Reciben en su natal Sinaloa procedentes de Oslo los restos de Julia Pastrana La Indescriptible
Silvia Isabel Gámez / Agencia Reforma
Culiacán
Minutos antes de que se sellara el ataúd de Julia Pastrana el jueves pasado en la Universidad de Oslo, la artista Laura Anderson Barbata vio por primera vez el cuerpo de la mujer que la ha obsesionado por casi una década.
“Mi deseo nunca fue verla, no quería perpetuar el ciclo de miradas morbosas”, dijo ayer ante una veintena de medios convocados para ser testigos de la llegada de La Indescriptible a Sinaloa, su estado natal.
Debía verla, explicó, para comprobar que su cuerpo estaba completo. Aprovechó el momento para cubrirla con un huipil ceremonial realizado por artesanos oaxaqueños, donde trenzó parte de su pelo.
Colocó también en el interior del ataúd blanco un retrato del hijo de la indígena, nacido el 20 de marzo de 1860 y fallecido horas después. Al quinto día del parto, Pastrana murió por una fiebre puerperal y los dos cuerpos fueron momificados y exhibidos durante más de un siglo por una cadena de propietarios que empezó por su viudo, Theodore Lent.
Un ramo de rosas blancas dio ayer la bienvenida a Pastrana en el hangar del gobierno estatal donde se anunció que en unas cuantas horas sería tramitada el acta de defunción para proceder hoy, hacia las 13:00 horas, a su entierro en el Panteón Histórico Municipal de Sinaloa de Leyva. El acto estará precedido por un mensaje del gobernador Mario López Valdez y una misa católica en la Iglesia de los Santos Apóstoles Felipe y Santiago.
Para contribuir al desarrollo de la sociedad hay que asumir las mejores causas, y ahí se inscribe el regreso de Pastrana, consideró María Luisa Miranda, directora del Instituto Sinaloense de Cultura. “(Para) que Sinaloa sea un espacio donde se respire justicia y haya dignidad”.
Aunque cansada por el largo viaje desde Oslo, nadie más feliz que Anderson Barbata, quien fue reconocida por la funcionaria como la “autora intelectual” del regreso de Pastrana y representante del gobierno de Sinaloa para gestionar su traslado.
“Esto no sólo tiene que ver con leyes de repatriación, sino con justicia, política, dignidad”, dijo la artista. Se trata de restituir “su lugar en la historia” a alguien que, aun teniendo una identidad, pasó a formar parte de una colección antropológica. “Ahora va a ser recordada”, confió, “como la artista que fue”.
Los restos de Pastrana, quien padecía una hipertricosis generalizada congénita terminal y una hiperplasia gingival que hizo a algunos científicos de su época dudar de que fuera humana debido a su aspecto simiesco, permanecieron durante 15 años olvidados en la Colección Schreiner de la Universidad de Oslo sin que le realizaran ningún estudio científico.




