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Debaten sobre la Decena Trágica al cumplirse 100 años del suceso

Julieta Riveroll y Jorge Ricardo Nicolás / Agencia Reforma

Ciudad de México

Aunque rivales, Bernardo Reyes y Francisco I. Madero aspiraban a la democracia. El primero por la vía del militarismo y el segundo mediante el rol de la sociedad civil.
“Estamos frente a dos personajes de la élite política mexicana. Cada uno consideraba que tenía la fórmula para salvar a la patria. Ambos coinciden en que hay que llegar a la democracia. La diferencia está en el cómo”, explicó Carlos Martínez Assad.
Fue Madero el que pasó a la historia como el Apóstol de la Democracia, mientras la imagen que perdura de Reyes es la de un militar que no tenía otro objetivo que ser antimaderista, dijo el sociólogo político al terminar la conferencia magistral que ofreció ayer en el coloquio La imagen cruenta: Centenario de la Decena Trágica.
“A Reyes se le considera un conservador, cuando en realidad es un liberal contumaz. Aspiraba a la democracia por la vía pragmática que se había establecido en el siglo 19: traer la paz al país por medio de las armas”.
Tras el doloroso episodio revolucionario, los militares fueron los que condujeron a México. Citó a Carranza, Obregón, Calles y Cárdenas como ejemplos de la pacificación del país.
El coautor de Revolucionarios fueron todos aclaró que el concepto de militarismo que se tenía en esa época es diferente al que prevalece hoy. Entonces se pensaba que el ejército era el lugar ideal para integrar a gente de distintos niveles socioeconómicos.
“En el ejército, las clases sociales podían dirimir sus diferencias, estar en un plano de igualdad, por eso Reyes creó (en los primeros años del siglo 20) la Segunda Reserva para que confluyera en el ejército gente de diferente posición social, pero se dio al traste con ese proyecto modernizador”.
Madero criticaba la vía armada por relacionarla con asonadas y represiones, en suma, con un régimen autocrático, pero Reyes demostró, como gobernador de Nuevo León, que se podía ser a la vez militar y un moderno estadista al propiciar el desarrollo económico del estado y convertirlo en esos años en la segunda entidad más próspera de México.
En su ponencia, Martínez Assad relató los encuentros entre el jalisciense y el coahuilense. Fue en una comida en casa de los Madero donde Reyes conoció a Francisco y le pareció tan especial que escribió sobre la mala impresión que le causó.
“Se vieron por primera vez en 1903. En ese año, Reyes le escribió una carta a Díaz en la que describe al nieto de Evaristo como raquítico y notablemente feo. Su encuentro definitivo se dio en la lucha por la presidencia de la República en 1910”.
Veintitrés años separaban las vidas de Reyes y Madero, eran rivales desde que se conocieron y ambos resultaron muertos en febrero de 1913 a raíz del golpe de Estado conocido como El Cuartelazo.
“Me he propuesto, a través de una larga investigación, demostrar que la historia no se divide entre buenos y malos. Hay que ver con otra mirada el pasado de México. No podemos quedarnos con la postura oficial que entroniza a unos para echar abajo a otros”.

Cuestiona Meyer a la derecha

Aunque separados por un siglo, la Decena Trágica proyecta una sombra sobre los actuales días, afirmó el historiador Lorenzo Meyer.
“Es un momento cumbre en donde coincidieron muchas cosas de la vida pública mexicana. Fue el intento de una clase y de un grupo de derecha que quiso acabar con Francisco I. Madero y, en cambio, lo inmortalizaron y desataron la Revolución. Quienes dieron el golpe no entendieron que Madero quería modernizar, no cambiar el régimen porfirista, pero es tal la cerrazón de la derecha en México de entonces, y de ahora, que no lo comprendieron”, dijo.
Las lecciones de la Decena Trágica –el levantamiento de Félix Díaz, Bernardo Reyes y Victoriano Huerta contra el primer presidente electo democráticamente en México–, debe seguirse revisando para obtener lecciones, señaló el historiador y profesor de la UNAM. Por ejemplo, indicó, que se debe de cambiar preservando lo que funcione.
Meyer participó ayer en el coloquio Los hados de febrero: visiones artísticas de la Decena Trágica, organizado por El Colegio de México.
El experto habló de la obra de Francisco L. Urquizo, un soldado de levita en el ejército de Porfirio Díaz, después revolucionario y más tarde novelista de la Revolución.
En 1937 publicó Tropa vieja, ahí el personaje es Espiridión Sifuentes, quien narra, con ingenuidad o inocencia, la vida de los soldados mexicanos de inicios del siglo 20.
Sifuentes representa a un mexicano promedio metido en la vorágine de la revolución. “No será la primera vez ni será la última en que un soldado o un policía común y corriente es puesto dentro de la maquinaria que usa a la política como violencia”, afirmó Meyer.
El personaje también es la propia voz de Urquizo, quien fue reclutado por el ejército porfirista después de una borrachera. Para 1913, sin embargo, ya era miembro del cuerpo de guardias presidenciales, tenía su regimiento junto a La Ciudadela y era fiel a Madero. Ese hecho le permitió a Meyer analizar otro tema acerca de la Decena Trágica: ¿Por qué el Presidente no evitó las traiciones disolviendo al ejército porfirista?
El mismo historiador contestó que Madero no era un revolucionario sino un reformista. “Había una parte de generales molestos pero en todas las partes sucede eso, igual que ahora”, aseveró.
Recordó que los generales Lauro Villar y Ángel García le eran fieles, pero fueron heridos el primer día y todo cambió. De haber resistido un día más, los sublevados hubieran sido derrotados. La explicación de Meyer a esto es la mala suerte. “Maquiavelo dice que al centro de la política está la fortuna, que le dio la espalda a Madero”.

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