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Octavio Klimek Alcaraz

Ruta a Guerrero

 

Saber sobre la vida cotidiana en Guerrero es simplemente conocer de acontecimientos trepidantes en el día a día. Un hecho cierto es que el modelo social y económico, tan desigual e inequitativo, que ha imperado en la entidad, por lo menos el que un servidor ha vivido desde su nacimiento, está sujeto a serios embates y cuestionamientos. Nado sorpresivo, el modelo simplemente se agotó y quien lo niegue solo se le puede decir: lo que se ve no se juzga.

No se puede ser miope o sordo ante el evidente desencanto de grandes sectores de la sociedad guerrerense. La confianza en las instituciones públicas desde hace mucho tiempo está rota y se expresa en el día a día de mil maneras. Ante lo delicado de la situación, tienen que promoverse acciones para generar confianza hacia el Estado y sus instituciones. De no ser así, existe la alta probabilidad de que la ciudadanía agraviada continúe saliendo a tomar las calles y carreteras para hacer la comuna en toda la entidad.

Al estar el modelo económico y social agotado, es necesario y urgente hacer una hoja de ruta con acciones concretas, tiempos precisos, sobre todo muy incluyente, que calme y concluya algún día con el llamado Guerrero Bronco, hoy demasiado bronco. No se esperarían resultados necesariamente inmediatos, ya que muchos de los rezagos estructurales son tan graves que se tiene que pensar en términos de mediano y largo plazo, más allá de tiempos de gobiernos de tres o seis años, hablamos de décadas.

Hablamos de una hoja de ruta traducida en un documento de una ruta para Guerrero, en estos 200 años del Congreso de Anáhuac, o como se le quiera denominar. Los propios Sentimientos de la Nación son un buen punto de arranque, finalmente habría que renunciar a privilegios, además de que se deben asumir compromisos claramente verificables. Obvio, que hay que resolver en paralelo la nueva constitución política para Guerrero, que debe dar fuerza legal y vinculante a mucho de esta ruta.

Para ello se debe conjuntar de manera incluyente a todos los actores de la sociedad guerrerense, que tengan la capacidad de definir y pactar la orientación del camino, de hacia dónde ir en un nuevo modelo de desarrollo sustentable, que logren hacer una tregua en el pleito cotidiano por sus intereses particulares.

Esto tendría que ir más allá de los intereses específicos de la clase política oficialmente reconocida. Hay que comprometer no sólo a gobernantes estatales y municipales, legisladores, representantes federales; sino también al conjunto de actores de la sociedad civil: intelectuales, maestros, alumnos, trabajadores del campo y la ciudad, comerciantes, en fin incluir a quien se necesite que participe, que además quiera y pueda. Se trataría de impulsar un modelo ejemplar de participación ciudadana.

Ya no basta con administrar los problemas, el Estado en su conjunto, a través de todas las instituciones que son gobierno, debe actuar como poder en su conjunto como se hacía en los tres órdenes de gobierno cotidianamente en el pasado.

La explicación preliminar es que los errores acumulados del pasado cercano nos han alcanzado, los problemas siguen siendo los mismos, pero hoy son demasiado grandes. Lo grave es que existe un efecto sinérgico ya en muchos lugares de Guerrero. Es decir, el efecto conjunto de la presencia simultánea de varios problemas estructurales –llámese inseguridad, pobreza, desempleo, destrucción ambiental– supone una incidencia mayor que la suma de dichos problemas de manera individual al observarse de manera aislada.

De ello, sería simplista echar culpas a un solo gobierno estatal o federal de un momento determinado en la historia de Guerrero. Obvio que debe haber responsables, ya que las causas principales son evidentes y muy conocidas: impunidad, corrupción e ignorancia.

Aunque no es privativo de Guerrero, el pudor político se fue perdiendo en muchos de quienes hacen política, la edad de la inocencia desapareció. Por ello, moral es el árbol que da moras; se reconoce que un pobre político, es un político pobre; que de manera normal se privaticen ganancias y sociabilicen pérdidas; que la incondicionalidad sea confundida con lealtad; que se de un uso faccioso y para fines particulares a los recursos públicos, esto pesa en muchas decisiones de servidores públicos de cualquier origen partidario, finalmente el fin de mantener o lograr más poder justifica los medios. Eso repercute, en que es común observar históricamente en las administraciones públicas en Guerrero, que vocación de servicio, trayectoria y capacidad no son necesarias para administrar recursos públicos, lo que se requiere es ser parte de un grupo con poder para colocar a sus cuadros.

Este asunto de corrupción, incapacidad e impunidad tendría que ser uno de los primeros en atenderse y resolverse si se quiere cambiar el modelo agotado de desarrollo de Guerrero. Verdaderos controles de confianza para todos aquellos que lo requieran, más allá de las agencias de seguridad. Indicadores conocidos y claros de gestión e impacto en el desempeño público, y el que no pueda que se vaya, así de simple.

En fin, son muchos e importantes los asuntos a tratar en una ruta para Guerrero. Es cosa de asumir el reto por todos aquellos que aman a su patria chica.

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