo al gobierno estatal cumpliera con su responsabilidad o renunciara por incapaz.

Ante eso y las movilizaciones magisteriales y ciudadanas que exigían vigilancia para realizar su trabajo, el gobernador reaccionó con la sensibilidad de un paquidermo, con amenazas y represión, en vez de aprovechar esa fuerza ciudadana que bien puede sustentar un dique eficaz contra la delincuencia. Pero no, por alguna razón el gobernante presionó con todo para desmovilizar al magisterio.

Ahora se da un levantamiento de autodefensa ciudadana en algunos municipios de la entidad, ya iniciaron algunos de La Montaña y los más recientes de la Costa Chica; pero en el resto de la entidad se vive con miedo por el tamaño de las amenazas que diariamente penden sobre los habitantes. En la urbe acapulqueña para muestra, en plena luz del día, en pleno operativo de seguridad y en una zona relativamente céntrica, se quema un autobús de pasajeros con dos victimados en su interior, pero acontecimientos relacionados con una brutal violencia sinsentido se dejan sentir en toda la entidad.

En la Costa Chica el levantamiento armado contra la delincuencia ha dado algunos frutos: primero, tranquilidad en esa zona; segundo, detención de algunos delincuentes; tercero, un posible ejemplo a seguir ante la incapacidad del gobierno; cuarta, un apoyo, aunque demagógico, del gobernante, pues mientras él se reunía con los “armados” la procuraduría ya estaba actuando en su contra, y quinto, desenmascara al gobierno estatal demostrándole que mucho se puede hacer si ello se realiza de verdad.

Un contundente sí se puede si se quiere y un subliminal, mejor renuncia por que no puedes. Pero ¿qué sigue? ¿Podrán esos valientes y desinteresados integrantes del pueblo continuar conteniendo a la delincuencia? Si hay organización y se mantienen con la autorización y sobre todo validación amplia de la ciudadanía, seguro tendrán la fuerza para realizar esa difícil tarea que significa enfrentar a una delincuencia financiada, apoyada y bien armada, contra un pueblo numeroso y con armas caseras. Hasta ahora lo han hecho, sus compañeros campesinos habitantes de esas comunidades no los deben dejar solos, deben apoyarlos con todo y así seguramente podrán salvarse de la delincuencia que nos acosa.

Este es un camino que las mismas comunidades están implementando, ¿lo mismo se podría hacer con la organización de los gremios, las colonias, las familias, en las ciudades? Posiblemente sí, aunque los riesgos son muchos, mientras algunos servidores públicos estén coludidos con la delincuencia y los gobiernos no cumplan su tarea, este camino que sustituye al Estado, puede ser válido.

 

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