Yo Yo Ma a jóvenes músicos: “tocar bien no basta, lo importante es interpretar”
Érika P. Buzio / Agencia Reforma
Ciudad de México
Aspirar a lograr lo imposible es el reto que Yo Yo Ma, el aclamado violonchelista, lanzó a los jóvenes músicos que ayer colmaron la clase magistral que ofreció en el Auditorio Blas Galindo del Centro Nacional de las Artes.
Tocar bien no basta, les dijo, lo importante es interpretar. “No es acerca de la técnica sino de lo que quieren contar”, repitió a lo largo de la sesión.
Yo Yo Ma interrumpió sus vacaciones en México para trabajar con los estudiantes. Llegó al auditorio acompañado de su anfitrión y amigo Carlos Prieto. Los gritos y aplausos hacían pensar más bien en una estrella de rock que en un intérprete de música clásica.
“Es único tocando el chelo”, dijo Itzel, una joven de apenas 13 años, que viajó desde Puebla para asistir a la sesión. “Tiene una técnica impresionante”, agregó Andrea, de 16. Yo Yo Ma no los defraudó.
“No me gusta ver la técnica que esta detrás (de una interpretación) sino la música”, dijo el violonchelista.
Si una razón de existir tiene la música, insistió, es poder transmitir historias. Él viajando por el mundo como intérprete ha sido testigo de lo terrible, lo bello y lo malo.
“Todos atravesamos por experiencias muy intensas, el trabajo del músico es llegar a la esencia de esa experiencia y comunicarlo con dignidad”, zanjó.
En cuanto se despojó del saco azul marino y quedó en mangas de camisa, Yo Yo Ma empezó a trabajar. Terminó, dos horas después, con la ropa empapada de sudor pero satisfecho.
El genial músico chino francés bajó del escenario y escaló hasta las últimas filas del auditorio para escuchar desde ahí a cada uno de los tres jóvenes músicos elegidos para la clase magistral: Natalia Vilchis, de Monterrey, Tadao Hermida, de Puebla y Leslie Caballero, de Celaya.
A cada uno regaló una ovación. Y el consejo individual se convirtió en lección colectiva para los cientos de estudiantes que lo escuchaban. Yo Yo Ma mostró esa facilidad que tiene para conectar con su audiencia.
Natalia Vilchis, alumna de la Escuela Superior de Música y Danza de Monterrey, se atrevió con el Preludio de la cuarta suite de Bach.
“Tocas muy bien, pero me gustaría que te perdieras más, de manera que te permitas tocar mal. Cuando toco realmente mal, me digo que lo que intento es interpretar”, le confió el violonchelista.
Si no dudó en tirarse al piso para mostrar hasta donde pudo llegar Bach para lograr notas imposibles con el chelo, ¿por qué no echar mano del piano para demostrar la intensidad que se puede alcanzar con el instrumento?
“¿Has tocado para gente bailando? ¿Qué crees que pasaría?”, le preguntó a Tadao Hermida, tras escucharlo con la Gigue de la Suite tres de Bach.
“Vamos a tocarlo juntos”, le propuso Yo Yo Ma, que comenzó a golpear la caja del piano para marcar el tiempo de la danza.
Todavía fue más lejos. Del brazo de Carlos Prieto se lanzó a danzar sobre el escenario al ritmo de la Rapsodia húngara de David Popper, ejecutada por Leslie Caballero, al tiempo que improvisaba una historia.
“Inventas, así hacen los gitanos… a Popper no le importaría, ya está muerto”, le dijo a la joven.
Porque nada como la música, recordó al final de la velada, para satisfacer la vida interior.
“Sean imaginativos, innovadores, vean dónde se necesita la música”, pidió.




