Muestran espectáculo de danza y música de Japón en el Fuerte de San Diego
Aurélie Daly
Con una exposición que traza diversos aspectos de la cultura japonesa, festejan el sábado los vínculos de más de cuatro siglos entre Acapulco y Japón en el Fuerte de San Diego.
El arte de las estampas, los paisajes, la gastronomía, los artesanías incluidos los juguetes tradicionales y la prestación altamente poética del flautista Irie Yosuke con su shakuhachi, flauta de bambú tradicional, y la actuación de la bailarina Irene Akiko Iida que presentó varias danzas con abanico y katana fueron los platillos del menú cultural que se presentó en la antigua fortaleza.
La participación del flautista fue un concierto de excepción, porque fue la primera vez que Irie Yosuke actuaba en México y fue precisamente aquí, en el puerto.
El martes dará dos conciertos más pero serán en el Distrito Federal antes de volar a San Francisco donde también tocará y luego regresará a su país.
A pesar de algunos problemas técnicos, de luz en particular, el espectáculo rápido hizo olvidar a todos los inconvenientes por su gran calidad y originalidad.
El sonido puro del shakuhachi llenó el recinto del fuerte con piezas muy antiguas como Tsuru no sugomori (Acurrucamiento de la grulla en su nido) que mezcla en una sola pieza diferentes técnicas de interpretación propias a este instrumento y composiciones personales del artista.
Como sorpresa musical regaló al público una canción bien conocida de éste. Cuando resonaron las primeras notas de Bésame mucho, después de un tiempo de hesitación de parte del público, éste dejó escapar un grito de asombro al darse cuenta de que se trataba efectivamente de la famosa canción de la compositora mexicana Consuelo Velázquez. Y es que la interpretación muy personal del músico y el sonido tan particular de la flauta podía hacer creer que era una canción tradicional japonesa. Las decenas de personas reunidas en el patio del fuerte contuvieron su soplo durante toda la canción y esperaron el final para ovacionar al músico visiblemente emocionado por la recepción.
“Mi impresión fue que la audiencia estaba muy cálida porque me escuchó con interés. Cuando empecé a tocar Bésame mucho, sentí que les gustó mucho a la gente de acá, sentí directamente la atmósfera”, compartió en entrevista el músico en su idioma, traducido por el director y primer secretario de la sección cultural e informativa de la embajada de Japón en México, Tsuyoshi Isaka.
Nacido en Osaka y radicado en Tokio, es graduado del Colegio Toho Gakuen en Tokio y recibió varios premios tanto de interpretación como de composición.
Durante la representación alternaron piezas musicales del maestro y actuaciones de la bailarina con abanico y katana quienes dieron un espectáculo lleno de sutileza y de poesía.
Mexicana de nacionalidad y japonesa por sus orígenes, la bailarina Irene Akiko Iida vivió 17 años en Japón y está ahora radicada en la ciudad de México donde es maestra de danza tradicional japonesa. Egresada de la Escuela de Danza Tradicional Japonesa Hanayagui en Japón, ex actriz de la revista musical Takarazuka, muy famosa más allá del Pacífico, interpretó tres danzas, Kyono Shiki (Las cuatro estaciones del año en Kyoto) actuada tradicionalmente por las aspirantes a ser Geisha en el Festival de la Primavera, Seikaiha (Las azules olas del mar) representada en los eventos importantes como los homenajes, las bodas y los aniversarios y Arashi, danza de la espada que simboliza, con el sonido de la katana en movimiento, la oscilación del mar acariciado o atormentado por el viento.
La flauta shakuhachi originalmente servía para alcanzar el estado de relajación budista, pero el músico modernizó la práctica de ésta, porque además de tocar piezas tradicionales, compone sus propias melodías y arregla para su instrumento canciones generalmente tocadas por instrumentos occidentales modernos.
“Tiene mi instrumento una relación con el budismo, pero no solamente. Comparado con los instrumentos occidentales, hay muy pocas personas que tocan el shakuhachi. Cuando toco, estoy muy concentrado en la canción, cada canción tiene su imagen y su contenido; me hundo en esta canción y en su mundo propio. La segunda y la última pieza que toqué son tradicionales, las demás son originales, composiciones mías”, explicó.
De Acapulco tuvo una muy buena impresión porque el paisaje le encantó. “Cuando llegué era muy tarde así que mi primera impresión de la ciudad fue de noche y mi primer paisaje, el mar”, declaró.
La exposición, presentada en el Auditorio del Fuerte, traza la historia de los vínculos entre Japón, Nueva España y España a través de textos, mapas e informes. Cuenta cómo se iniciaron en 1549 una serie de visitas de misioneros a Japón y de intercambios entre los tres países en los años 1610-1620, cómo estos intercambios se prestaron para lograr el establecimiento de una relación comercial más formal entre los dos países aunque las diferencias de visión acerca del cristianismo impidieron una relación duradera en esta época.
Se explica también la llegada del samurai Tsunenaga Hasekura a Acapulco en 1614 y su estancia en la ciudad de México donde varios de sus compañeros fueron bautizados.
Se interesa la exposición, aparte del aspecto histórico, en las dimensiones culturales, gastronómicas, arquitectónicas y paisajísticas con una serie de fotos tituladas Los atractivos de Tohoku, región de Japón formada por las seis prefecturas de Akita, Aomori, Fukushima, Iwate, Miyagi y Yamagata. Entre varias tradiciones se presenta el ritual Namahage en el que los hombres vestidos como demonios visitan a las casas para ahuyentar a las enfermedades e invitar a la buena fortuna.
La última visión de la exposición es puramente artística, con la exhibición de obras pictóricas de artistas contemporáneos en una presentación del arte de las estampas por pintores actuales como Konomi Miyashi, Ozaku Seishi, Yasuko Sawaoka, Motomi T., Kazuko Hosomizu, Yuriko Nodo, Reiko Matsuda y Momoko Takekoshi.
Titulada Estampa contemporánea japonesa Mokurito, se refiere a una técnica desarrollada hace 30 años por un maestro de la Universidad de Bellas Artes de Tama, Seishi Ozaku, que consiste en una litografía sobre madera, fusión de la litografía occidental y del garbado japonés en madera. A diferencia de la litografía convencional que utiliza agua o aceite sobre una placa de aluminio o de piedra, la técnica Mokurito sobre madera permite capturar el tono del pincel y la textura del crayón e igualar la representación pictórica.
Esta exposición se presentó por primera vez en 2010 en la ciudad de México para celebrar los cuatro siglos de relación entre México y Japón.




