Arturo García Jiménez
Hacia una nueva estrategia para
el rescate de la cafeticultura
en Guerrero
(Segunda parte: Líneas de acción)
En la anterior entrega visualizamos el panorama general del sector cafetalero, mismo que está determinado por tres factores centrales: las políticas públicas, el comportamiento de los mercados y el nivel de organización de los productores. En el presente artículo abordaremos el panorama micro para luego proponer líneas de acción que deberían impulsarse por todos los actores involucrados en el sector.
Estadística errada. Descifrar los vaivenes de la estadística cafetalera es motivo de tesis, por ello tan solo nos remitimos a proporcionar las diversas versiones sobre los datos del cultivo. Al cierre de los años de auge de la década de los 70 y con datos del extinto Inmecafé a julio de 1979 teníamos una superficie de 25 mil 315 hectáreas con una producción de 189,962.5 quintales (Qq) y 7 mil 44 productores. Para el ciclo 92/93 con datos finales del mismo organismo se reportan 51 mil 103 hectáreas que producían 382,301.58 Qq y 10 mil 451 productores. La Fundación Produce con datos del Cecafé y Sagarpa-SIAP nos dice que en 2010 se tenían 51 mil hectáreas con 156 mil Qq. y 21 mil productores. En el portal de la Seder, www.campoguerrero.gob.mx se nos informa con datos del 2010 que contamos con 54 mil 735.02 hectáreas sembradas y una producción de 155 mil Qq. El Padrón Nacional Cafetalero actualizado a enero de 2010 da cuenta de 39 mil 506.87 hectáreas y 22 mil 699 productores. Estos datos son similares a los que se manejan en el Plan de Innovación de la Cafeticultura del Estado de Guerrero elaborados por distintas instancias.
Finalmente y quizá algo más aproximado a la realidad son los datos de los productores beneficiados por el Programa de Fomento Productivo, mismo que implica a 8 mil 278 productores con 16 mil 974.02 hectáreas. Nótese que en las últimas estadísticas cada vez se habla menos de los volúmenes de producción, aunque en un comunicado reciente de la Sedes se menciona que Guerrero produce 135 mil Qq. Sin el ánimo de contradecir quisiéramos que digan en donde está esa producción. Si promediáramos estos datos tampoco tendríamos la información exacta, pero si combinamos la inflación de metas en el pasado por parte del Inmecafé, el incremento de superficie por parte del productor para ser apoyado con más, instrumentos de medición imprecisos, malas geo-referenciaciones recientes, abandono de las huertas, etcétera, el resultado es que no contamos con una estadística real, instrumento básico para hacer planeación.
Acidificación de los suelos. En agricultura, si no ponemos los pies en el suelo no podremos hacer nada. Esto es otra materia de edafología muy extensa, pero nos limitamos a lo esencial. Los suelos que tienen un potencial hidrógeno (pH) bajo inhiben el desarrollo de plantas y microorganismos, ello en razón de que los pocos nutrientes no se alcanzan a asimilar por las raíces. Existen al menos siete causas de la acidificación, pero en nuestro caso el casi nulo manejo del suelo así como el proceso de lavado que sufre éste con las lluvias va ocasionando un proceso de meteorización inicial que implica la liberación de bases (Ca, Mg, Na, K), que con una percolación prolongada son lavadas. El lavado se ve facilitado por la formación de ácido carbónico cuando el agua entra en el suelo, generando con ello la acidificación. De acuerdo con el Atlas del Estado de Guerrero 2011 con datos generados por la Universidad Autónoma de Chapingo en 2007, los suelos de la sierra cafetalera se ubican en un rango de pH de entre 5.1-6.5 y si consideramos que no ha habido un buen manejo en estos 25 años pasados es obvio que la acidez se ha incrementado. Un rango de 5.1-5.5 se considera un suelo fuertemente ácido, suelos sin carbonato cálcico y actividad bacteriana escasa. Ello explica en parte la caída dramática de la producción.
