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Celebran en Taxco con vistoso concurso de mascotas disfrazadas a San Antonio Abad

Claudio Viveros Hernández

Taxco

Puntuales más que los humanos, una diversidad de especies del reino animal se presentaron a su fiesta y en honor de su patrono San Antonio Abad; más que animados obligaron a sus amos acompañantes a estar con ellos durante el concurso donde las mascotas son los personajes principales que cada vez “roban cámara” a la menor provocación.
Los ganadores fueron un diminuto can disfrazado de carbonero con el primer lugar, dos palomas vestidas como danzantes de la antigua tradición conchera con el segundo lugar y un perrito disfrazado como danzante de los chinelos, que se practica en el estado de Morelos y se extendió a algunos municipios guerrerenses.
Con 20 años de haber resurgido del olvido y posicionarse cual tradición, espectáculo y manifestación creativa que emerge de la cultura popular, el Concurso del animal mejor disfrazado, realizado la tarde-noche del jueves, se mantiene más vivo que nunca con multitudes de seguidores, ya sea como concursantes o espectadores, que entre las personas de la ciudad, barrios y comunidades acuden religiosamente a la cita y emulan el pasaje bíblico de Noé y su barca, pero ahora en el mundo terrenal.
Casi como cierre de fin de semana la competencia sui géneris congregó este año a 40 animalitos concursantes y otros más que optaron por mantenerse en el anonimato y sin presiones ni flashazos de los medios de comunicación, aunque sí bajo la mirada y carcajadas contagiantes de los miembros del jurado que calificaron la justa de la imaginación y el ingenio, al igual que los públicos que abarrotaron el Zócalo platero.
Serían apenas las 4 y media de la tarde cuando en el ambiente y los alrededores de la parroquia de Santa Prisca y San Sebastián, también de fiesta en el presente mes, ya se escuchaban los ecos de los ladridos de variados calibres de la fauna canina que se dejó ver en una proporción poblacional mayoritaria, de todas las razas, tamaños, colores; unos bravos, otros inquietos y los pequeños inhibidos o con frío por las bajas temperaturas de estos días.
A lo lejos, a la expectativa, sin aspavientos o en silencio, sus amos, los humanos, se mostraron siempre alegres, en charla amena con la gente que asistió y los que seguían llegando presurosos para no perderse los detalles de la pasarela en el concurso en el que, uno a uno, desfilaron, cual alfombra roja, los competidores, muchos con pose y decididos a ganarse uno de los tres premios.
En las escalinatas y la herrería de la iglesia una señora esperaba paciente la bendición y la fiesta y por allá de un costado a otro de la plancha empedrada unos perros se jaloneaban de sus amos como queriendo pelear.
En una banca del Zócalo, a unos pasos del escenario, una señora con su hija se aprestaban con sus mascotas para la ceremonia de bendición y entre broma y realidad contó: “Está es mi perrita Nina, viene con cuatro bebés, son sus cachorritos, dos hembras y dos machitos, el año pasado participó como ángel y ahora concursará como payasa”
El tiempo transcurría y llegaban más y más especímenes, entre una cifra alta de perros, seguidos de gatos, pollos, palomas, un cangrejo, una tortuga y un cuyo que hasta antes de la ceremonia de la bendición de los animales por el párroco de la iglesia rebasaban ya la veintena de participantes.
Al llamado de la principal impulsora del concurso y directora del Centro Cultural Taxco-Casa Borda, Rosario Cambray García, para que todos, humanos y mascotas, se trasladaran al atrio a escuchar la liturgia y recibir la bendición, una gruesa capa de los asistentes se movió hacia ese lugar mientras los demás se quedaban a la espera en la plaza.
Desde la entrada del enorme portal de madera de la iglesia dieciochesca, el sacerdote apareció ataviado con su túnica blanca y el libro en mano para estas ocasiones; en ese momento el centro histórico retumbaba con los característicos sonidos de la gran cantidad de mascotas presentes que, como por arte de magia, se fueron callando durante el sermón que alcanzó su plenitud a la hora de que el representante de la iglesia rociara el agua bendita con su hisopo, que es el instrumento que se utiliza para las bendiciones a diestra y siniestra. El agua bendita cayó a todos, humanos y mascotas. Parejo, sin distinción alguna de ideologías o condición económica, lo que regocijo a los presentes arremolinados quienes de acuerdo con las indicaciones del párroco pasaban al frente y se retiraban para dejar el espacio a los que se encontraban atrás hasta recibir la totalidad la bendición con las aguas con la recomendación de cuidar a las mascotas y no considerarlas como juguete, porque son amigos y acompañantes en la travesía de la vida, les dijo.
