Convierten a Bellas Artes en una extensión del colegio de Harry Potter
Oscar Cid de León / Agencia Reforma
Ciudad de México
Un toque de varita mágica provocó ayer la conversión del Palacio de Bellas Artes en una extensión Hogwarts, el colegio de magia y hechicería. Las butacas de la sala principal fueron tomados por Harry Potter, Hermione Granger, Ron Weasley, incluso espectros que invadieron los pasillos antes de dar comienzo al espectáculo.
Se trataba de dos conciertos familiares en los que ayer se interpretaron, a cargo de la Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la batuta de Eduardo González, los temas principales de la serie cinematográfica inspirada en las novelas de J. K. Rowling, aunque abriendo con una obra invitada: El aprendiz de brujo, de Paul Dukas, tema principal de la película Fantasía de Walt Disney.
La batuta de González no era entonces una batuta, sino una suerte de varita mágica que consumó el encanto.
El mundo Potter se abrió paso al ser interpretadas por la orquesta diez piezas que evocaban las aventuras del joven mago, compuestas por John Williams y Patrick Doyle, entre ellas Hedwing’s theme, Fawkes the Phoenix, Hogwarts march y Potter waltz.
El espectáculo contaría con una coreografía que hizo desfilar a todos los personajes sobre el escenario y entre las butacas. Allí estaban Dumbledore, Hagrid o Snape, incluso el innombrable, Lord Voldemort, quien se batió en un duelo de varitas con Potter sobre el escenario.
Y al parecer vencería el malvado, sino es que Dumbledore interviene para salvar al chico, interpretado por Juanes González.
Los principales pasajes de la serie fueron recreándose al compás de la orquesta. Fue hasta posible ver en el aire a Potter, montado en su Nimbus 2000, la más veloz de las escobas voladoras, con mango de caoba.
“¡Yo quiero una!”, no faltó en gritar uno de los niños, en piernas de su padre, en la fila G.
La varita mágica del director, la mayor de todas, iba generando a cada compás un mundo de luces y escenográfico que enajenaba a los más chicos. De pronto hasta volaron sobre las butacas búhos y aves fénix. La música podía tocarse.
“Juguemos con los sonidos de la orquesta”, invitaba un narrador: “Las notas nos trasladan a mundos mágicos…” Y los niños sonreían; los que no, abrían la boca, sorprendidos.
“Creo que me gusta ahora más la música”, dijo Carlitos, de 12, quien asistió en compañía de su primo y su tía, mientras la tía: “Qué bueno que de pronto piensen en los niños, ¿no? Deben darse cuenta que la música de concierto puede no ser tan aburrida”.
Los aplausos fueron para todos, excepto para Lord Voldemort, quien recibió, como se esperaba, los abucheos y las rechiflas. ¿Y es que cómo se le ocurre meterse con Potter en pleno Hogwarts? O esa extensión que fue por unas horas el Palacio de Bellas Artes.
Vuelven a los clásicos
Tras la gala dedicada a Harry Potter, la OSN vuelve a los clásicos:
–Viernes 8 y domingo 10 de febrero
Concierto con obras de Camille Saint-Saëns y Carl Off, bajo la dirección de Carlos Miguel Prieto.
–Viernes 15 y domingo 17 de febrero
Concierto dedicado a Giuseppe Verdi, en el 200 aniversario de su nacimiento. Dirige Enrique Patrón de Rueda.




