Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Julio Moguel

HOY, HACE 200 AÑOS

* Las batallas de Morelos

Morelos-Galeana

Muchos de nuestros grandes personajes históricos generan tal luminosidad por sus obras e ideas que obscurecen la presencia de aquellos que los acompañaron en sus momentos clave de acción y de realización. Circunstancia desde la que se genera –muchas veces en forma involuntaria por parte del héroe en cuestión– lo que Bolívar Echeverría denominó procesos codigofágicos, consistentes en que aparezcan o se presenten como propios del personaje implicado algunos de los méritos o virtudes pertenecientes en una buena medida a otro o a otros. No quita ello mérito alguno a quienes no alcanzaron a mostrar, desde su propia pluma o revelación, hasta dónde sus meritorias acciones fueron parte de un colectivo mayor. Pero quien quiere explicar el pasado tiene la obligación de hurgar en los hechos hasta un punto tal que le permita decir quién es quién en los procesos que estudia, cuidando de no caer en la tentación, no poco frecuente, de sobre-humanizar o divinizar a los héroes.
Morelos –quien acaso es, decíamos, el héroe mayor de nuestra historia– comparte con una buena pléyade de patriotas y de hombres cabales los méritos de campaña y de propuesta e iniciativas de cambio revolucionario a los que nos hemos venido refiriendo en esta columna de El Sur (11 y 28 de diciembre de 2012, 11 de enero de 2013). Pero hay una presencia en particular que en mi opinión conviene destacar: la de Hermenegildo Galeana, cariñosamente conocido por sus más cercanos de la región de la Costa Grande y del ejército insurgente como Tata Gildo. Hablaremos entonces ahora sobre la virtuosa relación entre Galeana y Morelos, desplazando para nuestras siguientes entregas el seguimiento que veníamos haciendo –en el “hoy, (de) hace doscientos años”– de los hechos que enmarcan la apertura y desarrollo de la ofensiva de Morelos contra el fuerte de San Diego (Acapulco) desarrollada a partir de febrero de 1813.
No han pasado más que un par de semanas desde que se entrevista con Hidalgo en Indaparapeo (octubre de 1810) cuando el cura de Carácuaro ya se encuentra en lo que hoy son tierras guerrerenses, en un primer contacto con fuerzas realistas que, bajo el mando del capitán de milicias Marcos Martínez, en Zacatula, se adhieren sin chistar a su movimiento. Su pequeño núcleo de voluntariosos guerrilleros empieza a crecer desde ese momento con otros muchos adherentes, pero es en Tecpan donde, el 7 de noviembre, se nutre de importantes recursos bélicos y humanos (700 hombres) y, con ellos, de la incorporación a sus filas de Hermenegildo y de otros miembros de la familia Galeana.
Esas circunstancias bastan para que Morelos piense que no hay demora que valga desde el punto de vista militar para lanzar la ofensiva que apenas unos días antes cualquiera hubiera calificado como un simple desvarío, a saber: el avance sobre el puerto de Acapulco, a sabiendas de que, además de dos mil hombres armados con fusiles, flechas, lanzas y machetes, tiene a la sorpresa como uno de los mejores recursos de su credo. Así, el 13 de noviembre ya se encuentra en el Aguacatillo, lanzando a la vez hacia el Veladero a las fuerzas que, comandadas por Rafael Valdovinos, alcanzan una primera victoria resonante contra los realistas. Se establece entonces el cerco sobre el puerto, con posicionamientos insurgentes en Las Cruces, el Marqués, la Cuesta, La Sabana y los ya mencionados Aguacatillo y el Veladero (áreas desde las que opera el cerco sobre el puerto).
Hemos tenido que llegar hasta aquí para apuntar lo que desde entonces aparecerá como una constante en esa fase de la lucha independentista: la emergencia de Tata Gildo como figura central en los éxitos de armas, muy distinguida después de que las fuerzas insurgentes sufrieron una grave derrota en uno de los flancos del cerco sobre Acapulco (el 19 de febrero de 1811). La historia específica tiene que contarse. Morelos ha enfermado en el ínterin y lo han tenido que llevar a Tecpan para su tratamiento. Un personaje de nombre Francisco Hernández lo sustituye en el control de mando. La situación insurgente resulta difícil, pero no desastrosa: cuenta con posicionamientos relevantes en La Sabana, Aguacatillo, el Veladero y Las Cruces, con un número no menor de dos mil doscientos hombres frescos y listos para el combate. Pero los nervios de Hernández no alcanzan a resistir el acercamiento señero de los realistas (el 29 de marzo), por lo que huye antes de que los cuerpos armados de ambas partidas se colisionen. La reacción entre las filas rebeldes se inscribe en un doble acto preciso de voluntad: alzar de inmediato a Hermenegildo Galeana como su jefe, y no escatimar esfuerzo ni medio alguno para enfrentar sin respiro a los combatientes realistas. Galeana mantendrá con éxito durante todo el mes de abril (de 1811) la línea defensiva-ofensiva –de perfil guerrillero– contra el enemigo apostado en el puerto, regresando el bastón de mando a Morelos, ya restablecido, a su llegada de Tecpan.
Más conocida que esta primera hazaña de Galeana es quizás la que protagonizó junto con los Bravo en Chichihualco. Estamos ahora en mayo de 1811, cuando las fuerzas de Hermenegildo se encuentran en la conocida hacienda de aquella familia para abastecerse de víveres y otros pertrechos. Nada indica que se corre peligro, de tal forma que una parte de los soldados rebeldes se baña plácidamente en el río. Pero llega de improviso hasta allí una fuerza realista comandada por el español Garrote, iniciándose en lo que sigue una confrontación cuya balanza parece inclinarse de suyo a favor de los que atacan.
Sobre este específico pasaje de la guerra independentista en el sur conviene citar el México a través de los siglos: “Los soldados de Galeana se bañaban descuidados en el río inmediato a la hacienda; algunos de entre ellos limpiaban sus armas y otros se habían entregado al sueño tras la fatigosa marcha que acababan de rendir. De repente se oyeron gritos de muerte y nutridas descargas de fusilería: los que se bañaban salieron violentamente del río, y sin tiempo para tomar sus vestidos empuñaron las armas y combatieron desnudos; Galeana y don Leonardo Bravo avanzaron al frente de los suyos peleando con heroico valor; el hijo de este último, don Nicolás, acometió por la derecha a los realistas, en tanto que por la izquierda los estrechaba don Víctor Bravo seguido de la gente de su hacienda. El comandante español resistió durante algún tiempo las impetuosas embestidas de los insurgentes, pero desbaratada al fin su división huyó precipitadamente, dejando en el campo gran número de muertos, cien prisioneros, trescientos fusiles y considerable cantidad de pertrechos y municiones (…) La victoria alcanzada por Galeana en Chichihualco allanó a Morelos la entrada en Chilpancingo, adonde llegó el 24 de mayo (de 1811)”.
Estos son algunos de los primeros magníficos triunfos de Tata Gildo: el gran par militar del general Morelos.

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