De ahí, ya con los jueces acomodados cada quien en su sitio, dio inicio el singular certamen donde con el frió a cuestas y todo apareció la perra llamada Canelita disfrazada de hawaiana y con una diminuta ropa en color verde, sin rubor alguno y con los aplausos de reconocimiento.
En adelante desfilaron unos y otros, como una perrita vestida de payaso, otra de sus compañeras como danzante azteca, otra pareja de perritas como inditas guadalupanas, una gata disfrazad de jumil que nunca asomó la cara, un chihuahueño como cartero, otro pequeño personificando a un penitente flagelante de la Semana Santa que aquí se celebrará a fines de marzo.
Con ellos concursaron otras dos perritas de bailarina de pascua y china poblana, el perro Kiro ataviado como danzante chínelo, otro más de su especie como motociclista y un grupo de pollos se aventuraron a homenajear a los personajes de la serie El Chapulín Colorado, quienes se perfilaron como favoritos y el que más se movía al ritmo de la conocida música, pero todo cambiaría más adelante con un simpático perrito bautizado como Simón que apareció en el escenario con su ama disfrazado de carbonero con una vestimenta y accesorios inigualables.
Una aparición sorprendente fue la del gallo Pitufino que se paseó disfrazado de mariachi, otro gato llegó como danzante tlacololero, de la zona centro del estado, una perrita vestida de gala y de Reina de la Feria de la Plata, una paloma que personificó al personaje de La Chilindrina, otro perro como vendedor de jarros, otra perrita en minúsculo ropaje de hawaiana, un can de soldado del ejército y una perra de ángel.
En el desfile estuvo un perro de hippie y con cigarro en el hocico que se presentó ante el respetable con una pista musical, un conejo de panadero, más otra perrita de Reina de la Feria de la Plata y con una peluca y vestido ostentoso, hasta con cetro y corona, a los que parecieron apabullar por su carga energética la aparición de dos palomas disfrazadas  como danzantes concheros con fondo de la iglesia de Santa María de la Asunción, en el municipio de Ixcateopan.
Con todos ellos compitió otra paloma vestida de catrina, una extrovertida perrita disfrazada de la Princesa Lea y otros perros acompañantes de series televisivas norteamericanas, seguidos del cangrejo como ranchero, otra perrita disfrazada de niña, un perro vestido con playera de equipo de fútbol de los pumas, otra perrita de princesa, una más de indita, un perro duende, otro de agente de tránsito, uno disfrazado de minero y a los que siguieron otro de duende, un Santa Claus y un deportista.
Por decisión del jurado calificador, el primer lugar lo ganó el pequeño can disfrazado de carbonero con machete al cinto y morral al hombro, su vestimenta de manta y un porte en su actitud y rostro que lo hacían ver de pocas pulgas, pero simpático.
El segundo premio lo conquistaron las palomas danzantes de la antigua tradición conchera y el tercero lo obtuvo el perro danzante chínelo con mil, 700 y 500 pesos en efectivo patrocinados por el Centro Cultural Taxco, el Ayuntamiento Municipal y el DIF Taxco, más una despensa adicional donada por el Hotel Posada San Javier, y a quienes, por decisión de los mismos jueces, se determinó otorgar menciones honoríficas y despensas extras al penitente de Semana Santa, a los pollos personajes de El Chavo del Ocho y al can disfrazado de cartero que por cierto no recibió con agrado la noticia porque aspiraba a un premio mayor.
En una hora, el acontecimiento hizo vibrar, aplaudir y corear a los públicos. Todos satisfechos, aunque algunas mascotas concursantes se reservaron su entusiasmo para otros momentos ya que algunos canes parecieron no atender la invitación de una representante de la Asociación Protectora de Animales de Taxco (APAT) para que sus amos y amas cuidaran que éstas si se hacían “del dos” recogieran los desechos y los depositaran en un receptáculo instalado para este fin.
En el Zócalo los sonidos se perdían paulatinamente. Hasta el próximo año, para celebrar otra vez el Día de San Antonio Abad y la fauna que lo festeja.

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