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Federico Vite

Terroristas enanos

Pygmy (Pigmeo, Mondado-ri 2011, 270 páginas) es una novela de Chuck Palahniuk que narra la historia de un grupo de adolescentes asiáticos que radicarán en un país muy parecido a Estados Unidos, como estudiantes de intercambio, durante unos meses. La misión de los noveles terroristas será atacar las vísceras de un país que se manifiesta en contra de la libertad y la democracia. Puede que este argumento le haga pensar en un capítulo de Los Simpsons, en el que un niño de Albania investiga la central nuclear donde labora Homero.
En Pigmeo, el personaje principal es un estudiante de 13 años, agente 67, quien vivirá durante seis meses con una familia de clase media, cristiana. Este chico está entrenado, desde la infancia, en artes marciales, química y odio radical. Tiene seis meses para crear un proyecto que le lleve a la final de la Feria Nacional de Ciencias. Si lo logra, él y su proyecto irán a Washington DC a la final donde el proyecto, al explotar, matará a millones de personas. Realmente ese es el plan.
El protagonista –apodado Pigmeo debido a su baja estatura– es quien da cuenta de los hechos mediante 36 comunicados, donde narra detalladamente lo que implica vivir con una familia a la que odia.
En varios de los comunicados el agente 67 expone su infancia; en especial, recuerda que fue arrancado de su familia a los 4 años de edad para que el Estado iniciara su adiestramiento. Por supuesto, llegan a la mente del terrorista el tedio de presenciar aburridos desfiles militares, la disciplina férrea que desarrolló al aprender artes marciales. Para Pigmeo, el gobierno educa con un objetivo: “alcanzar la gloriosa edad adulta”. Y se trata de una educación ideológica, precisa Pigmeo en sus informes, cuyo lema es “tienes que abrir el cráneo a la estimada sabiduría que ofrecen Lenin, Mao y Perón (…). Tienes que vaciar tu cráneo para dar la bienvenida a la reverenciada guía de Hitler, Stalin y Trotski”.
Son 12 terroristas adolescentes quienes se infiltran en una sociedad que consideran despreciable, consumista y altamente nociva para un Estado totalitario. Pero estos tipos, mientras desarrollan su plan de ataque, luchan desesperadamente con un enemigo poderoso: la pubertad. El agente 67 cuenta con conocimientos avanzados en química y es capaz de detonar un artefacto mortífero en el momento preciso, pero el problema es que debe controlar sus continuas e inoportunas erecciones, contingencias que dislocan la verticalidad de un plan donde no hay cabida a las hormonas.
Aunque la idea de acabar con un imperio es el motor de esta novela, sentimientos como el amor, los celos, la soledad y el miedo al rechazo son otros de los botones que pulsa Palahniuk para dotar de un dimensión humana al agente 67.
Chuck escribe una sátira sobre la xenofobia, retrata la vida del estadunidense de clase media; pero sobre todo cuenta una historia de redención en la que la fe y la familia juegan un papel fundamental.
El aspecto que más destaco en este libro, como la mayoría de los de Chuck, es que la sociedad en sí es una conspiración inminente, pero sobre todo encuentro en las páginas de este documento bastante ameno la voluntad por mostrar las fisuras de un imperio grandioso como Estados Unidos.
Una cuestión a destacar en la versión castellana es el brillante trabajo de Javier Calvo, quien traduce ejemplarmente la décima novela del creador de El club de la pelea.
Pygmy está escrita en una especie de caló, pues al leer el original uno va notando que Palahniuk crea una reinterpretación del inglés, pues el agente 67 habla como si al oír la voz de los demás tuviera que hacer un ejercicio mental de traducción y al momento de escribir los informes hubiera variaciones en las palabras y el lector tuviera que reinterpretar oraciones y párrafos mediante la eufonía de la lengua de Kerouac.
Este autor, oriundo de Oregón, ha relatado que le interesan las experiencias fuertes, de ahí es donde se nutre para crear los universos que detalle en sus libros, ya sean novelas, ensayos o reportajes. Pero él, como lo ha contado en varias entrevistas, sólo trata de consumar sus objetivos literarios esenciales: encontrar un personaje duro y retratar todo lo imperfecto que es para que el lector pueda identificarse rápidamente con ellos.
“De todos mis libros, ha confesado, mi corazón todavía se rompe cuando Marla, de El Club de la pelea, se refiere a sí misma en tercera persona como un  desperdicio humano contagioso”.
¿Pero cuál será la intención de Palahniuk al escribir? Según el creador de Snuff, la orientación de toda su obra es simple:  “Creo que la mayor parte de nosotros encontramos un sistema para conseguir el éxito, lo que nos propongamos, y una vez que nos va bien repetimos ese modelo de acción una y otra vez hasta el desastre.
Así que, de algún modo, todos estamos condenados a tener éxito en primera instancia y a fracasar a largo plazo, de una forma natural. Eso detallo en mis libros, esa podría ser mi búsqueda”.
Pigmeo es fácil de encontrar en tianguis literarios, no es un libro que le haga perder el tiempo y es muy probable que después de esa novela busque otros libros de este gringo extravagante, interesado pues en quitarle la solemnidad a la literatura.

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