México gana la Serie del Caribe a Dominicana tras juego de siete horas
Marco Almaraz y Rolando Chacón / Agencia Reforma
Hermosillo
El llamado “Rey de los deportes” se encaprichó en una eterna noche en el desierto de Sonora. Probó durante más de 7 horas la resistencia y la fe de México y República Dominicana, pero al final le hizo justicia al anfitrión de la Serie del Caribe.
Los Yaquis de Ciudad Obregón, tricampeones de la Liga Mexicana del Pacífico, conquistaron la corona de “La Pequeña Serie Mundial Latinoamericana”, al vencer en la madrugada del viernes 4-3 a Dominicana en una final que se prolongó a 18 innings, para empatar una marca.
El inolvidable largometraje beisbolero terminó a las 3:43 horas tiempo del centro del país, con 9 grados centígrados de temperatura, y se convirtió en uno de los principales tópicos en las redes sociales durante la medianoche.
“El beisbol es matemática oscura. Es telaraña de pasiones”, sostiene el célebre cronista Pedro El Mago Septién.
Para los 16 mil aficionados que asistieron al nuevo estadio Sonora y para los 43 peloteros que vieron acción en el encuentro, podrían ahora avalar otra frase del Mago: Sí, el beisbol es una caja de sorpresas.
Doug Clark disparó una “bomba atómica”, un batazo de jonrón en la apertura del decimoctavo episodio sobre Edward Valdez (0-1), y condujo a México a ganar la séptima Serie del Caribe en su historia y la segunda en los últimos tres años.
En el lanzamiento número 507 del desafío, el relevista Marco Carrillo (1-0) dominó a Donell Linares con un elevado al jardín derecho para el último out y destronar así a los Leones de Escogido.
El representativo quisqueyano entregó la corona después de batirse como una auténtica fiera durante 7 horas y 28 minutos, el tiempo equivalente a tres maratones y medio de 42 kilómetros para un medallista promedio de Juegos Olímpicos.
Los Yaquis habían tenido a los Leones a tres outs de la muerte, pero el relevista Luis Ignacio Ayala permitió un jonrón de Ricardo Nanita en el cierre del noveno rollo y el juego se empató 2-2.
Karim García alborotó a la multitud con un cuadrangular en la entrada 14, pero en el cierre del mismo acto, una leyenda viviente del beisbol dominicano, Miguel Tejada, pegó un hit productor ante el regio Édgar González e igualó la pizarra 3-3.
Los Leones, que trataban de darle a su país el vigésimo cetro en Series del Caribe, no volverían a pisar la registradora. Dejaron 21 corredores en base y pagaron caro ese pecado.
Carrillo, uno de los 21 pitchers que vieron acción en el juego y el undécimo de México, se convirtió en el héroe anónimo de México e hipnotizó cuatro entradas a la artillería del Escogido para alzarse con la victoria.
Alguna vez apodado El Patito Feo de las Series del Caribe, el representativo tricolor conquistó su cuarta corona en los últimos 10 años y reivindicó en México a un deporte sentido por el escaso reconocimiento mediático, pero amado por millones de seguidores desde Mexicali hasta Cancún.
Viven fiesta caribeña en Hermosillo
Siete horas y 28 minutos de partido y miles de aficionados no quieren ponerle fin a la fiesta.
Tras el out 27, el nuevo estadio Sonora retumbó de júbilo. Los aficionados invadieron el terreno de juego, como desesperados por alcanzar a los astros que resistieron para derrotar a República Dominicana.
Muchos de ellos saltaron al diamante para tocar el campo en el que se gestó la séptima corona para México en Serie del Caribe, una que se definió en 18 entradas de emoción pura.
En el home, un grupo de fans se tomó fotos del recuerdo, pero la loma de pitcheo fue el sitio más demandado.
El jonrón de Douglas Clark en la entrada 18 tomó por sorpresa a cientos de seguidores que estaban en los baños, en los pasillos o haciendo fila en los puestos de comida.
“¡Vieja, ya ganamos! Sí, ya ganamos, ganamos”, gritaba al teléfono un hombre bañado en cerveza.
Cerca de las 4:00 horas (tiempo del Pacífico), la entrega del trofeo de campeón y un espectáculo musical coronaron el evento ante unos 8 mil espectadores que, firmes, aguantaron la desvelada en una fresca madrugada.
Después de ocho horas de beisbol, el cielo se pinta de colores con los fuegos pirotécnicos. Los estacionamientos se vacían de a poco, pero decenas de aficionados ya buscan dónde seguir la “pachanga” al amanecer.
Y es que Sonora no durmió…