Agroecosistema degradado. La deforestación y el cambio de uso del suelo cafetalero, los incendios, así como los efectos del cambio climático han hecho que el ciclo del agua se distorsione. Resulta que las lluvias solo llegan en tiempos de huracanes y ciclones y, como llueve a torrentes, la materia orgánica es arrastrada provocándose una fuerte erosión en los suelos cafetaleros. Según datos de Semarnat (2003), tan solo en la cuenca del río Atoyac se erosionan al año 33 toneladas por hectárea. Lo cual es bastante alto si consideramos que un kilogramo de suelo seco representa un metro cuadrado por un centímetro de grosor. Ello ha generado además que los mantos freáticos se alejen de la superficie dejando sin humedad la zona radicular de los cafetos. Así, con suelos ácido que no permiten generar reacción química para ser asimilados y sin humedad, jamás se podrán asimilar los poquitos nutrientes que quedan en el suelo. Suena catastrófico pero es una realidad científica: el agro-ecosistema cafetalero se ha deteriorado.
Ruptura del relevo generacional. Los campesinos pioneros de la cafeticultura en la era moderna se cuentan con los dedos en cada comunidad y andan en edades del orden de los 80 años. Las dos generaciones siguientes ya no desarrollaron las labores de sus antepasados. Entre la guerra sucia de los 1970 y el paternalismo exacerbado los cafetales permanecieron casi sin tocar, con la única visita de sus dueños solo durante la cosecha. Existen muchos motivos para ello, pero el abandono de las plantaciones es una realidad que solo en la estadística no se refleja. Y los jóvenes que debieran estar prestos a entrarle al relevo, simplemente ya no están y ni quieren estar. La familia ya no vive del cafetal, los ingresos principales hoy tienen que ver con los programas asistenciales: Procampo, Opotunidades, 70 y Más que ahora será de 65, PESA y Fomento Productivo, aunque hay que reconocer que algunos siembran maíz y frijol para el autoconsumo.
Nulas prácticas agronómicas. Nuestros técnicos siempre recitaron de memoria el check list de lo que se debe hacer en el cafetal: poda, terraceo, fertilización, regulación de sombra, trampas para la broca, reposición de fallas, sustitución de cafetos viejos, etc. Pero nunca fueron escuchados porque ni ellos mismos pusieron el ejemplo ni dijeron con qué dinero se hacía. Los resultados están a la vista: caída de la productividad, de la producción misma y de la calidad.
Nula agregación de valor. Toda la infraestructura de beneficiado está en ruinas y en el mejor de los casos sus maquinarias útiles fueron saqueadas. Si de por sí el Inmecafé solo enseñó a los productores a producir cereza, hoy se ven obligados a producir en un 97 por ciento café capulín cuyos precios se cotizan hasta 30 puntos debajo de la Bolsa de Nueva York. Para variar, lo que fueran las instalaciones del otrora poderoso Inmecafé ahora son cuartel militar; como que alguien sí ganó la guerra.
Desorganización productiva. Tenemos que reconocer autocríticamente que no estamos organizados, las figuras existentes pueden decir que representan muchos productores pero pocos o ningún quintal de café. El Cecafé no se ha reestructurado desde su fundación y la gran parte de sus figuras integrantes ya no existen. Los que se digan líderes ahora tienen que demostrarlo acudiendo a las comunidades a construir organización de base.
Presupuestos exiguos. Existe un mínimo interés de los niveles de gobierno, cuyo programa más importante es el de Fomento Productivo que durante 2012 dispersó $12,946,447.43 y ya vimos que no fomenta más que la dependencia y se ha convertido en un apoyo al consumo. Para el 2013 tenemos noticias que éste programa federal se incrementó de 217.13 millones de pesos a 350 mdp, pero si no va aparejado con otro tipo de apoyos que apunten a una estrategia de desarrollo productivo, jamás tendrán una aplicación útil. Del lado del gobierno del estado solo sabemos que se incrementó el presupuesto del Congreso local y de la Secretaría de Gobierno, mientras que a la Seder que tiene que atender un estado con una gran población rural se le reduce su gasto y solo le tocan 337 millones 400 mil pesos los cuales 40 son para gastos de operación y 170 para el fertilizante. ¿Cuánto le queda para fomentar el desarrollo rural? Nos pueden decir que también están los programas concurrentes pero todos sabemos que si no hay padrino, no se logra un proyecto.
