Jorge Camacho Peñaloza
It´s not marketing, stupid!
El optimista siempre tiene un proyecto; el pesimista, una excusa. Anónimo.
Acapulco ya no es lo que fue antes, la Perla del Pacífico, el lugar del jet set internacional y nacional, el primer resort turístico del país, la ventana de México al mundo en los tiempos de la nao de China, uno de los lugares preferidos de Elizabeth Taylor, Elvis Presley, Frank Sinatra y el millonario Howard Hughes.
En Acapulco pasaron su luna de miel el presidente de Estados Unidos John F. Kennedy y su esposa Jacqueline; fue el escenario natural de las películas de Silvia Pinal, Tin Tan, Johnny Weissmüller Tarzán, John Wayne y Bridgitte Bardot, y aquí compro y edificó su casa el rey Eduardo III de Inglaterra.
También hicieron famoso a Acapulco Jorge Negrete, María Félix y Agustín Lara, en donde éste compuso la bella canción María Bonita, y Diego Rivera realizó su famoso mural en el fraccionamiento Las Playas, y Cantinflas hizo numerosas películas.
El Acapulco de las legendarias discotecas Le Dome, Armando’s Le Club, Boccaccio’s, Le Jardin, Tequila A-Go-Go, que lo hicieron el puerto turístico número uno del país.
Quién no admira y quiere a La Quebrada, La Roqueta, el Fuerte de San Diego, la Laguna de Coyuca, Pie de la Cuesta, Barra Vieja, la Costera y sus cálidas playas Caleta y Caletilla, Papagayo, Revolcadero, playa Bonfil, Hornos y Hornitos, Icacos, La Condesa, Puerto Marqués.
¿Dónde quedó ese Acapulco, cuándo se nos extravió, en que momento dejó de ser, qué pasó, por qué empezó a decaer, a dejar de ser atractivo para el turismo de glamour?
A Acapulco lo extravió su propia estrella, el turismo, el que sus habitantes y autoridades identificaran a Acapulco con el turismo, al interesarse sólo por lo que tenía que ver con los visitantes, el creer que Acapulco es la Costera y de la avenida Cuauhtémoc para arriba otra cosa.
Acapulco es turismo pero también una sociedad, es atractivo pero también vida y comunidad local, dos caras de la misma moneda, dos polos de una misma ecuación, sin uno no puede existir el otro, se le priorizó a uno, al turismo, y sólo para exprimirlo y forjar grandes fortunas sin importar la sociedad. Ese es el problema, que a todos se nos olvidó la sociedad.
Por haber priorizado el turismo por encima de la sociedad llegaron los problemas en ésta, el desorden público, la basura, el subempleo, la informalidad, los asentamientos irregulares, el alcohol, las drogas, la corrupción en los tres órdenes de gobierno y en la propia sociedad, la delincuencia y la penetración del crimen organizado en las policías, sobre todo desde que el turismo dejó de dar para todos.
Por eso hoy no hay ni habrá ninguna campaña de marketing o de promoción turística que levante a Acapulco. ¡No es con marketing, estúpido!, como dijera el célebre asesor de Bill Clinton cuando escribió en las paredes de su oficina “Its the economy, stupid” para recordarse por dónde debería ir el enfoque de su discurso y oferta de campaña que era el punto débil, la economía, de su oponente George Bush padre.
Igualmente en Acapulco no es con marketing, no es con inversiones en el turismo, ni con que venga Plácido a cantar María Bonita en la playa Tamarindos como se va a salvar Acapulco; se va a recuperar con cambio de actitud de todos los que habitamos en este noble lugar, si lo vemos más que como turismo, como lo que es, una sociedad. Resolvamos la sociedad si queremos resolver el turismo y no al revés.
Acapulco no puede solo, necesita de todos, necesitamos dejar de ver qué nos da Acapulco y empezar a ver qué podemos hacer todos por Acapulco, empecemos a resolver los problemas de la Cuauhtémoc para arriba, de Mozimba hacia Pie de la Cuesta, de Renacimiento a la Zapata, de la Sabana a la Coloso, de Puerto Marqués a Barra Vieja.
Resolvamos a Acapulco como sociedad y empezará a resplandecer como turismo, como en aquellos tiempos; dejemos de verlo como la gallina de los huevos de oro o como la joya de la corona, y empecemos a verlo como un lugar en donde viven poco más de un millón de habitantes que pueden poner su parte por Acapulco y de nuevo veremos como regresa esa época de oro cuando los acapulqueños amaban el turismo.
Arreglar el Acapulco turístico requiere inversión no sólo en el turismo sino en la sociedad, empleos, educación, campañas de integración familiar, de cultura de valores, resolver los problemas de la basura, del desorden en el transporte público, servidores públicos honestos, policías que no sean aliados del crimen organizado, gobernar en serio y no con ocurrencias, ni pasándosela echando culpas ni pidiendo piedad. Requiere de un pacto de todos por Acapulco, en síntesis, más que marketing, Acapulco necesita un cambio de actitud.
Vuela vuela palomita y ve y dile: A mi presidente municipal que se faje y se ponga las pilas, que ya que llegó al puesto lo queremos ver optimista como cuando andaba en campaña, que esto nomás es cosa de convocar, sumar y cerrar filas.




