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Tomás Tenorio Galindo

OTRO PAÍS

* Cassez, García Luna y Calderón

La resolución de la Suprema Corte en el caso de Florence Cassez dejó en ruinas la imagen del gobierno de Felipe Calderón y confirmó por enésima vez la enfermiza e inexplicable necedad con la que el ex presidente sostuvo a Genaro García Luna en la Secretaría de Seguridad Pública.
Fue una decisión traumática que los ministros (los tres que votaron a favor de la liberación) asumieron como inevitable para remediar la irresponsabilidad de quienes ejecutaron el montaje televisivo que corrompió el procedimiento legal que debió imponerse en la captura y presentación de pruebas. No tenían otra opción más que decretar la liberación de la joven francesa, o solapar la trama construida por García Luna y respaldada por el gobierno de Calderón para encerrarla. A ese resultado condujo el irrefrenable apetito de García Luna, director de la Agencia Federal de Investigación en el momento de la detención de Cassez, por fraguarse una imagen de policía eficaz mediante la frecuente exposición de sus éxitos en la televisión, aun si para ello era preciso alterar los hechos como sucedió en la detención de Cassez.
Para la sociedad también fue traumático ver en libertad a una presunta secuestradora por orden de la máxima autoridad judicial del país. Era previsible esa reacción emocional, pero el enojo estaría mejor justificado si se dirigiera a los causantes del trauma y no a la Corte, que actuó como debía actuar, ni a la propia Florence Cassez, víctima de García Luna. Porque García Luna y sus secuaces manipularon los hechos con tal prepotencia, que el expediente terminó por ser inservible para demostrar la culpabilidad de Florence Cassez. Sólo la feroz presión de García Luna y después también de Felipe Calderón sobre el Poder Judicial mantuvo en prisión a Cassez. El montaje organizado por la AFI de García Luna para usufructo de Televisa y TV Azteca fue sólo una parte, la parte más visible, de la gigantesca manipulación que fue puntualmente comprobada a lo largo de los años en que la francesa estuvo presa.
La revelación de que la transmisión televisiva de la captura de los secuestradores había sido falsa, hizo brotar un manantial de irregularidades que la Corte no podía ignorar. De ahí la insólita conclusión de los ministros, de que no se podía considerar a Cassez ni inocente ni culpable, porque la manipulación del caso por parte de García Luna introdujo un “efecto corruptor” generalizado e inutilizó todo el proceso. Periodistas que tuvieron acceso al expediente pudieron comprobar la fabricación de pruebas y la debilidad de las acusaciones que, sin embargo, mantuvieron recluida a Cassez durante más de siete años. (Por ejemplo: Héctor de Mauleón, La verdad secuestrada, Nexos, julio de 2011)
A pesar del enojo social por la liberación de Cassez, la Corte tomó la decisión correcta. La impresión que las imágenes de televisión produjeron en diciembre de 2005, y que perduran en la memoria colectiva, es que Florence Cassez formaba parte de la banda de secuestradores, pero fue así porque así la presentó la televisión, y cuando salió a flote la verdad del montaje, García Luna dispuso toda clase de movimientos y aleccionó a las víctimas de secuestro para modificar sus testimonios con el propósito de hundir a la francesa, lo que al final le abrió las puertas de la cárcel.
Lo reprochable, lo increíble, no es que la Corte haya liberado a Florence Cassez, sino que a pesar de la manifiesta y generalizada manipulación procesal ésta haya permanecido en prisión y recibido una condena de 60 años. Eso fue posible por la presión constitucionalmente inadmisible que el ex presidente Calderón ejerció contra los ministros de la Suprema Corte, a quienes su gobierno amenazó para frenar un fallo liberador, analizado por la Corte en la primera tentativa de resolver el caso el año pasado. De acuerdo con testimonios periodísticos, en su momento el aparato de gobierno calderonista hizo uso de amagos serios contra el ministro Arturo Zaldívar, autor original de la propuesta de otorgar a Florence Cassez el amparo “liso y llano” para que fuera liberada, planteamiento que en el último momento adoptó la ministra Olga Sánchez Cordero en la sesión del miércoles pasado para crear la mayoría de tres contra dos votos.
Es por esa razón que el fallo de la Corte significa una derrota para Calderón y García Luna y una sacudida sin precedente para el sistema de procuración e impartición de justicia de México. Con una notable ausencia de claridad, o por simple servilismo, algunos articulistas y comentaristas han escarnecido a los ministros de la Corte por presuntamente dejar abiertas las rejas de las cárceles, pues según esa limitada visión ahora cualquier delincuente alegará haber sido víctima de violaciones a sus derechos para exigir su libertad. No es el caso, y lo que esas opiniones tendenciosas se proponen es defender a quienes pisotearon la ley y ocultar la responsabilidad de Televisa en el montaje. Si efectivamente existe la justicia en México, el fallo que sacó de la cárcel a Florence Cassez debería enviar a prisión a García Luna y a sus cómplices.

La televisión, exhibida

Este caso también desnudó a las televisoras (Televisa y TV Azteca), cuyas prácticas periodísticas están bajo el control de las alianzas de sus propietarios con el poder político y económico, en menoscabo de los códigos profesionales y en perjuicio de la teleaudiencia. Pero este fenómeno es tan viejo como la televisión misma, nacida en México como un brazo del régimen priísta, y no se ve una solución a ello mientras Televisa y TV Azteca controlen el mercado televisivo, lo que les concede a estas dos empresas un poder inmenso capaz de manipular y modelar la conciencia de los mexicanos.

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