Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Eduardo Pérez Haro

Sobre el decreto del programa Sin hambre

Para Álvaro Urreta

Los objetivos del Sistema Nacional para la Cruzada contra el Hambre (SINHAMBRE). (DOF 220113) son: i) Cero hambre a partir de una alimentación y nutrición adecuada; ii) Eliminar la desnutrición infantil y mejorar los indicadores de peso y talla de la niñez; iii) Aumentar la producción de alimentos y el ingreso de los campesinos y pequeños productores agrícolas; iv) Minimizar las pérdidas post cosecha y de alimentos durante su almacenamiento, transporte, distribución y comercialización, y v) Promover la participación comunitaria para la erradicación del hambre. No hay objeción, son loables dentro de la política social del gobierno, empero, se han observado desde distintos ángulos, que van desde su acotamiento a 400 municipios hasta sus propósitos electorales.
En nuestras colaboraciones precedentes sobre este particular, nosotros hemos privilegiado aspectos de orden estructural y de carácter operativo-institucional, que nos parecen de especial importancia Ver. i) Política social y superación del atraso (041212), ii) Política social y organización social: Mover a México, organizar a México (181212), iii) Las transformaciones en curso y por venir serán de las sociedadesi Informadas (020112), iv) Límites y alcances de la política social en México (150113), v) Cruzada vs el Hambre y nueva gestión del desarrollo (290113), y en esta ocasión quisiéramos cerrar haciendo una puntualización sobre cambios en Programas y Reglas de Operación, no sin antes recapitular algunos aspectos y consideraciones.
1) Que la política social en un país atrasado está obligada a engarzar con la política general de desarrollo a diferencia de la que se lleva a cabo en un país desarrollado en donde tiene sólo un papel compensatorio, pues en casos como el de México no se trata de minorías marginales sino de las mayorías, lo cual, en este caso (México SINHAMBRE), presupone que contamos con una estrategia, políticas y programas de un modelo o patrón general de desarrollo que presupone cambios tecnoproductivos acordes a la demanda y competitividad internacional, pues si no los alcances serán tan limitados que ni siquiera llegarán a las urnas pues no habrá  con qué “mover a México”.
Asunto principalísimo que no alcanzamos a ver con toda claridad pues como diría la Tía Carmela que todos tenemos no está –escrito ni expuesto– con todas sus letras. Claro está que no es un asunto particular de la agenda del desarrollo social o de la Sedesol, sino del Estado mexicano y del gobierno, en todo caso del Poder Legislativo y del presidente de la República, sin duda de la sociedad nacional. Pero no por ser general es un asunto teórico sino eminentemente práctico y muy principal de la política económica en curso o por definir.
2) Con base en ello, podemos decir que la movilización nacional no sucede sólo detrás de objetivos generales, por más nobles y generosos que éstos sean, se hace detrás de un proyecto abarcante horizontalmente, por su inclusión y alcance a los diferentes estratos y segmentos de la sociedad con metas de corto plazo como cuando en materia de salud se ataca una epidemia; y verticalmente, por su estructuración de etapas en el desarrollo de largo plazo que alcanza a las generaciones actuales de jóvenes y las que están por entrar.
Son los cambios estructurales, a la manera en que el Pronasol movilizó en paralelo a la integración global (que no tuvo el despliegue y desenlace esperado por razones que tienen su explicación, precisamente, en la ausencia de los factores que ahora señalamos) pero que movió en gran escala (más de 500 mil Comités de Solidaridad) y, aunque con las distorsiones de la inequidad metió a México a los circuitos de la globalización sin los cuales habríamos quedado aislados tratando de “inventar el hilo negro”. No es evocación llana sino paralelismo que guardando las diferencias de circunstancia sirve para explicar la necesidad de un marco superior en el cual inscribir la política social en curso.
3) La movilización y organización de las sociedades de base, esto es estratos y segmentos de la sociedad con identidades y preferencias, filias y toma de posiciones que van desde la circulación de opiniones en los espacios colectivos –hogar, escuelas, oficinas, pueblos y comunidades– hasta la emisión u omisión del voto, se guía por sus grados de información-formación, gozne por excelencia de las acciones de coyuntura con metas de corto plazo y objetivos-acciones articuladas al largo plazo, las vanguardias de las sociedades de base, interlocutores naturales de la sociedad abierta son las personas, líderes y colectivos, élites informadas que en México escasean entre ciudadanos comunes, empresarios y gobernantes, y entonces habrá que propiciarlas, con la reforma educativa y la democratización de medios, aspectos que se esgrimen en el Pacto pero que habría que “ponerle los puntos sobre las ies” o seguiremos en la orfandad.
4) Un pacto es insuficiente en las condiciones tradicionales, porque existe cavernosidad de las representaciones políticas desde hace ya tiempo, éstas se han venido erosionando y no han tenido corrección desde ninguna plataforma ideológico-política, la partidocracia es su cristalización, es la fuerza y debilidad de la política actual.
Habrá que reautentificar las representaciones, los interlocutores y las vanguardias, pero aún desde las estructuras actuales de la representación será menester modificar el carácter de las relaciones entre gobernantes y gobernados, no hay acuerdos, existe adhesión adquirida y frágil, desinterés y exigua oposición, empero, se acumula el gas y en algún momento con cualquier roce saca chispas. El cambio en los entendimientos, en el dar y recibir, en la inclusión real, produce acuerdos amplios entre la sociedad de base y el Estado y no pactos con burocracias que a las cuantas horas se desdicen porque están selladas con la saliva de la conveniencia de coyuntura.
Los acuerdos superiores y trascendentes se reflejan en la inclusión y los accesos de las sociedades de base para hacer trascender opiniones en el diseño de políticas y programas, en su ajuste al menos, en su oportunidad y no en la tradición del trato que sigue distante y altivo, cuando se da. Asunto que no se resuelve con buenos modales sino con trato digno, directo y con acuerdos serios. En otras palabras y para efectos prácticos, propios de la eficacia perseguida por el nuevo régimen, se requiere coordinar esfuerzos y construir la capacidad operativa sobre bases programáticas y reglas de operación acordes y no con instrumentos que se formularon fuera del Sistema Nacional para la Cruzada contra el Hambre (SINHAMBRE).
En este sentido, la cruzada contra el hambre tendría que darse la oportunidad de aprovechar la expresión que literalmente está en el Decreto Presidencial del 22 de enero de 2013 en el que se dicen dos cuestiones clave y de valor estratégico si es que se quiere honrar la palabra propia del presidente Enrique Peña Nieto y de su institucionalidad: “Artículo Tercero.- La Cruzada contra el Hambre se implementará en una primera etapa en cuatrocientos municipios (…) sin perjuicio de que su implementación se extienda a otros municipios del país…” Artículo Cuarto.- Los programas del Gobierno Federal que podrán apoyar en la instrumentación de la Cruzada contra el Hambre serán los previstos en el “Anexo B” del presente Decreto, sin perjuicio de que se amplíen o modifiquen (…) atendiendo a su incidencia en el cumplimiento de los objetivos de la Cruzada contra el Hambre.”

[email protected]

468 ad