Inseguridad. Y bueno como corolario de este panorama, la violencia y la inseguridad se han enseñoreado como un fenómeno que llegó para quedarse. No en balde el gobernador ha tenido que reconocer y hasta apoyar la autodefensa popular en razón de que por el mero combate gubernamental ya es imposible. ¿Acaso seremos un Estado fallido?
Ante este panorama, quienes realmente quieran asumir el compromiso de reactivar el sector cafetalero guerrerense, debieran centrarse en las siguientes líneas de acción, mismas que tienen que ser apropiadas y conducidas por los productores organizados:
1.- Programa de comercialización directa. La venta del café representa la realización del trabajo anual aplicado a la huerta y ésta debe hacerse en las mejores condiciones. Es posible hacer alianzas con empresas, cooperativas de consumo y por qué no que en todas las dependencias de gobierno se consuma café de Guerrero. El gobierno puede y debe apoyar la colocación de nuestro café en los principales centros turísticos. Hay grupos que ya exportan en pequeña escala.
2.- Fomento a la organización de grupos comunitarios. Tenemos que lograr que en cada comunidad haya al menos un grupo de productores con figura jurídica. La organización comunitaria será la base para reactivar al sector cafetalero.
3.- Renovación y tecnificación de cafetales. Es necesario modificar los actuales sistemas de producción con tecnología actualizada. Comenzando por establecer viveros comunitarios y centrales, tenemos que ubicar las áreas más óptimas en cada parcela y establecer una nueva plantación con alta tecnología en al menos una hectárea por productor, mientras que a la superficie restante se le da un manejo agronómico a base de aminoácidos que robustezcan la planta, cal dolomítica para elevar el pH del suelo y lombricompost para mejorar los nutrientes, ello no cuesta más de 3 mil pesos por hectárea incluida la asistencia técnica. Pero desde luego hay que hacer los análisis de suelo respectivos
4.- Gestión de certificaciones diversas. En las condiciones actuales de mercados inciertos y complejos es necesario aprovechar todas las certificaciones posibles que redunden en el mejoramiento del precio: orgánica, comercio justo, CCCC, captura de carbono, sello verde, etc.
5.- Establecimiento de infraestructura industrial y comercial básiva. Mediante la coordinación de productores es posible contar con un inventario de activos y definir que nos hace falta. También cada grupo de trabajo debe procurar contar con su infraestructura básica.
6.- Diseño de esquemas de financiamiento. Aún cuando en el pasado se operaron diversos esquemas, estos no se desarrollaron en razón de que faltó visión por parte de los productores y sus líderes. El tema de la falta de garantías es clave en esto, por lo que una aportación fundamental por parte del gobierno del estado será la de impulsar un Fondo de Garantías Complementarias. Solo de esta manera los cafetaleros tendrán acceso al crédito.
7.- Promoción de la calidad y agregación de valor. Además de impulsar una cultura de calidad total en todos los eslabones de la cadena, tenemos que trabajar en la búsqueda de mercados directos y ofertar las presentaciones que el mercado demande: popular y gourmet, envasado al alto vacío, soluble, descafeinado, fortificado.
8.- Crear las bases para la diversificación productiva. El café por si solo ya no es una alternativa, además, por la naturaleza de su agro-ecosistema obliga a la diversidad. Por ello se tiene que realizar en cada parcela un ordenamiento territorial, que desde luego tome como base al café. Si combinamos producción de café con tecnología y calidad, silvicultura comercial, fruticultura, floricultura, plantas medicinales, piscicultura y ecoturismo, estaremos construyendo sin duda alguna el cafetal del futuro.
A partir de aquí será posible diseñar un programa de corto y mediano plazo, así como elaborar los proyectos de las organizaciones de productores interesados.
Como parte de una iniciativa social, un conjunto de productores y técnicos comprometidos nos hemos propuesto de manera voluntaria, con recursos propios y sin tanta formalidad constituir el Grupo Café Guerrero, cuyo propósito fundamental es crear conciencia en los productores de la necesidad de cambiar, promover la organización de figuras jurídicas de base, impulsar políticas públicas que reactiven al sector, formular proyectos y gestionarlos, proporcionar asistencia técnica y capacitación, apoyar las gestiones financieras y generar enlaces comerciales. Invitamos a todos los interesados a sumarse a este esfuerzo innovador para reactivar la cafeticultora en Guerrero.




